La bencina y el impuesto específico

Diariamente usted cuando va circulando en su vehículo, tiene la incertidumbre de que tiene que abastecer su medio de transporte con combustible para alguna tarea en específico, pero también como cualquier consumidor no sabe como varía el precio por litro de este hidrocarburo, y a menudo vemos en las noticias que el precio sube y baja, y así  recíprocamente se repite el ciclo que parece casi infinito afectando directamente al bolsillo de cada chileno.

Cuando se habla de combustibles las personas tienden a preguntarse porqué tanta variación, o porqué es tan caro comparado con otros países, muchas de estas preguntas las vamos a responder con claridad para que usted se informe asertiva y oportunamente.

Partamos señalando que el impuesto específico fue creado después del terremoto de 1985, argumentando que era necesario para la reparación de la infraestructura pública destruida por ese fenómeno natural. Era por lo tanto fue un impuesto “transitorio” que obedeció a un hecho puntual.

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En la actualidad este impuesto deja de tener un carácter de temporal o transitorio y pasa a a ser un significativo ingreso para la recaudación fiscal, con el fin de financiar programas sociales o gasto público, entre otros.

Ahora bien, Uno de los argumentos utilizados últimamente es que este impuesto es para protegernos de la contaminación, ya que desincentiva el uso del automóvil, descongestionando las calles.

Debemos clarificar que a mediado de los 80′s, la especificación de la bencina y el diesel en cuanto a contenido de azufre, era:

  • 1.000 PPM de azufre en bencina.
  • 5.000 PPM de azufre para el diésel.

En los años posteriores se fue aumentando la exigencia ambiental y Enap fue modernizando continuamente sus procesos con tecnología de primer nivel y mejorando su excelencia operacional, hasta llegar a tener uno de los combustibles de mayor calidad y exigencia ambiental.

Actualmente la normativa vigente exige:

  • 30 PPM de azufre en bencina.
  • 50 PPM de azufre en diésel.

Lo que difiere radicalmente de la situación original, es que en el caso de la bencina la exigencia es más de 30 veces menor y en el caso del diésel es de 100 veces menor, por lo tanto, el tema de la contaminación debido al contenido de azufre la ha asumido Enap vía modernización de sus tecnologías, a solicitud del dueño, que es el estado de Chile, ya que este busca el bien común, siendo de carácter prioritario la calidad de vida de la población.

En marzo del año pasado, el actual gobierno promovió la publicación de la Ley 20.505, que adelanta la vigencia del Sistema de Protección ante Variaciones de Precios de Combustibles (SIPCO), dejando sin efecto una serie de alzas en el precio de los combustibles. Sin embargo esta medida es sólo paliativa ya que su objetivo es precisamente suavizar las variaciones, producto de la situación internacional que golpea el mercado nacional de los combustibles.

La Ley N° 18.502 establece un gravamen a la primera venta o importación de gasolina automotriz y de petróleo diesel. Su base imponible está formada por la cantidad de combustible, expresada en metros cúbicos. La tasa del impuesto es de 1,5 UTM por metro cúbico para el petróleo diesel y de 6 UTM por metro cúbico para la gasolina automotriz (tasas denominadas componente base), las cuales se modificarán sumando o restando, un componente variable determinado para cada uno de los combustibles señalados (Ley 20.493). Según un análisis de mayo de 2008 del CEP, el impuesto en Chile es elevado comparado con los casi 50 pesos por litro que se cobra en promedio en Estados Unidos.

Hay otras investigaciones que señalan que en varios países este impuesto específico alcanza casi el doble del impuesto nacional. Aunque este dato está influido por el hecho de que la muestra incluye muchos países de alto ingreso per cápita, sin embargo si realizamos la comparación del valor del combustible y el impacto económico en la población versus la proporcionalidad de su índice per cápita, la situación cambia significativamente y nos ubica dentro de los 5 países de mayor carga impositiva.

A modo de dato adicional el impuesto específico a los combustibles es pagado solo por los automovilistas y los empresarios del transporte que corresponden a un 20% del consumo total, el resto (80%) son consumidores que no pagan absolutamente nada. Si todos pagáramos el  impuesto específico este se reduciría a la mitad , o sea terminaríamos pagando aproximadamente $25 por litro para la el diésel  y $33 por litro de bencina  respectivamente

Finalmente soy de los que opina que el impuesto no debe ser eliminado, porque como se dijo anteriormente, es un buen recaudador para las arcas fiscales, necesarios para financiar el gasto social , pero si pienso que debería haber un impuesto único para los hidrocarburos de manera que sea equitativo y así reducir el precio del combustible, con el fin de sobrellevar los significativos gastos que tienen las familias chilenas.