Cientos de docentes, junto a comunidades educativas y apoderados, se movilizaron este lunes en la región de Antofagasta en rechazo a la violencia en establecimientos educacionales, tras el ataque ocurrido en un colegio de Calama que terminó con la vida de una inspectora.
En Antofagasta, la manifestación se concentró en el sector de la Plaza Colón y se extendió por calles céntricas, donde los asistentes marcharon portando globos negros en señal de luto y homenaje a la funcionaria fallecida. La movilización estuvo marcada por consignas como “basta de violencia” y llamados a garantizar espacios seguros para estudiantes y trabajadores de la educación.
En paralelo, en Calama, la convocatoria se desarrolló en Avenida O’Higgins, donde docentes, asistentes de la educación, apoderados y miembros de comunidades educativas se reunieron para expresar su dolor y exigir medidas concretas frente a la creciente violencia escolar.
Duelo, preocupación y exigencias
Las movilizaciones no solo tuvieron un carácter de homenaje, sino también de denuncia. Los participantes advirtieron que las condiciones actuales en muchos establecimientos no permiten asegurar entornos protegidos, y que la violencia escolar se ha convertido en una preocupación creciente para quienes forman parte del sistema educativo.
Junto con denunciar la inseguridad en los establecimientos, los docentes también cuestionaron los recortes presupuestarios en educación, señalando que estos impactan directamente en la capacidad de prevención, contención y apoyo a las comunidades escolares.
En ese sentido, enfatizaron la necesidad de fortalecer la salud mental, mejorar los protocolos frente a situaciones de riesgo y dotar a los establecimientos de más recursos humanos especializados.
Asimismo, recalcaron que la violencia escolar no puede ser enfrentada únicamente con medidas reactivas, sino que requiere una estrategia preventiva que considere el contexto social y emocional de estudiantes y comunidades educativas.
“No es un hecho aislado”
Uno de los puntos coincidentes entre los manifestantes fue que lo ocurrido en Calama no debe entenderse como un caso aislado, sino como una señal de alerta frente a problemáticas que —según señalaron— se vienen arrastrando desde hace años en distintos establecimientos.
Docentes y apoderados insistieron en que la violencia escolar requiere una respuesta integral, que no solo contemple medidas de seguridad, sino también prevención, acompañamiento y apoyo real a las comunidades educativas.
Las movilizaciones en Antofagasta y Calama reflejan un malestar transversal en el sistema educacional de la región, en un contexto marcado por la conmoción y el llamado urgente a evitar que hechos de esta gravedad vuelvan a repetirse.