Resiliencia Política en América del Sur

¿De qué manera Lula va a desarrollar una resiliencia política? Brasil se instala en el lugar 10 de la economía mundial y es la mayor de América Latina y el Caribe. Su eje de articulación es reducido, contando sólo con otro país poderoso que es México. Desde un multilateralismo, que gusta mucho al presidente carioca, la fuerte presencia en el BRICS (o economías emergentes) y su nuevo Banco de Desarrollo se establecen como alternativa financiera y política a Occidente.

Francis Espinoza F.
Francis Espinoza F.
PhD. Doctora en Ciencias Políticas y Estudios Internacionales. Académica Escuela de Periodismo Universidad Católica del Norte.

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Francis Espinoza F.
Francis Espinoza F.
PhD. Doctora en Ciencias Políticas y Estudios Internacionales. Académica Escuela de Periodismo Universidad Católica del Norte.
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A más de una semana del triunfo en Brasil de Lula da Silva, la cartografía de América del Sur no sucumbió definitivamente al ‘tsunami azul’ que tanto se predecía para estos últimos años electorales. Si hacemos un análisis político rápido, un 55% de los gobiernos son de derecha, centro-derecha o libertarios, y un 30% de izquierda, centro-izquierda o progresistas, como es el caso de México (Claudia Sheinbaum Pardo), Uruguay (Yamandú Orsi Martínez), Guatemala (Bernardo Arévalo de León), Cuba (Miguel Díaz-Canel Bermúdez) y Nicaragua (Daniel Ortega Saavedra). No es posible considerar a Venezuela, Honduras y Haití, pues luego de las policrisis (Edgar Morin y Anne Brigitte Kern, 1990; Adam Tooze, 2022), se encuentran en procesos de transición institucional y regímenes de facto. De este espectro, las llamadas nuevas izquierdas sólo se instalan en Brasil, Guatemala, México y Uruguay.

En la literatura más contemporánea de la teoría política, la presencia relativamente estable de la ‘marea rosada’ en distintos lugares del mundo adquirió, implícita y explícitamente, la connotación de resiliencia política. Esto se debe a la idea de que las derechas radicalizadas, iliberales, libertarias o securitarias (o neopatrióticas) han ido instalando mecanismos que erosionan las democracias radicales (Daron Acemoglu y James A. Robinson, 2014; Steven Levitsky y Daniel Ziblatt, 2018; Ece Temelkuran, 2019; Anne Applebaum, 2021; Ben Ansell, 2023; Michael J. Sandel, 2023; Martin Wolf, 2023; Peter Turchin, 2024). El Informe sobre la Democracia (Democracy Report 2026) del V-Dem Institute precisa que las autocracias (92) superan en número a las democracias (87), y que los índices democráticos retrocedieron a cifras similares a las de 1978, especialmente en Estados Unidos y en la expansión de autocracias electorales en el resto del mundo.

Si vamos al origen del concepto, la resiliencia fue abordada desde la ecología por Crawford. Stanley. David Easton (en la década de los 60) introdujo la teoría sistémica en las ciencias políticas usando el concepto de ‘persistencia’ para definir un sistema político que podía mantener el equilibrio procesando las distintas crisis. Holling (1973) precisa que hay sistemas que son capaces de absorber perturbaciones sin modificar sus estructuras básicas ni colapsar. En épocas más actuales, el politólogo Wolfgang Merkel sistematiza el concepto para dar cuenta de que las democracias liberales se resisten, se adaptan y, tarde o temprano, se recuperan de procesos de polarización y deterioro institucional, pero también de crisis externas que podrían golpear el carácter democrático de las naciones-estado. En 1980, Aaron Wildavsky definió la resiliencia como la capacidad societal de enfrentar peligros insospechados y salir adelante, especialmente si los sistemas se anticipan. En los 90, desde las relaciones internacionales, Wolker Rittberger y Andreas Hasenclever fueron los pioneros en referirse a la resiliencia de regímenes frente a cambios o perturbaciones del balance geopolítico del poder. Desde una visión más crítica, Julian Reid, David Chandler y Mark Duffield (década de 2010) plantean que la resiliencia constituye una herramienta de gobernanza neoliberal que les permite a los gobernantes trasladar las crisis a la ciudadanía, y que sea ésta quien resuelva de manera resiliente.

¿De qué manera Lula va a desarrollar una resiliencia política? Brasil se instala en el lugar 10 de la economía mundial y es la mayor de América Latina y el Caribe. Su eje de articulación es reducido, contando sólo con otro país poderoso que es México. Desde un multilateralismo, que gusta mucho al presidente carioca, la fuerte presencia en el BRICS (o economías emergentes) y su nuevo Banco de Desarrollo se establecen como alternativa financiera y política a Occidente. Asimismo, la reactivación de MERCOSUR con su acuerdo de asociación estratégica con la Unión Europea y el Reino Unido da respiro al orden mundial tradicional y entrega esperanzas a las nuevas izquierdas. Sin embargo, los problemas domésticos a los que deberá hacer frente da Silva (deuda pública, inflación y altas tasas de interés, gobernabilidad y congreso, inseguridad y violencia, entre otros) podrían mermar el sueño de la llegada de una nueva marea rosa en América del Sur. Las condiciones estructurales adversas, sin duda, son un elemento adicional para una real resiliencia de las nuevas izquierdas en el mundo.

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