Al mono de año nuevo le sobró material

Odio los clichés, pero hay algunos que se presentan como males necesarios, como por ejemplo, las evaluaciones de fin de año. ¿Fin de año dije? Como buen cholo que soy, para mí, en lo personal, éste no es el final del año, sino que recién la mitad. Las naciones originarias de Sudamérica celebramos el año nuevo o inicio de ciclo agrario en el Solsticio de Invierno (es decir, cada 21 de Junio, según el Calendario Gregoriano que nos rige).

Los Lipez del Alto Loa y Ollagüe (llamados “quechuas” por la paupérrima ley chilena de pueblos indígenas) y todas las naciones hablantes de quechua en el continente, conocemos la fiesta como Inti Raymi. Ya habrá ocasión para hablar de ella.

El asunto es que, como buen cholo del Norte Grande que soy, igual acepto cada fin de diciembre esta invitación a evaluar mi “mitad de año”, para evitar tropiezos en “la otra mitad” que queda; y de esa forma empiezo a juntar materiales para armar mi Mono de Año Nuevo. Aquel ser que, según la enseñanza y herencia cultural de la Pampa Salitrera, se lleva, junto a su hoguera y sus cenizas, todo lo malo del año. Aquel ser al que siempre le he puesto la cara de algún político, la camiseta incolora de cierta empresa futbolística de Santiago, relleno compuesto por diarios capitalinos (sobre todo ese que todavía miente) y ropa que ya no uso. Pero este año, en realidad, si se trata de quemar lo malo, al Mono de Año Nuevo le sobró material, así que mejor podría hacer una familia entera de monos, digo.

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El primer Mono tiene toda la pinta de un empresario. De aquel Laurence Golborne que, usó su cercanía con Cencosud para lograr un perdonazo multimillonario en deudas tributarias a tal empresa, mientras un error simple en algún formulario del SII implica hasta cárcel para un ciudadano común y corriente. De aquellos inescrupulosos que hace poco han puesto en peligro de frustración el sueño de más de 2.000 jóvenes a nivel nacional, tras la quiebra de la Universidad del Mal (no leyó mal, éste es el nombre que se merece esta empresa educacional). De esos cerdos pestilentes que se instalaron al lado de Freirina y hubo que darles batalla campal y legal para expulsarlos (los pobres jamones vivientes fueron víctimas inocentes, a ellos no me refiero). De ese grupo de santiaguinos que, en la comodidad de su oficina, secan en nombre del Estado las aguas de nuestro Río Loa, en vez de parar con el desastre ecológico inminente y usar agua de mar para los procesos productivos de sus minas en la región; no sé si son peores éstos que lo hacen en nombre del Estado (mientras no nos logren privatizar CODELCO) o los que de frentón saquean para el patrón gringo, en las mineras privadas.

El segundo mono, sí o sí, tiene que tener pinta del lacayo favorito del Mono Empresario: el Mono Político. En un Estado más débil que la virilidad de Ronny Dance, las pocas ideologías buscarán financiamiento a cualquier precio, para ser anuladas y olvidadas apenas se perciba la primera cuita de poder, al menos para quienes no quieren cambiar las reglas del juego. Como kriptonita a Superman, los sacos de dinero anularon el dedo chorizo de Ricardo Lagos y le dieron un aire subliminalmente siniestro a la sonrisa maternal de Michelle Bachelet, y ya se sabe. Y así, tenemos un gobierno frontalmente neoliberal que hace agua frente a los problemas que le heredó un gobierno encubiertamente neoliberal: lucro en la educación y en la salud, déficit habitacional (en calidad y cantidad), centralismo exagerado, brecha social en aumento y más. 5 gobiernos neoliberales nos están dejando una lección delicada e importante: La Alegría que tanto nos prometieron no se logra en las urnas (las cuales sólo son un camino intermedio o colateral), sino en la calle, y para que sea Alegría propiamente tal, primero tiene que sentirse como bronca nacida del alma y parida en las barricadas.

La vieja política nos ofrece miles de rostros para ponerle al Mono Político, pero quizá, por coyuntura, 2 oportunistas y aparecidos se peleen el cupo: Cortázar (ojalá use Transantiago para llegar a Antofagasta a hacer campaña, para que llegue a enterarse de su derrota) y Ward (su educación cuica no fue capaz de enseñarle a redactar por lo visto).

Con el pasar de los años, el Mono Religioso se está haciendo su espacio, y tristemente hay que respetárselo. Los 12 apóstoles se revuelcan en su tumba al ver el buen negocio y buen pretexto para abusos de diverso nivel que se ha vuelto el noble mensaje del Cristo al cual también sigo. Curas y pastores (salvo excepciones) caen en este saco, y no han sido pocos los casos de connotación noticiosa importante en el 2012 que se nos va. Sobran los curas pedófilos, pero quien los representa mejor es el mismo que se atreve a ingresar al mundo tolerante y diverso de las redes sociales, pero para predicar que odia a los homosexuales, pero que calla ante los pedófilos que generan más homosexuales o que lo son; Benedicto XVI logra en mí que eche de menos con más fuerzas al menos imperfecto Juan Pablo II. Las iglesias evangélicas tampoco se salvaron (y me llega de cerca, pues en una de ellas viví mi niñez), y justo topando con el conflicto estudiantil. Este año hicieron noticia por dárselas de “salvadores” de la Universidad del Mal, volviéndose socios mayoristas de la Sociedad Anónima que la maneja, ratificando así su vocación de agrandar el lucro en vez de cortarlo.

Díganme blasfemo, pero el Cristo del cual leo e investigo, si anduviera entre nosotros, humillaría públicamente a los pedófilos y, en vez de cenar con los poderosos para adueñarse de una universidad, preferiría compartir filas con los manifestantes reprimidos y, con milagros haría menos ingrata la marcha y convertiría carabineros a la causa… Existen pocas corporaciones religiosas que se salvan, que de verdad son un aporte a la sociedad en la que viven; el resto, como el mismo Cristo lo diría, ha vuelto la Casa de Dios en guarida de ladrones y mercaderes.

El último Mono es el que le da vida a los otros 3: nosotros mismos. Organizados o no, nuestra flojera, comodidad, traición, ignorancia o apatía, son el alimento del sistema. En lugares más pobres de Chile, los movimientos sociales han tenido hasta víctimas fatales, pero han comenzado su cosecha. En la región, con suerte Calama se moviliza, y pudiendo tener al país en nuestras manos, hemos sido muy blandos en realidad. Logros hay, pero a mi juicio, sobran calmantes, falta remedio definitivo. Crucial será que los nuevos alcaldes y el resto de la ciudadanía regional se atrevan, junto a Calama, a detener la producción minera, con los mineros o a pesar de los mineros, como sea (gran falencia del año y gran golpe que podríamos dar el 2013). Y si no queremos ser el 4° Mono para 2014, ojalá votemos a favor del pueblo en las elecciones que vienen, a mínimo.

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