Me niego a ser periodista, prefiero ser abogada antes que andar con un micrófono persiguiendo gente y haciendo el ridículo en la televisión”, exclamó María Luisa Córdova, cerrando de un portazo el auto que, días antes, había sido el protagonista de una breve nota de prensa en el Diario Atacama, ya que un aerosol en su interior había explotado, causando una ligera conmoción que alertó a los peatones en una muy concurrida calle del centro de Copiapó.

Ese fatídico y soleado nueve de diciembre del dos mil cinco, María Luisa Córdova rindió la PSU, prueba en donde luego ponderaría 392 puntos, los que, sumados a su NEM de 4,9 de todos los años de enseñanza media, sólo le permitirían entrar a algún instituto privado o bien, buscar algún marido en las juventudes UDI, de preferencia algún homosexual que quisiera utilizarla como pantalla. No era primera vez que se emparejaba con un homosexual, de todas formas.

Su rendimiento era muy pobre, concordamos con el resto de los docentes, que hasta una ameba era capaz de hacer mejor sus pruebas”, declaró el profesor de matemáticas, el señor Cavada “gracias a Dios la niña es un poco lenta y no se dio cuenta que durante los dos últimos años le he estado corrigiendo las prueba para que pase de curso, con una repitencia era más que suficiente”, añadió.

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Pero María Luisa sí sabía que su profesor le corregía las pruebas, era evidente, el maestro tenía párkinson y algunos de los números en sus evaluaciones eran temblorosas cifras o simplemente, borrones de tinta. Nula para las ciencias, las matemáticas y cualquier cosa que requiriera un mínimo análisis, estudió diseño gráfico publicitario durante un año en el Duoc de Viña del Mar, en donde prontamente descubrió que era incapaz de utilizar dificultosos programas computacionales de diseño, “recibí una señal divina aquel martes, estaba en clases frente a un computador y éste comenzó a echar humo y luego salió una llama de su interior y salí gritando que no quería ser diseñadora”, aseguró María Luisa. Posteriormente se trasladó a la facultad de derecho en la Universidad Andrés Bello, carrera a la cual ingresó para darle en el gusto a su padre, quien creía que su hija, al saber leer, podía ser abogada.

Cuando María Luisa se dio cuenta que no iba a ser capaz de continuar sus estudios ya que le parecía muy aburrido memorizar leyes y sus compañeros resultaron ser personas que disfrutaban de menoscabar la autoestima de otros seres humanos, decidió hacerle caso a los consejos que su madre le entregó desde que era muy pequeña: “te gusta escribir, los periodistas escriben”, le dijo.

Considerando que durante algunos años durante la enseñanza media, María Luisa y su mejor amigo, habían sido los editores de una pequeña revista llamada “Boletín Sobaibor” en donde ridiculizaban a sus compañeros de clase mediante entrevistas imaginarias, dibujos jocosos y notas de prensa que rayaban en lo inverosímil, decidió ingresar a la carrera de periodismo de la facultad de humanidades de la UCN en Antofagasta.

Los años transcurrieron y finalmente, contra todo pronóstico, obtuvo su título. Es más, recibió dos años consecutivos un premio por sus destacadas calificaciones en los ramos de “Redacción 1” y “Redacción 2”, honor que se adjudicó en una ceremonia titulada “Pateando el semestre”, que cada año organizaban los alumnos de quinto como parte de un ramo.

Una vez obtenido su título, María Luisa decidió tener un hijo. Así de simple. Decidió que el mejor momento era aquel, ya que vivía cómodamente a expensas de sus padres, sin hacer otro aporte a la casa más que ejercer como empleada doméstica. Tuvo a José Lorenzo en agosto del dos mil catorce y tres años después, gracias a Ediciones Hurañas, se prepara para lanzar el que será su primer libro “Mamerta: Bitácora de campo de una madre desnaturalizada”, inspirado en las desventuras de la maternidad.

¿Cuál es tu rutina diaria?

Me gusta ir al gimnasio, practicar yoga, me dedico al compostaje y recientemente he descubierto las bondades del feng shui.

Dinos la verdad María Luisa.

Soy una pajera. Me levanto arrastrando todos los días, llevo al Lorenzo al jardín, luego me disfrazo de periodista y voy al trabajo. En la tarde me gusta llegar a la casa a tomarme unas cervezas y conversar con mi hijo. Intento cocinar pero todos los días le hago fideos con mantequilla a mi hijo, porque en realidad es lo único que come. O pedimos sushi, porque soy una pajera, insisto.

¿Cómo es tu rutina a la hora de ejercer como escritora?

No tengo rutina. Escribo cuando estoy inspirada y eso pasa como tres veces al mes. No tengo ese espíritu abnegado del escritor que espera que todos se duerman para poder trabajar. A veces escribo en la micro, en el celular o en una servilleta. En general me duermo temprano, onda después de la teleserie nocturna. Maldigo el día en que comencé a ver la teleserie porque antes de eso, me dormía a las diez de la noche, pero ahora la teleserie termina tipo once y media, después me da hambre y hay que luchar con las ganas de comer pan con queso derretido a medianoche.

¿Qué opinas sobre los escritores contemporáneos?

Me parece muy entretenido que las personas estén consumiendo esta literatura ágil que surge desde las redes sociales. Se ha dado un fenómeno muy interesante, destaco cualquier cosa que haga que la gente lea porque, seamos sinceros, algunos libros que nos hacen leer en el colegio nos matan todas las ganas de cultivar hábitos lectores. No puede ser que a un niño lo obliguen a leer el Mío Cid Campeador, por ejemplo. No tengo nada en contra de ese libro y perdón si hiero susceptibilidades.

¿Qué libro te traumatizó cuando niña?

No me acuerdo de ninguno que me haya traumatizado pero tampoco me acuerdo de ninguno que me haya marcado. Quizá “Pregúntale a Alicia”, la historia de la niña drogadicta que termina muriendo prácticamente en la calle y cuyas últimas anotaciones de su diario terminaron haciéndose en trozos de papel que recogieron junto a su cuerpo agónico. Fue bastante impactante para todos, lo recuerdo porque después de eso, ningún compañero de curso quería probar drogas, eso sumado a que todos los días nos decían que nos íbamos a ir al infierno, literalmente, porque Diosito se enojaba. Luego se nos olvidó e igualmente consumimos droga, era inevitable.

Mamerta es tu primer libro. ¿Tienes algún otro proyecto en mente?

Sí, de hecho, vamos a publicar prontamente un libro con tres novelas. Eso me tiene muy contenta, porque es algo absolutamente diferente a lo que vamos a presentar ahora, que es un relato más bien personal, pero con un discurso que bien puede ser representativo para muchas mujeres que han sido madres o también para los hombres que conviven con estas mujeres. Mi próximo proyecto son tres historias diferentes que, paradójicamente, tienen pasajes de mi vida también, pero transfigurados, así que es mucho menos expositivo que Mamerta.

¿Cuándo podremos leer Mamerta?

Vamos a lanzar y vender este libro el próximo jueves 23 de noviembre a las 18:00 horas en el Centro Cultural Estación Antofagasta. Vamos a hacer un conversatorio y también tendremos algunas sorpresas, están todos cordialmente invitados.

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