La confirmación del fallecimiento del periodista y presentador Andrés Caniulef a los 48 años ha generado un profundo impacto en el mundo de las comunicaciones, la cultura y las audiencias que por años siguieron su trayectoria.
El periodista falleció por un paro cardiorrespiratorio, mientras se encontraba acompañado de su pareja en un departamento de Santiago centro.
Tras conocerse su fallecimiento, en redes sociales circularon versiones no confirmadas y comentarios de carácter especulativo sobre las circunstancias del deceso. Sin embargo, la información oficial entregada por las autoridades fue clara respecto a la causa médica.
No obstante, más allá de los antecedentes policiales ya informados por diversos medios, la noticia reabre una conversación pendiente en Chile: el costo personal de la exposición pública, la discriminación y los estigmas que aún persisten.
Caniulef fue una figura reconocida del periodismo de espectáculos, pero también un comunicador que no esquivó temas incómodos. En distintos momentos de su carrera fue objeto de cuestionamientos —incluso desde el propio mundo televisivo— por su orientación sexual. A ello se sumó el peso del estigma asociado a vivir con VIH, diagnóstico que él mismo decidió hacer público tras años de silencio.
En una recordada intervención televisiva, el periodista relató que mantuvo su condición en reserva durante ocho años por temor al juicio social. “El miedo me detuvo por completo. Yo no supe enfrentarlo, no lo hablé con nadie”, confesó entonces, poniendo palabras a una experiencia que comparten muchas personas que viven bajo la presión del estigma.
Una entrevista que marcó época
Entre los hitos más destacados de su carrera figura una entrevista única a Madonna, logro poco habitual para un periodista chileno. En esa conversación, Caniulef abordó directamente la discriminación y sus consecuencias, especialmente en jóvenes.
Recordando el brutal asesinato de Daniel Zamudio, el periodista preguntó a la artista por su mensaje a quienes sufren persecución y bullying por su orientación sexual. La respuesta de Madonna fue contundente:
“Quiero darles apoyo y darles voz. Todos los niños y jóvenes que son víctimas de bullying o perseguidos por ser gay, o forzados por la sociedad a avergonzarse de quienes son, necesitan respaldo. Todas las minorías necesitan una voz”.
Ese momento televisivo —que hoy vuelve a circular en redes— sintetiza una parte esencial del legado de Caniulef: usar el espacio mediático para visibilizar realidades incómodas, cuando hacerlo todavía tenía costos personales altos.
Un legado que trasciende la farándula
La muerte de Andrés Caniulef no solo enluta al mundo de la televisión. También interpela a una sociedad que aún discute cómo trata a quienes se salen de la norma, cómo aborda el VIH sin prejuicios y cómo los medios enfrentan la diferencia sin caer en el sensacionalismo.
En tiempos de reacciones rápidas y juicios inmediatos, su historia vuelve a plantear una pregunta de fondo: ¿qué espacio damos a las voces que incomodan, pero que son necesarias? Hoy, más que nunca, la conversación que él ayudó a abrir sigue vigente.
Créditos video: Movilh