Casi el 30% de las muertes en Chile se debe a enfermedades cardiovasculares

Ser joven y no presentar síntomas son algunas de las creencias más comunes a la hora de prevenir una enfermedad cardiovascular. En el marco del Mes del Corazón, especialistas derriban las más comunes que llevan a subestimar el riesgo de presentar este tipo de patologías.

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 Según cifras del Ministerio de Salud, las enfermedades cardiovasculares concentran cerca del 28% del total de fallecimientos a nivel nacional, superando incluso a otras causas como el cáncer. Entre los principales factores de riesgo se cuentan la hipertensión arterial, colesterol alto, obesidad, diabetes no controlada, tabaquismo y sedentarismo, todos ellos modificables con diagnóstico y hábitos adecuados. Sin embargo, los especialistas concuerdan en un factor común y peligroso: la mayoría de los factores de riesgo cardiovascular no presentan síntomas visibles, lo que alimenta mitos que retrasan el diagnóstico y el tratamiento oportuno.

Mito 1: “Si no tengo síntomas, mi corazón está bien”

El Dr. Pablo Potthoff, cardiólogo ecocardiografista de Clínica Santa María, explica que los síntomas más frecuentes de un infarto, como dolor opresivo en el pecho (angina), que puede irradiarse al brazo, cuello o espalda, además de cansancio y pérdidas de conciencia por arritmias, no siempre están presentes, incluso cuando ya existe daño cardiovascular en desarrollo.

Por ello, sostiene que: “Uno no debería esperar la aparición de síntomas para hacerse chequeos. Los chequeos preventivos son fundamentales. Hoy recomendamos que, desde los 30 años, cualquier persona con algún factor de riesgo cardiovascular comience a controlarse”, advierte el especialista.

Mito 2: “La presión alta se nota, yo me daría cuenta”

“La hipertensión arterial es la enfermedad crónica más prevalente en Chile, con un 25,4% según la última Encuesta Nacional de Calidad de Vida y Salud (ENCAVI). En la mayoría de los casos es completamente asintomática: ocasionalmente puede producir dolor de cabeza en la nuca o zumbido de oídos, pero solo cuando las cifras ya son muy elevadas o existe daño en órganos”, advierte el Dr. Juan Hermosilla, médico internista de Clínica Biobío.

“La hipertensión se detecta efectuando tomas de presión de manera seriada. Estas pueden ser las habituales de la consulta médica o realizadas por otros profesionales de la salud”, sostiene el Dr. Alberto Barría, cardiólogo de Clínica Dávila Vespucio.

El Dr. Rodrigo Sagardia, médico general de Help Rescate, agrega: “Una vez hecho el diagnóstico, cambiar el estilo de vida es importante, realizando actividad física leve a moderada, consumir poca sal y equilibrar la dieta en general. Respecto a los síntomas, no hay que asustarse: si se presenta alguno, es muy poco probable que la presión sea la causa de ellos y, cuando esto ocurre, es en el contexto de situaciones críticas como accidentes cerebrovasculares, infartos, desprendimiento de retina o lesiones graves de la aorta”.

Mito 4: “Soy joven, eso les pasa a los adultos mayores”

“Los infartos en pacientes jóvenes son hoy una preocupación real en la cardiología moderna. Influyen los antecedentes familiares de enfermedad coronaria, sedentarismo, tabaquismo, consumo de sustancias como los psicoestimulantes y factores de riesgo clásicos como hipertensión, colesterol alto y alteraciones del metabolismo del azúcar. El estrés propio de la vida moderna también juega un rol importante en este contexto”, aclara el Dr. Potthoff de Clínica Santa María.

Mito 5: “El estrés es solo mental, no afecta al corazón”

La Dra. Eugenia Escorza, psiquiatra de Clínica Dávila, explica:

“Cuando una persona vive bajo estrés constante, el organismo se mantiene activado en una respuesta de alerta o huida, liberando hormonas como la adrenalina y el cortisol. Esto puede aumentar la presión arterial con el tiempo, además de elevar la frecuencia cardíaca. También se produce una mayor inflamación y un daño en el revestimiento de los vasos sanguíneos. A su vez, puede aumentar la tendencia a la coagulación, incrementando el riesgo de sufrir un infarto o un accidente cerebrovascular”.

Mito 6: “Hago ejercicio de vez en cuando, con eso basta”

“La mayor protección para el corazón se obtiene al pasar de una vida sedentaria a realizar actividad física de forma regular. La recomendación es acumular al menos 150 minutos semanales de ejercicio moderado, o su equivalente en actividad vigorosa, y complementar con ejercicios de fuerza dos veces por semana. Además, reducir el tiempo que se pasa sentado es clave, especialmente en personas con diabetes, ya que el sedentarismo favorece un peor control de la glucosa y aumenta el riesgo de enfermedades cardiovasculares”, explica Mario Briones, kinesiólogo de Clínica Ciudad del Mar.

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