Un inusual cambio en los hábitos de consumo se está registrando en Argentina, donde el fuerte aumento en el precio de la carne de vacuno ha llevado a parte de la población a buscar alternativas más económicas, entre ellas la carne de burro, cuyo consumo comienza a instalarse en algunas zonas del país.
El fenómeno quedó en evidencia en la ciudad de Trelew, provincia de Chubut, donde una experiencia piloto logró vender cerca de 500 kilos en menos de 48 horas, impulsada principalmente por su menor costo frente a los cortes tradicionales.
Precio, crisis y efecto regional
Mientras el kilo de carne de vacuno alcanza entre 13.000 y 15.000 pesos argentinos, la carne de burro se comercializó a $7.500, prácticamente la mitad. Esta diferencia ha sido clave en un contexto donde el valor del vacuno ha subido hasta un 70% en el último año, presionando el presupuesto de los hogares.
El impacto de esta situación no pasa desapercibido en Chile. El fenómeno es observado con atención tanto por su cercanía geográfica como por sus implicancias económicas, considerando que ya se han registrado alzas en el precio de distintos productos en el mercado chileno.
A ello se suma el factor político: algunos sectores más ortodoxos del oficialismo chileno, en específico los ultraliberales, mantienen afinidad ideológica e incluso admiración con las políticas económicas del argentino, lo que que ha generado amplio debate sobre el modelo económico y sus consecuencias sociales.
De la curiosidad al consumo
La iniciativa, denominada “Burros Patagones” e impulsada por el productor Julio Cittadini, surgió como una alternativa proteica ante la caída del poder adquisitivo.
Quienes la han probado describen su sabor como más dulce y magro, aunque la principal motivación sigue siendo el precio.
El fenómeno incluso ha cruzado a los medios de comunicación argentinos, donde ya se observan crónicas y reportajes degustando carne de burro en parrillas, evidenciando cómo esta alternativa comienza a instalarse no solo como necesidad, sino también como curiosidad gastronómica.
Debate sanitario y regulatorio
La comercialización se realizó bajo un permiso provisional supervisado por el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa), ya que el consumo de carne de burro no cuenta con una regulación clara a nivel nacional.
Esto ha abierto un debate en torno a su trazabilidad, condiciones sanitarias y eventual expansión, considerando que no existen frigoríficos habilitados para su distribución a gran escala.
Un cambio impensado
El caso refleja el impacto de la crisis económica en Argentina, donde el aumento del costo de vida está modificando incluso tradiciones profundamente arraigadas, como el consumo de carne vacuna.