En la antesala del Festival de Antofagasta 2026, la ciudad vuelve a hablar de música, memoria y futuro. No es la primera vez. Hubo un período en que Antofagasta fue capaz de convocar a artistas de nivel mundial, recibir visitantes de todo Chile y el extranjero, y convertir el verano en una experiencia colectiva que trascendía lo musical.
Aquellos festivales, hoy parte de la memoria local, siguen vivos en el recuerdo de generaciones que vieron a la ciudad transformarse —por algunos años— en un escenario de proyección internacional.
“Viajé desde Perú”, “Vengo de Santiago y no me lo pierdo”, “Qué orgullo telonear a estos maestros”. Frases como esas se escuchaban en 2009, cuando Deep Purple se presentó gratuitamente en Antofagasta. Fue el único show de la banda en esta parte del mundo y reunió a fanáticos del norte grande, del resto del país y de países vecinos. Más de 50 mil personas vibraron en el Club Hípico cuando sonaron los primeros acordes de Highway Star, en un concierto que aún resuena en la memoria colectiva.
No se trataba de viajar a Santiago ni de pagar entradas costosas. Antofagasta era el destino. La ciudad se transformó por una noche en epicentro cultural del cono sur, con un espectáculo compartido, sin pantallas ni filtros, cuando la experiencia estaba en el lugar y no en el registro.
Una visión de ciudad y cultura
Quienes vivieron esa etapa recuerdan que existía una convicción clara: Antofagasta podía y debía ser escenario de grandes eventos. Esa visión permitió levantar espacios para la escena local y también apostar por figuras internacionales. El Parque Croacia albergó el Festival de Rock de Antofagasta, plataforma donde bandas locales crecieron ante públicos masivos y escenarios profesionales, fortaleciendo una identidad cultural que iba más allá del espectáculo puntual.
Tom Jones, disco y multitudes
La ambición no se detuvo ahí. El Festival de Antofagasta incorporó figuras internacionales que marcaron hitos de asistencia. Uno de los momentos más recordados fue la presentación de Tom Jones, quien reunió a más de 100 mil personas en el Sitio Cero del Puerto de Antofagasta. Canciones como It’s Not Unusual, Sex Bomb y What’s New Pussycat sonaron ante uno de los marcos de público más grandes en la historia de la ciudad.
En 2012, KC and the Sunshine Band convirtió el mismo espacio en una pista de baile gigante. Más de 100 mil asistentes corearon clásicos que consolidaron al festival como uno de los eventos gratuitos más masivos del país.
Antofagasta en TV para todo Chile y el extranjero
La proyección alcanzó un nuevo nivel cuando el festival comenzó a transmitirse por televisión abierta, llegando a todo Chile y al extranjero. En ese período se presentaron artistas en plena vigencia, desde Juanes hasta Jorge González, junto a exponentes del reguetón que provocaron verdaderas convocatorias multitudinarias. Antofagasta no solo era capital minera: por unos días al año, también era capital cultural.
La “chambonada” y el quiebre
Ese estándar comenzó a diluirse con el paso del tiempo, hasta llegar a un punto de quiebre durante la administración del exalcalde Jonathan Velásquez. El Festival de Antofagasta 2023 marcó un contraste brutal con la historia reciente: problemas de organización, falta de baños suficientes, accesos restringidos mediante pulseras, largas filas y un aforo desbordado muy por sobre lo planificado.
A ello se sumaron polémicas declaraciones públicas que minimizaron las falencias logísticas, generando indignación ciudadana y amplia cobertura nacional. Lo que alguna vez fue un símbolo de orgullo colectivo pasó a ser visto como una improvisación sin planificación ni respeto por el público.
El escándalo financiero que sepultó el festival
La crisis no fue solo organizativa. Posteriormente, se conocieron graves irregularidades financieras vinculadas al festival, incluyendo posibles desvíos de más de $600 millones de pesos, antecedentes que fueron confirmados por la Contraloría y derivados al Ministerio Público. Estas situaciones derivaron finalmente en la inhabilitación del exalcalde por falta grave a la probidad administrativa, cerrando uno de los capítulos más oscuros en la historia reciente del evento.
En 2024, el festival derechamente no se realizó, siendo reemplazado por un show de drones. Para muchos antofagastinos, fue la constatación definitiva de que el festival, tal como se conocía, había desaparecido.
2026: un nuevo intento por recuperar la historia
Hoy, el escenario es distinto. Con una nueva administración municipal, Antofagasta se prepara para realizar el Festival de Antofagasta 2026, aprobado mediante licitación pública, con tres noches de espectáculos gratuitos, un aforo total para 45 mil personas y una inversión histórica superior a los $1.148 millones.
Más allá de la parrilla artística que se anunciará próximamente y en la que suenan importantes artistas nacionales e internacionales, el foco está puesto en la planificación, la transparencia y la recuperación de confianzas.
Porque la memoria pesa. Antofagasta ya fue escenario mundial. También vivió la improvisación y el descrédito. El desafío ahora es que el festival 2026 no sea solo un evento más, sino el primer paso para recuperar la gloria pasada, aprendiendo de los errores y entendiendo que la cultura también construye ciudad.