La jornada del pasado viernes 27 de marzo, un estudiante atacó al interior del Instituto Obispo Silva Lezaeta con diversas armas blancas a la asistente de la educación, Haydée Moya Moya, y a María Victoria Reyes, quién perdió la vida en el mismo recinto educativo.
Uno de los estudiantes que participó de la reducción del victimario y fue testigo de los hechos previos conversó con Teletrece, entregando impactantes detalles.
“Escuchamos unos gritos fuertes de mujer, por la adrenalina no escuché y fui corriendo hacia allá. A un compañero lo apuñalaron, cayó al piso, y se defendió con los pies para que no lo volvieran a apuñalar y lo mataran”, expresó.
Durante la entrevista además señaló que “hizo ganar tiempo a un compañero que le saltó encima y le hizo una llave; ahí llegamos nosotros y le empezamos a pegar patadas. Vimos que tenía el machete cerca de la mano y el cuchillo de combate también, y que los podría agarrar para atacarnos de nuevo, y se los quité y se los pasé a un inspector”.
“El agresor iba vestido con un chaleco táctico, como de los militares, pero negro, con muchos bolsillos. En un bolsillo tenía tres jeringas con cloro, una navaja retráctil en otro, y cerca de las manos tenía el machete y cuchillo de combate. Tenía una bolsa con diluyente sintético y una pistola de agua con diluyente, además de fósforos y encendedores”, añadió.
Consultado sobre la idea del victimario reflexionó que “al parecer lo que él tenía planeado era incendiar el colegio, fue un nivel de agresión muy alto porque nunca había pasado en Chile”.
“Se fijan más en los aros y piercings, pero en los baños no hay confort ni jabón, se centran en cosas que no son tan importantes, como educar a los niños que venden droga”, agregó sobre la lamentable actualidad del Instituto Obispo Silva Lezaeta en Calama.

En su tiempo fue un colegio respetado, mis hijos, hoy de 47 y 50 años, estudiaron en él y hoy son profesionales y hombres honestos, honrados y con altos valores.
Hoy por lo que leo, es un lugar que ha perdido su orientación, no tanto por el colegio mismo sino que, fundamentalmente por el total fracaso de la actual generación de padres que, para que el crío deje de joder, le compran un celular o tablet y así se ahorran el trabajo fundamental de formar con rigor, disciplina y amor