El Cuestionario del Diario: Conocimos el “Lado B” de Iván Ávila

24775179_10214731706903961_1675336381858108986_nHace 10 años, la gente tenía en su inconsciente colectivo la imágen de un periodismo serio, sin risas y con la formalidad en el corazón, el rostro sin expresión de los conductores de televisión y los textos sin vida en los diarios impresos. 

Sin embargo, la llegada de las redes sociales, el surgimiento de los medios digitales y la progresiva perdida de cobardía de los Periodistas, dieron nacimiento a una forma de periodismo más cercana con la gente, sin jefes y sin miedo.

Algunos casos son una mezcla perfecta de ambas situaciones, casi siendo un camaleón de las comunicaciones, realizando un trabajo versátil, es el caso de Iván Ávila Pérez.

Publicidad

A sus 43 años el profesional tiene un currículum de envidiar, pues es periodista, escritor, guionista y productor. Podemos ver su talento en Antofagasta TV y en la Agencia Audiovisual Raw Films.

Ávila detallo sus inicios con las letras expresando que “cuando era chico, siguiendo los pasos de mi primo Guido, comencé a escribir. Por caerle en gracia a una chica que me gustaba, empecé a ir al cine, de puro pendejo y enamorado. Con el tiempo, escribir y las películas se convirtieron en pasiones mayores, que ocupaban y ocupan buena parte de mi vida. Afortunadamente, puede dedicarme, aunque no a tiempo completo, a ambas cosas gracias a que también en el camino me encontré con gente maravillosa que me dio los empujones necesarios para desarrollarme en esas áreas, más allá de mi trabajo como periodista el que, de pasada, amo sin restricciones: Adriana Zuanic, Patricio Jara, Patricia Benett, “Beto” Plaza, Germana Fernández… y claro, tipos notables de mi generación como “Chamaco”, Jona Cadet, Sebastián Trujillo y Erick Aeschlimann”.

“Tengo una espina clavada: no haber concluido mis estudios de Pedagogía en Historia. Desde chico soñaba con ser profesor y aunque he hecho clases tanto en la desaparecida UJSO como en la UCN, es un sueño que aún no puedo concretar en su totalidad”, agregó.

El Periodista se sometió a “El Cuestionario del Diario” y estas son sus respuestas ¿Qué tal?:

¿Cuál es tu mejor recuerdo de la niñez?

Uf! No hay solo uno… Viajábamos harto al sur y era fascinante disfrutar del contraste entre los cerros desérticos de Antofagasta y los colores de Lican-Ray… Adoraba hurgar en la biblioteca de mi abuelo Homero; mi primera bicicleta, mis primeras mascotas, las caminatas con mis amigos por los cerros detrás del Caliche y La Negra… No puedo quejarme de mi infancia, porque a pesar de ser tiempos de austeridad, tuve y tengo una familia y amigos que sabemos disfrutar de las pequeñas cosas que nos regala la vida.

 

¿Cuál es tu peor recuerdo de la niñez?

El miedo a hablar, a opinar, a expresarse que sentía en mí y en quienes me rodeaban en los años de dictadura que me tocó vivir. Fue una experiencia terrible y no me gustaría que nadie pasara por eso nunca más. Por eso me da bronca cuando ciertas personas, grupos, medios o partidos políticos manosean la libertad de expresión o desean utilizarla en beneficio de sus propios intereses. Desde aquella época que siento que la libertad de expresión es quizás el derecho más inalienable que tenemos y que es intransable. Es ese miedo que sentí cuando chico que hoy, me hace mirar mi profesión y mi acciones con la responsabilidad que merece tener esa libertad que costó tanto recuperar pero algunos, tristemente, han olvidado que costó incluso sangre tener un derecho que algunos mal utilizan en desmedro de una democracia imperfecta, pero democracia al fin y al cabo.

 

¿Cómo y con quién fue tu primer beso?

Jajajajajaja… No voy a dar nombres, pero era una compañera de básica con quien nos juntábamos a jugar y empezamos a experimentar, en aquella hermosa aunque inocente época púber en que las hormonas recién comenzaban a volverse locas…

 

¿Qué es lo primero que empacas en tu bolso antes de viajar?

Mi notebook. Me pueden faltar calzoncillos, pero jamás mi herramienta de trabajo. Es que eso de escribir de verdad ocupa buena parte de mi tiempo y si no tengo el compu cerca para escribir aunque sea un par de líneas en el día, me vuelvo loco.

 

¿Qué talento te gustaría haber tenido?

¡La música! Me encanta, soy un melómano voraz, pero por esas cosas de la vida nunca aprendí a tocar ningún instrumento ni tengo buena voz. Puedo decir que es un trauma que no he podido superar.

 

¿Cuál crees que es tu mayor atractivo físico?

Siempre he dicho que no soy sólo un rostro bonito y un cuerpo apolíneo, jajajajaja.

 

¿Cuál crees que es tu mayor atractivo psicológico?

Mi pareja y mis compañeros de trabajo dicen que tengo “buen hablamiento”… De verdad, es difícil hablar de esto sin caer en la soberbia o la conformidad, pero el don de la palabra hablada o escrita es algo que agradezco cada día, pero aptitudes con las cuales también hay que ser muy responsable.

 

¿Cuál fue el último libro que leíste?

“Caleidoscopio” de mi querida amiga Marcela del Sol; narrativa dura, compleja aunque alucinante. Hoy por hoy estoy revisando textos de la historia de Antofagasta como “Coloso: una aventura histórica” de Recabarren, Obilinovic y Panadés, y “1921: crisis y tragedia” del profe Recabarren.

 

¿Cuál fue la última película que viste?

“Séptimo” de Patxi Amezcua,con el tremendo Ricardo Darín como protagonista. Interesante thriller sicológico del que rescato que Darín es uno de esos monstruos de la actuación con que cualquier director quisiera trabajar alguna vez…

 

¿Qué libro o película no recomendarías?

Cada quien tiene la libertad de escoger qué lee y qué ve, en eso no me meto. A mí, en lo personal, me empelotan los libros de autoayuda. Respecto del cine, cualquier película escrita por un guionista que cree que el público es estúpido, no creo que vaga la pena echarle una mirada.

 

¿Cuál fue la última persona que abrazaste?

A mi señora.

 

¿Qué es lo que le hace falta a Antofagasta?

Amo Antofagasta, amo mi región, amo mi Norte Grande… A Antofagasta le hace falta creerse el cuento, dejar de mirarse el ombligo. A los antofagstinos les hace falta perder la verguenza a reconocer que son pampinos y portuarios, que son personas forjadas con características especiales que nos hacen únicos. Desde hace años que creo sinceramente que al Norte Grande le da el pellejo para reclamar y exigir un estado federado que nos haga justicia e incluso, ser una nación independiente. Sería bonito algún día ser testigo de ese maravilloso reconocimiento de nuestra identidad, de nuestro territorio,de nuestra forma tan particular de ser y sentir.