Un momento de profunda emoción se vivió en el sector norte de la ciudad con el inicio oficial de los trabajos de recuperación del Vivero Municipal de Antofagasta. Tras casi diez años de espera y proyectos fallidos, la actual administración logró concretar la instalación de la primera piedra de una obra que busca erradicar el abandono y la presencia de plagas, como el pato yeco, para dar paso a un espacio público de estándar internacional. El acto fue encabezado por el alcalde Sacha Razmilic, junto a vecinos de la Junta Vecinal Norte 38, quienes recordaron con alivio que este pulmón verde dejará de ser una zona de peligro para sus hogares.
La primera etapa del proyecto cuenta con un presupuesto de $4 mil millones y se centrará en la seguridad y la administración. Según explicó el director de Secoplan, Julio Santander, se renovarán por completo los muros perimetrales en las 2,5 hectáreas de terreno con una arquitectura moderna que permitirá la visibilidad hacia la Avenida Iquique, además de habilitar oficinas para la Dirección de Medio Ambiente. Paralelamente, ya se ejecutan labores de fitorremediación y control biológico con aves rapaces para sanear la vegetación existente y preparar el suelo para las futuras intervenciones.
El diseño del nuevo Vivero priorizará el entorno natural por sobre las estructuras de hormigón. “El eje estará en la naturaleza; no será un lugar para centros de eventos. Más que el cemento, primará el agua, los árboles y las aves, con miradores para observar el mar desde la sombra”, destacó el alcalde Razmilic. Esta visión se consolidará en una segunda etapa proyectada para 2027, con una inversión adicional de $10 mil millones, que incluirá hitos turísticos como una cascada, una laguna artificial, un jardín botánico y un anfiteatro para la cultura regional.
La comunidad recibió la noticia con altas expectativas y un llamado a la responsabilidad. Yasna Morales, dirigenta del sector, agradeció que “no nos hayan dejado solos”, mientras que otros residentes recalcaron la necesidad de educar a quienes trabajan y transitan por las inmediaciones de La Vega Central para cuidar este patrimonio.