Un grave hecho de violencia se registró la mañana de este viernes en Instituto Obispo Silva Lezaeta Calama, donde un estudiante de 4° medio protagonizó una agresión con arma blanca que dejó a cuatro personas lesionadas y a una inspectora fallecida.
La trágica jornada aún es motivo de investigación, en donde el registro en la declaración de testigos es un factor fundamental.
Para conversar sobre la realidad entre la relación de estudiantes, familias y comunidad educativa, El Diario de Antofagasta conversó con exestudiantes del recinto que tienen diversas misiones de la vida lezaetana.
Un joven profesional egresado de la Generación 2004 reflexionó que “recuerdo que el colegio en distintos momentos era muy clasista, se veía muy marcado la diferencia entre quienes tenían más y quiénes no y los profesores lo hacían notar en los materiales que pedían, no era un ambiente sano para ser un niño”.
Sin embargo, una joven de la Generación 2006 del recinto, recordó que “llegué en la media al Lezaeta y venía de otro colegio en dónde me hacían bullying. Acá encontré algunas amigas y especialmente amigos. Me sentí bien y tuve varias experiencias bonitas”.
Un joven de la Generación 2016 puntualizó que “pude estudiar en el colegio gracias a que mi Tío me pagaba la escolaridad y me compraba los materiales escolares, sino, dudo que haya estudiado ahí. Los compañeros me hacían sentir diferente pero así eran los colegios en ese tiempo me imagino”.
Finalmente, una joven de la Generación 2007, aseguró que “yo era bastante tímida y hubieran muchas profesoras que me ayudaban con eso, lo cual me sirve hasta el día de hoy. Muy agradecida del colegio y esas docentes”
