Nueva ética del emprendimiento social

Carlos Cantero Ojeda
Carlos Cantero Ojeda

Uno de los cambios culturales y políticos más revolucionarios observable en todos los estudios de opinión, que se vio ratificado en forma elocuente en la última elección, es la nueva ética del emprendimiento social. Es una reinvención de lo social en base a la auto gestión de las personas, superación socioeconómica por su propio trabajo y esfuerzo, es la autonomía de los individuos en la construcción de su propio destino.

Se trata de personas con capacidades creativas para adicionar valor y para comunicar esa oferta por las redes sociales o en su entorno de acción. Una cultura de emprendimiento social, que actúa en lo cotidiano, en las redes sociales, casa, barrio, trabajo o entorno cercano, que se abre paso en los micro-mercados emergentes no satisfechos: pan amasado, lavado, queques, costuras, masajes, inyecciones, platos preparados, etc. que vemos en diversos lugares.

Son los nuevos emprendedores con sentido social, que están emergiendo sin distinciones sociales, culturales, de sexo, o edad. Se trata de un cambio en la subjetividad de las personas, una nueva valoración del emprendimiento, sin complejos con el lucro. Individuos que invierten potenciando sus capacidades personales y su valoración. No se trata de grandes proyectos sino de aspectos de la vida cotidiana que se abordan con creatividad y esfuerzo por personas que se auto compensan en su emprendimiento. Lo que se busca es el equilibrio económico, la estabilidad social y laboral, por auto gestión. Se trata de la solvencia económica para vivir de acuerdo a los deseos y con la dignidad deseable para cada grupo familiar.

Esta ética del emprendimiento, surge forzada por el desdén de la política hacia las demandas de las personas y sus duras realidades. La política de izquierda y derecha debe tomar debida nota: no se puede seguir mirando a la sociedad como un núcleo de necesitados o menesterosos que requieren del Estado para alcanzar sus objetivos, sea en vivienda, salud, seguridad, previsión social, o cualquier bien público. Estas personas por décadas han sido vistas como una fuente clientelar de necesidades a satisfacer por la política, instrumentalizados por la demagogia y la corrupción ideológica. Ese estilo de ciudadanía se acaba y surgen estas personas que frustradas y cansadas de promesas y postergación asumen sus necesidades y buscan satisfacerlas con sus propias acciones.

Esta nueva ética ciudadana enfatiza la auto responsabilidad, el autocuidado en temas de alta sensibilidad y sentido social. Cada cual se hace cargo de construir su destino y su futuro, lo que les exige autodisciplina. Al tiempo que exige al Estado la supervigilancia del mercado, a la empresa su propio autocontrol. Y, a la sociedad civil la protección del usuario (ciudadano, consumidor) tanto del Estado como del mercado.

Con desprecio la izquierda señala a ese electorado como “Facho Pobre” o arribistas sociales, sin percibir que se trata de un cambio radical: son ciudadanos que no quieren más redentores de pobres viviendo como ricos; reguladores de sueldos mínimos con dietas máximas; políticos que hablan de lo social y sirven intereses privados; no quiere que le pidan más sacrificios quienes están plenos de privilegios; ni resisten más a políticos que predican, pero, no practican. Esa ciudadanía es un electorado líquido que en la última elección dio su confianza a la centro-derecha, pero, que tiene gran movilidad y su fidelidad depende de la reciprocidad, la coherencia social y el respeto con que se le trate.