La Región de Antofagasta ha marcado un precedente histórico en el desarrollo científico nacional con el lanzamiento del proyecto “Antofagasta en Órbita”. Esta iniciativa, financiada por el Gobierno Regional a través del Fondo Regional para la Productividad y el Desarrollo, contempla el diseño, construcción e integración de un satélite tipo CubeSat, convirtiéndose en la primera misión aeroespacial liderada desde los territorios fuera de la capital. El satélite ha sido bautizado como “Likansat”, nombre elegido por la comunidad escolar que refleja la identidad del norte profundo.
El proyecto es ejecutado por el Centro de Innovación y Diseño Avanzado (CINNDA) y tiene un fuerte componente estratégico: generar información propia para abordar problemas locales. El satélite permitirá monitorear en tiempo real relaves mineros, basurales clandestinos y desastres naturales, además de estudiar los efectos del cambio climático y el calor extremo en la zona. “Este proyecto permite que las regiones desarrollen capacidades tecnológicas propias. Estamos demostrando que esta tecnología puede desarrollarse desde Antofagasta con profesionales locales”, destacó el gobernador regional, Ricardo Díaz.
Uno de los pilares fundamentales de esta misión es la formación de capital humano. Ante la falta de una carrera aeroespacial formal en la zona, el proyecto seleccionó a 10 estudiantes de diversas áreas como Ingeniería Civil, Mecatrónica y Física de universidades e institutos de la región. Estos jóvenes integrarán un plan de capacitación intensivo para participar directamente en la construcción del satélite. Reina Castañeta, estudiante de la UCN y una de las seleccionadas, calificó la experiencia como “un sueño hecho realidad”, resaltando el impacto motivacional para las nuevas generaciones de científicos nortinos.
El proyecto “Antofagasta en Órbita” no solo busca poner un objeto en el espacio, sino consolidar a la región como un actor clave dentro del programa espacial chileno y el futuro Centro Espacial Nacional. Con aliados estratégicos como la FACH, la región se proyecta como un polo de soberanía tecnológica, capaz de generar soluciones basadas en datos espaciales para mejorar la toma de decisiones territoriales y proteger el medio ambiente del norte grande.