La historia de Josefa, niña de 4 años víctima de homicidio calificado en Antofagasta, no solo estremece por la brutalidad del crimen que se investiga, sino también por la cadena de decisiones y circunstancias que marcaron sus cortos años de vida.
Una infancia marcada por pérdidas
Tras la muerte de su madre, la menor quedó en una situación de vulnerabilidad que derivó en sucesivos cambios en su entorno familiar.
Primero fue el cuidado de su abuela. Luego, por resolución judicial, la custodia de la niña fue entregada a su padre, trasladándose desde Taltal a la ciudad de Antofagasta.
Ese cambio sería determinante.
El entorno donde ocurrió el crimen
En el nuevo hogar, Josefa convivía con una mujer identificada como N.C.P.V, la pareja de su padre, quien hoy se encuentra en prisión preventiva, imputada por el delito de homicidio calificado con alevosía.
Según los antecedentes expuestos por el Ministerio Público, el pasado 17 de marzo la menor fue trasladada hasta un recinto asistencial, donde ingresó sin signos vitales y con evidencias de lesiones atribuibles a terceros.
El informe del Servicio Médico Legal confirmó que la causa de muerte corresponde a una hipovolemia provocada por traumatismos encéfalo craneal y abdominal, de carácter homicida.
Mientras la defensa ha planteado que se trató de una caída, la investigación apunta en otra dirección.
Una ciudad que exige respuestas
El caso ha provocado una reacción inmediata en la comunidad. Durante este fin de semana, cientos de personas participaron en una marcha que recorrió la ciudad hasta el Centro de Cumplimiento Penitenciario Femenino de Antofagasta.
En medio de la manifestación, una joven que se identificó como hermana de la menor, acusó públicamente que el padre de la niña estaría encubriendo a la imputada, afirmación que deberá ser esclarecida en el marco de la investigación.
Paralelamente, en distintos puntos de la ciudad han surgido memoriales espontáneos con velas, peluches y mensajes, reflejando el impacto que ha tenido el caso en la ciudadanía.
Más allá del crimen
Hoy, la muerte de Josefa no solo es materia de una investigación penal. También abre preguntas profundas sobre los sistemas de protección, las decisiones judiciales y el entorno en que se desarrollan niños y niñas en contextos de vulnerabilidad.
La causa se encuentra en etapa investigativa, con un plazo de 90 días fijado por el tribunal.
Mientras tanto, su historia ya dejó de ser un caso más: se transformó en un símbolo de indignación, dolor y demanda de justicia en Antofagasta.