Catalina Pérez, Diputada por Antofagasta: “Me considero feminista con todo lo que implica”

La Presidenta de Revolución Democrática y parlamentaria más joven de la región nos cuenta sobre su infancia en Suecia debido al exilio de sus padres, feminismo, su gusto por la música, el teatro, bordar y pintar, además de su amor por Bosco, un perro adoptado que la ha acompañado durante la pandemia.

Con 30 años, es actualmente la parlamentaria mas joven de la región de Antofagasta. Varias de sus intervenciones en temas como el retiro del 10% y la Nueva Constitución, han sacado aplausos, posicionando a la Presidenta de Revolución Democrática desde una posición de desconocimiento cuando recién resultó electa, a figurar entre las figuras de la política con más futuro en la región.

Sentada en una de las bibliotecas del “Bosque Escondido”, conversamos con la Diputada pero también la ciudadana Catalina Pérez Salinas, la mujer, que nos cuenta de sus primeros años de vida en Suecia (sus padres fueron exiliados por la dictadura), sus inicios en la política, quién la ha acompañado durante esta pandemia, lo que significa ser una de las parlamentarias más jóvenes en el Congreso y su participación en el movimiento feminista.

Sabemos que tus primeros años los viviste en Suecia, ¿cómo fue el tiempo que estuviste en ese país y el cambio que significó el llegar a Chile?

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En Suecia me crié solo con mi mamá y mi papá, fui a un jardín donde era un curso de habla hispana, entonces me crié con uruguayos, peruanos, bolivianos y chilenos, que, en el caso de los chilenos, más bien exiliados políticos. Me acuerdo muy poco del jardín, pero estuve solo hasta los cuatro años, me acuerdo que era un espacio muy creativo, me acuerdo de un salón lleno de cojines, o un salón lleno de pinturas, que podías tirar la pintura a las paredes porque estaba todo hecho de plástico y después lo manguereaban, tengo muchos flashes así.

Tuve la oportunidad de ir a Suecia como hace dos años atrás, nunca había vuelto y algo que me gustó mucho, es que siento que Suecia es un país donde los niños se respetan, pero no solo eso, sino que se consideran sujetos de la sociedad, tienen derechos y el mundo está condicionado también para ellos.

Sobre su llegada a Chile y su viaje a Suecia, Catalina detalla que “Me pasa también que tampoco tengo un sentido de pertenencia, ni con Suecia ni con Chile, y cuando fui hace dos años, pensé que iba a sentir algo, que no sé iba a sentir el idioma en mi cabeza o que iba a reconocer lugares familiares, y la verdad no, sentí una ajenidad, que igual me desilusionó un poco, como que siento que, no sé si esto da para teoría, pero creo que los hijos de exiliados políticos como que nos sentimos parte de ninguna parte”.

¿Después de Suecia vinieron directo a Antofagasta?

Si, mis papás siempre fueron de la pampa, familia pampina, mi mamá de la pampa iquiqueña, mi papá de la pampa antofagastina. Llegué además a una edad intermedia, a los cinco años, entonces no alcancé ir al jardín, llegué justo a primero básico y ahí me metieron en el LEA (Liceo Experimental Artístico) y ahí ya fue de lleno entrar a la vida chilena por así decirlo.

Entendemos que tu trabajo en el Congreso es muy activo, pero queremos saber, ¿Qué hace Catalina Pérez en su día a día, sus actividades y hobbies?

Me cuesta un poco ver quién es Catalina Pérez fuera de la política, porque estoy todo el rato pensando en eso, pero una actividad más íntima, son todas las cosas medias creativas, tengo mucha necesidad de hacer cosas con las manos, como de bordar, de pintar, de construir cosas con papel, me gusta mucho la música, he tratado miles veces de aprender distintos instrumentos, pero siento que la música me es más escurridiza y más difícil de lo que me es otras cosas, pese a que disfruto mucho escucharla y pese que cuando chica quería ser cantante. Me gusta mucho el teatro, como la expresión corporal, me gusta mucho y me llena mucho, pero como algo que se me da y siento más necesidad, es como la creación de dibujar, los colores, como que de repente tengo una necesidad creativa, y lo otro que me gusta mucho, es componer o escribir cosas en versos, que puede transformarse en canciones.

Como nos encontramos en este bosque escondido, un lugar para que los antofagastinos puedan salir de la rutina y aprovechar la naturaleza. ¿Hay algún favorito en la región para ti, que recomiendes a alguien que está conociendo Antofagasta?

Yo tengo un rollo con lo grandioso de los espacios en el norte, quedarse un rato en el desierto y ver solo inmensidad o de infinitud, es como una sensación de paz, de conexión, con tu entorno y creo que no pasa en otra parte que no sea el desierto de Atacama, siento que es hermoso, y otra cosa que tenemos nosotros es el mar infinito, entonces son solo inmensidades, entonces si o si, creo que tienes que pasar por las dos cosas. El otro día estuvimos en playa Escondida, viviendo esa inmensidad y para vivir esa sensación en el desierto, basta con ir unos kilómetros adentro, solo sintiendo el silencio y la vida en el desierto.

La diputada agrega la importancia de apreciar nuestros orígenes y nuestra identidad “Debiésemos apreciarlo mucho más y siento que lo apreciamos muy poco, creo que no hay otro lugar de Chile que te ofrezca esa tranquilidad. Por ejemplo, ahora que nos estamos relacionando mucho más con los Changos, adoro mucho el rollo que tienen de los hijos del mar, de los nacidos en el mar, de los hombres y mujeres de la camanchaca, creo que es un momento precioso de conexión”.

Ahora que estamos hablando de la conexión con el norte y sabiendo que tu participación en los movimientos sociales parte muy joven, queremos saber, ¿cómo parte tú conexión la política?

Yo partí en la política secundaria muy chica, creo que el 2004, después el 2005 fue mi primer año como centro de alumnos del LEA y el 2006 de hecho perdí esa elección y fue difícil, me dolió, iba en segundo medio, con una super lista, pero a pesar de no haber ganado, creo que eso me permitió hablar mucho más de política, nacional y regional, ese año tuvimos que aliarnos entre el MOVES (Movimiento Estudiantes Secundarios) y el FESA (Federación de Estudiantes Secundarios), para crear la Coordinadora de Estudiantes Secundarios de Antofagasta y ahí yo me metí a la vocería, con otros chiquillos, que me los he encontrado por ahí, algunos más a la derecha de lo que me gustaría (rie mientras nos relata la anécdota).  Lo épico que fue, una sensación muy viva como de amor o una intensidad que se te sale del cuerpo, una cuestión como de vomitar intensidad, como que es más grande que tú, creo que fue la primera vez que tuve una pasión tan grande, una sensación de ¡esto es!, ¡quiero hacer esto toda mi vida!

Sabemos que tu vida política no paró el en la “Revolución Pingüina”, ya que continuaste participando activamente hasta en la universidad y uno de los actos sociales que hiciste impulsaste en ese tiempo fue el Preuniversitario Social, ¿Cómo nace la idea de fundar ese proyecto?

El preuniversitario es lo mejor del mundo, lleva ya once años. Íbamos en primer año de universidad, yo tuve el privilegio de hacer preuniversitario y gracias a eso pude entrar a la universidad, pero estudiar en un preuniversitario en Chile es muy caro y en ese entonces, en Antofagasta no habían preuniversitarios sociales o alternativas para que otras personas pudiesen entrar. Yo en ese entonces era Secretaria de Trabajos Comunitarios de la Federación, fue la primera vez que tuve que hacer un proyecto en serio. El gran proyecto fue armar un preuniversitario social, que atendiese, en ese entonces, a cuarenta niños, que fueran solo clases de lenguaje y matemáticas durante todo un año. Empezaron a llegar voluntarios y el proyecto fue creciendo. Después se amplió, hicimos un intensivo de historia y ciencias.

Ya que estamos hablando de tu primer proyecto dentro de la federación y tu vida en la política, ¿Siempre fue tu proyecto de vida llegar a ser Diputada?

Jamás, nunca. Yo siento que la vida han sido muchas casualidades. Primero siempre tuve el cuestionamiento de ¿qué hago cuando salga de la universidad?, porque siempre mi frente de acción ha sido lo estudiantil, y me preguntaba ¿qué hago cuándo salga de la U?, ¿Dónde voy a seguir haciendo política? ¿al servicio de quién? Estaba en esos cuestionamientos, además me eché por primera vez el examen de grado de Derecho, entonces estaba sufriendo mucho, después volví a dar el examen y lo pasé y ahí Revolución Democrática decide disputar por primera vez las parlamentarias, y necesitaban compañeras que estuviesen a disposición y fortalecer nuestro elenco en regiones y dije como obvio estoy disponible. En ese entonces mi dedicación era vender bolsas artesanales en la calle, en la época que viví en Santiago, estuve meses vendiendo artesanía en Lastarria, esa era mi dedicación y antes de eso fue empaque en el supermercado, vivía con 150mil al mes, cero aspiraciones de algo más profesional que eso, entonces dije ya, yo me ofrezco, voy a ser parte de la lista.

Lo cuatico fue cuando ganamos, no tanto porque no tuviese en la cabeza ganar, sino el nivel de la responsabilidad que se vino encima y lo mucho que el Congreso te aparta de tu lugar de origen. En el fondo tienes que irte a Valparaíso, a conocer una bancada, en la que, por supuesto yo no conocía a nadie, además era la más chica, la de región, la con ningún apellido o relación en la política previa.

¿Cómo fueron los primeros años en tu vida en el Congreso?

Los primeros seis meses fueron terribles, tener que disputar ese espacio, tener que ser mujer joven en el Congreso, tener que estar sin mi gente, eso era lo más terrible. Me sentí impostora, en ese espacio y teniendo que defender mi derecho de estar ahí.

Hablemos de feminismo, ¿Te consideras feminista con todo lo que eso implica y cómo llegaste a participar en él?

Me considero feminista con todo lo que implica. Me costó harto reconocerme así, porque primero, nunca me sentí menos, ni cuestionada, ni en una posición inferior por ser mujer haciendo política en el mundo estudiantil, no sentí que se me mirase en menos, además vengo de un mundo de privilegios donde la violencia física o domestica no es tema, no existe, y digo posición de privilegio porque es efectivamente una posición de privilegio no vivir ese tipo de experiencias. Entonces desde ahí me costó reconocer desigualdades dentro de mi propia historia. Lo que me ha ido empujando a hacer el proceso de descubrimiento es la disputa de lo público y la disputa del poder. Me pasó el primer año, yo asumí la vocería de la bancada, antes de ser presidenta del partido y discutía mucho esto con mis compañeros, porque la vocería, lo público, no se ve como nosotras, la vocería política, es robótica, automatizada, carente de toda emoción, racional, donde la política es sin llorar, donde no se pide disculpa, donde la idea es tuya y no del colectivo, entonces en esas claves empiezas a cuestionar en que el poder no se ve como yo, lo público no se ve como yo, y la disputa del poder en el espacio tampoco se ve como yo, además en lo público se me exigen cosas distintas que se me exigen en privado, entonces como hace una mujer para convivir en eso dos espacios.

¿Qué nos falta para continuar avanzando en el feminismo?

Creo que nos falta mucho entender el lente violeta como una forma de ver el mundo, más que una agenda específica y desconectada de las demás, creo que el feminismo también es una lucha ambiental, también es una lucha de clases, también es una lucha por los pueblos indígenas, y eso a veces nos cuesta ver.

Como activista en los movimientos sociales, ¿Cómo ha sido ver el movimiento feminista en Antofagasta?

Lo que más me llena es la conexión intergeneracional o de las experiencias de los matriarcados, las de tus abuelas, madres, las que vendrán, como el feminismo va rompiendo parámetros de quién eres con quien deberías ser y cuestionar y abrirte un mundo de posibilidades, y lamento mucho no haber alcanzado a vivir la ola feminista en la universidad, ahí me siento un poco vieja, en la política siempre fui la más joven.

Saliendo un poco de los temas tan políticos, ¿Cómo ha sido tu vida en pandemia? ¿Con quién la has pasado?

Siempre he vivido con gente, con compañeros de universidad, de vida, con parejas, así que tengo la fortuna de no estar sola en Valparaíso, no estar sola en Santiago y no estar solo en Antofagasta, y además tengo un perro, que adopté y que adoro, es de esas cosas que me producen una adoración infinita y que está incondicionalmente más allá de que haya firmado el acuerdo del 15 de noviembre o que haya habido la marcha más grande de Chile, el Bosco (su perro), siempre al final del día queriendo que alguien le haga cariño, y creo que un perro negro, adoptado, es lo mejor que te puede pasar en el mundo.

Terminando la conversación en la biblioteca construida con materiales reutilizables, Catalina Pérez reflexiona junto a nosotros y nos cuenta que “Tengo la fortuna de tener a mucha gente, muy bonita a mi alrededor, a la que quiero muchísimo y que me permiten sortear, todos los días levantarse y organizar el ejército de nuevo para dar otra pelea”.