Durante las últimas semanas, diversos episodios de violencia registrados en establecimientos educacionales de ciudades como Calama, Antofagasta, Santiago y otras localidades del país han encendido las alertas de autoridades, comunidades educativas y expertos.
Entre los hechos más recientes, destaca el trágico asesinato de una inspectora en un liceo de Calama, así como riñas, agresiones entre estudiantes y episodios de violencia al interior de universidades, configurando un escenario complejo que trasciende lo estrictamente escolar.
Estos acontecimientos han generado una amplia cobertura mediática y un intenso debate público sobre las medidas necesarias para abordar esta problemática. Sin embargo, distintas voces han llamado a evitar respuestas simplistas frente a un fenómeno de alta complejidad.
En esa línea, el senador por la Región de Antofagasta, Esteban Velásquez, manifestó su preocupación respecto al tratamiento comunicacional y político del tema:
“A nuestro juicio, resulta preocupante la forma en que se está tratando la información respecto a hechos violentos al interior de las escuelas. La manera en que se ha exacerbado el tema, con cierto grado de sensacionalismo comunicacional, e incluso el uso político por parte de algunos sectores, más bien termina alimentando un clima que puede impactar negativamente en personalidades emocionalmente frágiles, contagiar y hasta incentivar conductas irresponsables. La violencia escolar está siendo tratada, a mi juicio, de manera muy liviana por algunos medios, y eso es peligroso”.
El parlamentario agregó que el fenómeno debe ser comprendido en un contexto más amplio.
“Comparto más bien la tesis de que esta violencia al interior de la escuela es reflejo de la violencia social. Es, como han señalado algunos expertos, una verdadera problemática de salud pública. El enfoque para enfrentarla no pasa exclusivamente por más pórticos, más detectores de metales o medidas que transformen los establecimientos en espacios casi policiales. Esas acciones pueden dar una sensación de seguridad, pero claramente no deben ser el centro de la discusión”, enfatizó.
Asimismo, el senador, quien a su vez es profesional de la educación, advirtió sobre los riesgos de centrar el debate en la judicialización o en medidas de seguridad extremas sin abordar el problema de fondo.
Indicó que “hacer de la violencia al interior de la escuela una cuestión meramente de seguridad o de judicialización no ha dado resultados en otras sociedades. Existen ejemplos claros en países desarrollados que, pese a contar con detectores de metales y altos niveles de control, no han logrado evitar hechos de extrema violencia. El enfoque, por tanto, debe ser otro, más integral y preventivo”.
“Llamamos a la mesura del gobierno y de todos los actores a tratar estos temas complejos con conocimiento y la pausa necesaria. En ocasiones, la sobreexposición o el uso político no calma, sino que exacerba un clima hostil. El rol del Estado debe ser generar unidad frente a hechos tan delicados, entendiendo que la violencia en las escuelas refleja lo que ocurre en la sociedad. Se requiere un tratamiento serio, sin discursos que busquen enemigos ni profundicen divisiones”, concluyó.