El mundo cultural y patrimonial de Antofagasta se encuentra de luto tras conocerse el fallecimiento del profesor, periodista y escritor Jaime Nelson Alvarado García, reconocido investigador y uno de los principales guardianes de la memoria histórica del norte de Chile.
A lo largo de su vida, Alvarado dedicó décadas a rescatar relatos, personajes y episodios que forman parte de la identidad de Antofagasta y la pampa salitrera. Sus investigaciones, muchas veces construidas a partir de archivos, hemerotecas y documentos históricos, permitieron reconstruir episodios olvidados de la historia regional.
Entre sus obras destacan “Proa al oeste”, “Sangre obrera en San Gregorio”, “Medianamente Chilenos y Exageradamente Antofagastinos” y “Narraciones Marítimas de Antofagasta: Crónicas de Naufragios 1759–1983”, textos que hoy constituyen valiosos registros sobre la historia marítima y social del norte.
“Se va la memoria viva de Antofagasta”
Diversas organizaciones culturales y amigos cercanos han expresado su pesar por la partida del escritor, recordándolo no solo como investigador, sino también como un apasionado difusor de la identidad nortina.
Desde la Corporación Cultural Linterna de Papel, donde Alvarado se desempeñaba como secretario, destacaron su legado humano y cultural.
“Con Jaime se va la memoria viva de Antofagasta. Con su memoria prodigiosa almacenaba detalles únicos de los hechos, ciudadanos y personajes de nuestra ciudad y del norte”, señalaron.
La organización lamentó especialmente la pérdida de quien describen como un compañero incansable en proyectos culturales que buscaban rescatar la identidad regional.
“Para nuestra Corporación Linterna de Papel es un golpe duro. No solo se va nuestro secretario, sino también nuestro compañero de ‘quijotadas’, de proyectos soñadores llenos de antofagastinidad”.
En el mismo mensaje recordaron una de las frases que el propio Alvarado utilizaba para describir su identidad nortina:
“Medianamente chileno, exageradamente antofagastino”.
Un hombre profundamente ligado a su tierra
Quienes lo conocieron coinciden en que el vínculo de Jaime Alvarado con Antofagasta era más que intelectual: era profundamente emocional.
El periodista Wilfredo Santoro, quien trabajó junto a él en la cadena regional de El Mercurio, lo recordó como una persona cuya relación con la ciudad nacía desde el amor.
“No conocí –ni conoceré– habitante más comprometido con su terruño que mi amigo Jaime Alvarado. Él no cantó Antofagasta ni buscó capturar su esencia. Él amó Antofagasta”.
Santoro también evocó una escena ocurrida tras el devastador aluvión de Antofagasta de 1991, cuando vio el jeep azul de Alvarado recorriendo la ciudad con un mensaje que reflejaba su espíritu.
“Antofagasta mía… levántate”.
Con el paso de los años, Alvarado profundizó su investigación histórica revisando antiguos periódicos y documentos.
“Hurgaba en un pasado que a veces parecía habitar. Llegaba a una esquina y explicaba qué había ocurrido allí hace 90 años, quién era el personaje y por qué era importante. Él no olvidaba”, recordó Santoro.
Un educador y difusor incansable
Profesor normalista de profesión y periodista de vocación, Jaime Alvarado también dejó una profunda huella en generaciones de estudiantes.
Quienes trabajaron con él lo recuerdan como un maestro creativo y cercano, capaz de convertir cualquier momento cotidiano en una oportunidad de aprendizaje. Su vocación pedagógica se extendía más allá de las aulas: siempre estaba dispuesto a explicar, enseñar o compartir una historia a quien quisiera escuchar.
Su extraordinaria memoria y su permanente curiosidad lo llevaron a convertirse en una verdadera enciclopedia viviente de la historia de Antofagasta.
Un legado que seguirá vivo
En 2024, durante la inauguración del Museo Raúl Mavrakis de Mejillones, Alvarado incluso logró entregar personalmente al Presidente Gabriel Boric su libro “Sangre obrera en San Gregorio”, obra que aborda episodios de la historia social del norte.
El gesto fue recordado por el entonces consejero regional Camilo Kong, quien destacó el profundo interés del escritor por mantener viva la memoria de los trabajadores del norte y de las luchas sociales de la región.
Hoy, Antofagasta despide a uno de sus más persistentes guardianes de la memoria.
Sus amigos, colegas y lectores coinciden en que su legado seguirá vivo en cada libro, en cada documento rescatado y en cada historia que ayudó a preservar.
Porque, como él mismo decía con orgullo:
“Medianamente chileno, exageradamente antofagastino”.