Antofagasta recuerda uno de los crímenes más dolorosos y evitables de su historia reciente. Han pasado 15 años desde que Cecilia Julio Bolados, una estudiante de Enfermería de 21 años, fue asesinada la noche del 27 de noviembre de 2010. Su muerte no solo desgarró a su familia y a una región completa, sino que expuso fallas institucionales que, de haber funcionado, podrían haber salvado su vida.
Cecilia nunca llegó de regreso al hogar universitario “Lenka Franulic”, a solo una cuadra de donde compartía con amigas esa noche. En ese breve trayecto, se cruzó con Daniel Rojas Pool: un delincuente peligroso, liberado apenas 24 días antes, con condenas por violación reiterada y robo con intimidación. La ciudad nunca volvió a ser la misma.
Un viaje de una cuadra que cambió para siempre a una familia y a una ciudad
La joven vallenarina había salido del departamento de una amiga en Avenida Angamos. Su camino era corto, rutinario, seguro. Pero entre esos metros y la entrada del hogar estudiantil estaba Audiocar, la empresa donde trabajaba Rojas Pool.
Cecilia nunca llegó.
Su desaparición activó una de las búsquedas ciudadanas más masivas que recuerde la capital regional: marchas, cadenas humanas, afiches, velatones y una movilización social que unió a Antofagasta como pocas veces. Su rostro estuvo en todas partes.
Pero la esperanza se quebró el 24 de diciembre, cuando un cuerpo semienterrado fue hallado en la ruta B-400. El Servicio Médico Legal confirmó lo temido: era Cecilia.
La investigación que estremeció a Antofagasta
El 8 de enero de 2011, y tras operativos que incluyeron empadronamientos, entrevistas en el edificio donde estuvo Cecilia y análisis de huellas y vehículos, Carabineros llegó al responsable. Rojas Pool confesó, aunque luego intentó desdecirse alegando “accidente”.
El ADN del imputado bajo las uñas de la joven, el kilometraje de un vehículo usado esa noche y los testimonios de la empresa Audiocar fueron claves para derribar su versión.
En enero de 2012, el Tribunal Oral en lo Penal condenó a Daniel Rojas Pool a presidio perpetuo calificado por secuestro con homicidio. Solo podrá optar a beneficios tras cumplir 40 años efectivos. Si alguna vez sale libre, será anciano.
Ese veredicto estuvo marcado por imágenes de Cecilia en vida, el dolor crudo de su familia y la certeza de una ciudad que exigía justicia.
Un crimen evitable: la deuda del Estado
Uno de los elementos que más indignación generó —y que 15 años después sigue pesando— es que Rojas Pool jamás debió estar libre.
Su historial incluía: Violación reiterada (1997), Robo con intimidación (1997), Hurto (1995), Comportamiento violento y reiteración delictiva.Hechos que advertían su peligrosidad. Aun así, recuperó libertad en noviembre de 2010.
Cecilia fue asesinada 24 días después. Para su familia, para la ciudadanía y para quienes investigaron el caso, no hay duda: Este crimen se pudo evitar.
La memoria viva de Cecilia: una herida que no cierra
Después del veredicto, su hermana Marcela escribió palabras que quedaron grabadas en la memoria colectiva de Antofagasta:
“Eso no me hace más feliz, porque te extraño de sobremanera… al menos es un delincuente peligroso menos en las calles y muchas vidas salvadas. Te amo, hermana”.
La familia siempre sostuvo la sospecha de que Rojas Pool no actuó solo. Aunque el juicio concluyó con una condena al único imputado, miembros cercanos insistieron en que la investigación debía reabrirse si surgían nuevos antecedentes.
El caso de Cecilia marcó un antes y un después en la región: Cambió la forma en que la ciudad observa la seguridad nocturna de estudiantes, instaló protocolos más estrictos en hogares universitarios y residencias estudiantiles.
Además, activó redes de autodefensa y acompañamiento entre jóvenes mujeres y planteó desde aquella época demandas muy sentidas en la actualidad, como la necesidad de reformas en criterios de libertad condicional para delincuentes de alta peligrosidad.
Asimismo, generó conciencia sobre la violencia hacia mujeres, incluso antes de que el concepto de femicidio se masificara en Chile. Cecilia Julio Bolados no es solo una víctima. Se transformó en un símbolo de lo que no debe repetirse.
Quince años después: ¿hemos aprendido?
En 2025, Antofagasta sigue enfrentando hechos de violencia que remueven las mismas preguntas:
¿Estamos protegiendo realmente a nuestras jóvenes?
¿Las instituciones están actuando a tiempo?
¿Se ha corregido la negligencia que permitió que un agresor reincidente volviera a la calle?
El caso de Cecilia sigue siendo un espejo incómodo y necesario.