De cómo un videojuego termina siendo una pésima adaptación cinematográfica, donde sucumben actores de renombre en aras de una industria –la hollywoodense- que no se detiene en su carrera desesperada por hacer dólares, a costa de la inteligencia de los espectadores.

Por Víctor Bórquez Núñez

Lo más curioso de todo este producto típico de la industria hollywoodense es el tono grandilocuente que el director Justin Kurzel le confiere a un videojuego llevado a la pantalla grande. Es como si se tratara de una catedral de la creatividad, porque en cada imagen se evidencia que todo está creado para sacar aplausos de los fanáticos del juego, obvio, pero que en estricto rigor adolece de lo que siempre destacamos: es una película hecha por el olfato comercial de sus productores que únicamente aspiran a lo que es su negocio, ganar dinero a costa de sacrificar las neuronas de los espectadores que pretendían descubrir un espectáculo distinto y se encuentran con la vieja fórmula repetida hasta el cansancio.

Otra curiosidad que arrastra este filme es la cantidad de excelentes actores que aparecen en pantalla, cuyos talentos parecen pedir a grito algo diferente. ¿Qué hacen en este Jeremy Irons, Michael Fassbender y la estupenda actriz Marion Cotillard? La respuesta podría ser tan pedestre como que se dejaron tentar exclusivamente por el factor del dinero. Lógico, al fin y al cabo deben vivir en una industria a la que parece no importarle para nada la calidad de sus propuestas.

‘Assassin’s Creed’ está basada directamente en la serie de videojuegos superventas que a partir de 2007 ofrecen un cóctel que entremezcla elementos de la ciencia ficción, algo de historia, luchas de espadas al más puro estilo medieval y, por supuesto, esa tendencia tan característica de filmes como son los saltos desde edificios enorme en cámara lenta, marca patentada desde la lejana “Matrix”. Es decir, todo aquello que los más pequeños disfrutan y que para los espectadores que comprenden que el cine es algo más les parece sencillamente estúpido.

La historia es inverosímil, propia de un videojuego: existen dos grupos secretos en el mundo medieval español de 1492: los guerreros Asesinos y los caballeros Templarios. Según el guionista, ambos grupos se enfrentan en diferentes periodos históricos por el derecho de la humanidad al libre albedrío: los Asesinos están a favor de él; los Templarios en contra. Acá, los profesores de historia deben quedarse callados porque esto es Hollywood y se inventa y revuelve todo.

Si a estas alturas el asunto parece extraño, se torna peor cuando descubrimos que en el centro de todas estas batallas interminables existe un artefacto mágico, tan antiguo como la misma Humanidad que es denominado la Manzana del Edén. Según insiste el guionista (en un rapto de inspiración) ese elemento contiene las semillas de la autodeterminación humana.

¿Quiere otra anécdota sabrosa? El realizador de este engendro tiene antes una película llamada nada menos que ‘Macbeth’ (2015), alabada por la crítica, por lo que solo se entiende que haya dirigido esta producción comercial evidente única y exclusivamente por el dinero, porque él ha dicho –y se evidencia- que no le interesó nunca el mundo de los videojuegos, lo que implica que los fanáticos de ellos echarán de menos la esencia misma de aquéllos.

La película se inicia cuando el protagonista, Cal (Fassbender) está a punto de ser ejecutado con una inyección letal, pero es rescatado justo en el último minuto por una corporación que lidera Sofía (Cotillard) y su enigmático padre Rikkin (Jeremy Irons). ¿La razón? Ellos acaban de descubrir que Cal es descendiente de Aguilar de Nerha, miembro de los Asesinos en la España del siglo XV y lógicamente lo necesitan con vida para que viaje a esa época a través de una máquina, se conecte con los recuerdos de ese guerrero para recuperar la manzana famosa que, dicho sea de paso, no es lo que aparenta ser con lo cual solamente enredan al espectador que solamente ansía ver batallas y saltos desde edificios fantásticamente diseñados.

De este modo, el filme es un viaje cinco siglos atrás en el tiempo en donde el protagonista será empleado como una rata de laboratorio para los fines de quienes lideran la corporación. Y para los espectadores adultos, una gran decepción constatar que hasta los mejores talentos como Fassbender, Cotillard y el otrora laureado Irons naufragan en películas que no aportan nada más que efectos y saturación de ruidos.

En un plano de análisis más riguroso, ver ‘Assassin’s Creed’ equivale precisamente a observar a otra persona jugando a ser niño en los videojuegos: todo está permitido, solo interesa llegar al final invicto.

Otro punto que juega en contra de ‘Assassin’s Creed’ es que está dividida en dos tiempos narrativos –el pasado que transcurre en 1492, con Inquisición Española incluida y un mundo presente, dentro de la corporación- lo que frena el ritmo de las batallas y tiende a llenar de explicaciones innecesarias (y tediosas) a una película que no necesitaba ser explicada porque nada tiene que contar de extraordinario. En pocas palabras, esto es un juego y los juegos pierden su esencia si son analizados.

Y es allí donde más falla este filme: falta acción, falta riesgo visual, carece de espectacularidad porque la frenan y tratan de crear una película seria con material que de entrada no lo es, a pesar de todas las ganas que le imprimen sus protagonistas que, seguramente, en alguna oportunidad pensarán por qué diablos habrán accedido a estar en este bodrio.