La Autoridad Sanitaria regional completó un ciclo de 30 días de vigilancia especial, arrojando cifras que evidencian la persistencia de malas prácticas en la comercialización de productos del mar. El Seremi de Salud, Rodrigo Medina, informó que tras realizar 82 fiscalizaciones, el equipo de la Unidad de Alimentos debió cursar 21 sumarios sanitarios y prohibir el funcionamiento de 6 establecimientos que no cumplían con las condiciones mínimas de seguridad. El resultado más alarmante fue el retiro de circulación de una tonelada de productos, que incluía pescados, mariscos y otros alimentos perecibles en mal estado.
El análisis técnico identificó que el primer gran problema es la alteración de las plantas físicas de los locales. Según la autoridad, muchos comerciantes improvisan comedores o áreas de servicio sin autorización, modificando la infraestructura autorizada originalmente, lo que contraviene la normativa vigente y pone en riesgo la higiene del recinto. Medina fue enfático en señalar que cualquier cambio en la estructura debe ser visado previamente por la Seremi para garantizar la salud de los clientes.
La tercera transgresión detectada tiene un trasfondo comercial que perjudica directamente al consumidor: la venta de pescados con vísceras. Esta práctica se utiliza para aumentar artificialmente el peso y el valor de la pieza, pero compromete seriamente la inocuidad del alimento. La autoridad advirtió que la materia fecal y los fluidos internos de los órganos tienden a permear hacia la carne del pescado, acelerando su descomposición y arruinando su calidad sanitaria.
Finalmente, la falta de trazabilidad cierra este ciclo de irregularidades. Muchos locales no pudieron presentar guías de despacho ni facturas que acreditaran el origen legal de sus productos, lo que impide saber si fueron extraídos de zonas autorizadas o libres de contaminación. Al no contar con documentación que respalde el origen, estos pescados y mariscos son clasificados automáticamente como alimentos de alto riesgo para el consumo humano.
El balance de Salud concluye que, si bien se realizaron acciones de educación para los manipuladores, la reiteración de estas cuatro temáticas demuestra una resistencia por parte de algunos comerciantes a cumplir con las normas básicas. El llamado de la Seremi a la comunidad es a mantenerse alerta y denunciar estas prácticas, mientras que para los locatarios el mensaje es de tolerancia cero: las fiscalizaciones continuarán de forma aleatoria para asegurar que la mesa de los antofagastinos no se vea empañada por la irresponsabilidad comercial.