Las torturas en dictadura que pusieron a Labbé tras las rejas

Las acciones del otrora edil UDI en el recinto castrense ubicado en San Antonio fueron confirmadas por ex agentes que declararon ante la Corte de Apelaciones de San Miguel, misma que este lunes lo sometió a proceso y ordenó que quedara privado de libertad.

imagesLa ministra de la Corte de Apelaciones de San Miguel Marianela Cifuentes ordenó este lunes la detención del coronel (r) del Ejército y ex alcalde UDI por Providencia Cristián Labbé, por el delito de asociación ilícita por violaciones de derechos humanos cometidas en el recinto militar de Tejas Verdes, en la provincia de San Antonio.

Esto después de que el Programa de DD.HH. del Ministerio del Interior, en calidad de querellantes, solicitaran su procesamiento como supuesto autor de la detención, desaparición y fusilamiento de 13 personas, además del delito de asociación ilícita al que dio cabida la jueza. También están encausados otros nueve oficiales en retiro de la institución castrense, quienes fueron notificados en el tribunal de alzada sanmiguelino.

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En declaraciones al canal CNN Chile, el abogado del ex alcalde, Cristián Espejo, se manifestó “impactado” por la decisión de la magistrada, y afirmó que la figura de la asociación ilícita invocada por ésta, apunta sólo al hecho de que su cliente formó parte de las filas del Ejército en la época en que se registraron los hechos.

“Son los tiempos y hay que enfrentarlos como corresponde”, dijo Espejo, quien afirmó que durante años de investigación ha quedado claro que “él nunca ha torturado ni asesinado a nadie”.

Preliminarmente se informó que quedará recluido en el Comando de Telecomunicaciones del Ejército, en la comuna de Peñalolén.

La ministra Cifuentes adoptó la decisión después de recoger, entre otros, el testimonio de Patricio Salvo Pereira, quien era un joven aspirante a oficial de Reserva en Tejas Verdes cuando sobrevino el Golpe de 1973.

Un artículo publicado por El Mostrador el 20 de agosto de 2013 y que fue escrito por el periodista Javier Rebolledo, autor del libro El despertar de los cuervos, narra el origen de la DINA y del rol, que de acuerdo la información que logró recabar, habría jugado Labbé.

En la nota, se detalla que Salvo pasó a conformar parte de la Agrupación de Patrullaje Nocturno, comandada por el mayor Mario Alejandro Jara Seguel, conocido entre los soldados como “El Papi” y brazo derecho del director del regimiento, el entonces teniente coronel Manuel Contreras Sepúlveda. La función de la agrupación era detener a personas, allanar lugares, prestar guardia personal a las familias de los altos oficiales de Tejas Verdes, y también torturar.

Salvo fue el primer militar que reconoció a Cristián Labbé en el centro de torturas, lo que se suma al testimonio de Anatolio Zárate, quien declaró judicialmente que fue torturado por el ex alcalde de Providencia.

EL TESTIMONIO
El artículo de Rebolledo detalla:

El acontecimiento narrado se desarrolla en el subterráneo del casino de oficiales del regimiento. El lugar fue acondicionado exclusivamente para la tortura de detenidos, quienes permanecían presos a poco más de un kilómetro de distancia, en el campo de prisioneros número dos. Eran llevados periódicamente hasta este lugar para recibir tormentos de parte de un grupo torturador dependiente de Manuel Contreras e integrado por el mayor Jorge Núñez Magallanes y el capitán Klaus Kosiel Hornig, entre otros.

Labbé junto a otros oficiales de la naciente DINA, instruía a los aspirantes a agentes, en un conjunto de cabañas –expropiadas por Manuel Contreras a la CUT– ubicadas en el balneario Rocas de Santo Domingo, también a poca distancia de Tejas Verdes y el campo de detenidos. Los nuevos agentes, alojaban y entrenaban en las cabañas, y asistían al subterráneo del casino de oficiales donde se aplicaban los tormentos, con el fin de observar las torturas y aprender cómo aplicarlas. En total, los tres lugares –el subterráneo del casino de oficiales, el campo de detenidos y las cabañas de la CUT, como centro de formación– conformaban un triunvirato destinado a foguear a los prospectos de la DINA.

A continuación, parte del texto:

–Vamos, necesito que me acompañes al subterráneo. Tengo que mostrarte algo.

Entraron por el ingreso interior del casino. Al bajar las escaleras vio el perchero al frente. Normalmente, los especialistas de la tortura dejaban ahí su chaqueta de trabajo y la cambiaban por un delantal blanco, ad hoc para la situación. Jara se quitó su chaqueta y dejó ahí su boina granate. Le llamó la atención que en uno de los percheros, otro delantal había sido sacado y en su lugar se encontraba una boina de color negro.

Bajó detrás de Jara por el pasillo hasta una de las habitaciones del subterráneo. Ahí estaba Kosiel y, a su lado, el mismo hombre que casi había llegado a los balazos con el Papi. Ambos con sus delantales blancos. A su alrededor, unos cinco detenidos, entre hincados y acostados, con el estómago hacia el piso, amarrados los brazos tras la espalda, en malas condiciones. Parecían torturados. Si hubiera andado con casco, se le hubiera caído de la impresión.

–Te presento a Patricio Salvo, jefe de patrullaje nocturno –dijo Jara con su buen tono habitual, como si nada. Salvo, él es el teniente Cristián Labbé. Viene a Rocas de Santo Domingo. Está haciendo un curso para los futuros agentes.

Se saludaron cordialmente. Labbé reaccionó del mismo modo que Jara, como si el enfrentamiento ni siquiera fuera un mal recuerdo (unos días atrás, Salvo había presenciado una disputa entre Jara y Labbé que casi había terminado a balazos). En ese mismo instante, uno de los detenidos levantó la cabeza y miró hacia donde estaban ellos. «Creí que el hombre había reconocido mi voz de alguna parte. Algún allanamiento o, simplemente, me buscó por instinto. Labbé también se dio cuenta. Caminó hacia el detenido, levantó la pierna y le dio un tacazo fuerte, seco, en la espalda».

–¿Qué estái escuchando, sapo?

Tras un profundo quejido, el hombre cayó de nuevo a su posición original.

Luego, Jara conversó un par de palabras más con Kosiel y Labbé, de forma animada. Con camaradería. Parecía una locura, pero bueno, se debieron haber arreglado en algún momento sin que él se enterara. Por lo menos vio a Labbé ahí durante un par de semanas. Yendo y viniendo, desde Rocas hacia Tejas Verdes. Se veía como parte de ese núcleo cercano a Jara.

Luego de su paso por Tejas Verdes y Santo Domingo, Cristián Labbé partió a la capital para realizar su trabajo de seguridad presidencial por encargo de la DINA.

Para ordenar su estructura, las unidades bajo el mando de la Brigada de Inteligencia Metropolitana (BIM) –creada en Rocas de Santo Domingo– se habían dividido en dos grandes agrupaciones: Caupolicán y Purén, para dar caza al MIR y al Partido Socialista, respectivamente. Algunas agrupaciones, sin embargo, quedaron fuera del mando de la BIM, dependiendo directamente de Manuel Contreras. Una de ellas era la Brigada Mulchén.

Es justamente esta unidad desde la cual Cristián Labbé cumplió su labor. Se trataba de un grupo de elite compuesto prácticamente en su totalidad por comandos salidos de la Escuela de Paracaidistas y Fuerzas Especiales de Peldehue y cuyo rol fue dar seguridad a Pinochet, su familia y, en un comienzo, al resto de los integrantes de la Junta de Gobierno. Pero según reconoció el propio subdirector de la DINA, Pedro Espinoza Bravo, el trabajo de Mulchén incluía también «operaciones clandestinas», tal como lo hacía la Brigada Lautaro, que fue guardia de Contreras y, al mismo tiempo, grupo exterminador en el cuartel Simón Bolívar de La Reina.

Del análisis de las declaraciones de agentes de la DINA e información anexa se obtuvo que en una primera etapa Labbé integró la Agrupación Pisagua, apéndice de Mulchén y destinada a la seguridad presidencial.

Mulchén ha sido un fantasma para la justicia chilena. Su única acción «encubierta» y luego «descubierta» fue el crimen del diplomático español y militante comunista Carmelo Soria, asesinado por agentes de Mulchén el 16 de julio de 1976. Lo torturaron, luego le fracturaron el cuello y, finalmente, lo lanzaron cuesta abajo en el sector de La Pirámide por un barranco, con botellas de alcohol en el interior del vehículo, simulando que había muerto en un accidente. En la tarea habrían recibido la cooperación de la Brigada Lautaro, su hermana en «operaciones clandestinas».

Cristián Labbé declaró judicialmente: «Fui destinado a la seguridad domiciliaria del Presidente Pinochet», rol que comenzó a cumplir «luego del 11 de septiembre de 1973» y se mantuvo ahí «hasta el año 1978», lo que significa que cuando ocurrió el crimen de Soria habría estado cumpliendo labores en dicha unidad.

Al cruzar los datos biográficos entre el jefe de Mulchén, Guillermo Salinas Torres, procesado por el crimen de Soria, y Cristián Labbé se obtiene que tuvieron el mismo camino en la DINA. Para el 73, ambos estaban destinados a la Escuela de Paracaidistas y Fuerzas Especiales de Peldehue. Salinas era capitán y Labbé teniente. Luego, los dos fueron llamados desde ahí a integrar el equipo de seguridad de Augusto Pinochet y ambos viajaron a Santiago para efectuar la seguridad directa en su casa. En otras palabras, trabajaron juntos.

Para el crimen de Soria, como jefe de Mulchén, Salinas fue quien dio la orden de eliminarlo.

Otra de las pocas huellas que ha dejado Mulchén respecto de sus «operaciones clandestinas» se encuentra en la declaración judicial del jefe de la Brigada Lautaro, Juan Morales Salgado, quien situó a los agentes de Mulchén en el centro de exterminio Simón Bolívar el mismo día que ahí envenenaron a dos ciudadanos peruanos con gas sarín. Fue un ensayo, ya que era una de las posibilidades para eliminar al ex canciller Orlando Letelier. Finalmente se optó por una bomba bajo su auto y en la acción participaron agentes de Lautaro y Mulchén en conjunto.

Si Labbé integró la seguridad presidencial entre 1973 y 1978, como él mismo lo declara, significa que también habría estado dentro de la Brigada Mulchén cuando se eliminó a los peruanos y en la caza a los militantes del Partido Comunista y sus dineros, con el fin de seguir financiando su estructura.

Patricio Salvo está completamente seguro de que vio a Cristián Labbé, ex alcalde de Providencia, ese día en la sala de torturas. No tiene dudas. Como a esas alturas tenía el ojo aguzado y estaba entre sus funciones controlar el tránsito de todos los vehículos en el regimiento, incluso se dio cuenta que el Volkswagen rojo de Klaus Kosiel, el segundo de la Secretaría de Estudios, por esos días era manejado por Cristián Labbé. Kosiel se lo había prestado. Quizás eran amigos. Durante esos días vio el Volkswagen estacionado en el cuartel Rocas de Santo Domingo y afuera del casino de oficiales.

Vía El Mostrador