La salud pública chilena despide a una de sus figuras más emblemáticas con el fallecimiento del médico toxicólogo Andrei Tchernitchin Varlamov, ocurrido en Santiago a los 83 años.
Reconocido internacionalmente por su rigor científico y su compromiso social, Tchernitchin fue una pieza fundamental en la detección y denuncia de los efectos de la contaminación por metales pesados en la población de Antofagasta. Su trabajo no solo fue académico, sino que se transformó en un estandarte ético para las comunidades que durante décadas han exigido vivir en un entorno libre de agentes tóxicos.
El vínculo del Dr. Tchernitchin con Antofagasta se remonta a mediados de los años 90, cuando colaboró estrechamente con el doctor Tomás Verdejo, entonces presidente del Colegio Médico local. Tras las primeras alertas sobre los riesgos del acopio de minerales, Tchernitchin inspeccionó personalmente los patios de ferrocarriles de la ciudad, donde se almacenaba concentrado de plomo. Sus estudios fueron la base científica que permitió visibilizar cómo la exposición a estos agentes afectaba la salud de los habitantes, especialmente de los niños, marcando un antes y un después en la conciencia ambiental de la región.
Más allá del ámbito local, el legado de Tchernitchin transformó la legislación nacional. Fue el autor de los estudios técnicos que obligaron a la eliminación del plomo en las pinturas y, más recientemente, su apoyo fue crucial para la creación de la Ley 21.425 de 2022 y el decreto 95 de 2023. Estas normativas regulan hoy el tránsito hermético y húmedo de concentrados mineros, así como su carga y descarga, estableciendo estándares de seguridad que antes no existían en el transporte de sustancias peligrosas en el país.
Sus investigaciones también profundizaron en áreas críticas de la toxicología, logrando establecer científicamente el impacto de los metales pesados en los gametos y las consecuencias generacionales del manejo negligente de sustancias químicas. Debido a esta incansable labor que unió la ciencia con la justicia social, el Dr. Tchernitchin fue galardonado con el Premio Nacional de Derechos Humanos en 2014, un reconocimiento que subrayó su convicción de que el derecho a la salud es, por definición, un derecho humano fundamental que el Estado debe garantizar.
Los restos del destacado facultativo están siendo velados en la Iglesia Ortodoxa de la Santísima Virgen María, en la comuna de Providencia, Santiago. El gremio médico, organizaciones ambientales y familiares le darán el último adiós este sábado, despidiendo a un hombre cuya carrera demostró que la ciencia debe estar al servicio de los más vulnerables. En Antofagasta, su nombre quedará inscrito como el del científico que no tuvo miedo de enfrentarse a los intereses industriales para proteger la vida de sus ciudadanos.