El reciente informe del Índice de Calidad de Vida Urbana (ICVU), que celebra 15 años de monitoreo sistemático en el país, ha entregado un diagnóstico agridulce para la capital de la región. Antofagasta, clasificada dentro del grupo de “Ciudades Metropolitanas”, se mantiene mayoritariamente en el tramo de calidad de vida “Medio-Superior”, sin lograr dar el salto definitivo al nivel de excelencia. El estudio, elaborado por el Instituto de Estudios Urbanos de la UC y la CChC, revela que a pesar de la enorme riqueza que genera la zona, esta no se traduce de manera proporcional en un bienestar urbano equilibrado para todos sus habitantes.
La dimensión de Condiciones Laborales y Dinamismo Económico sigue siendo el motor de la ciudad, donde Antofagasta figura consistentemente con indicadores por sobre la media nacional. Sin embargo, este éxito financiero contrasta duramente con la dimensión de Vivienda y Entorno. El encarecimiento del suelo, la falta de espacios públicos de calidad y el déficit habitacional son factores que han impedido que la ciudad progrese. Durante la última década, estos indicadores se han mantenido estancados, reflejando que el alto costo de la vida en el norte se ha convertido en una barrera para mejorar el estándar residencial.
Un punto de preocupación que resalta el ICVU 2025 en su mirada retrospectiva es la dimensión de Condiciones Socioculturales, la cual incluye factores de seguridad y participación ciudadana. En los últimos cinco años, Antofagasta ha mostrado una tendencia a la baja en la percepción de seguridad y un aumento en las tasas de delitos de mayor connotación social, lo que ha impactado directamente en el puntaje global de la ciudad. A esto se suma un acceso desigual a servicios de salud y educación de calidad, lo que profundiza la segregación dentro del radio urbano de la comuna.
Finalmente, el informe enfatiza que el desarrollo de Antofagasta requiere una gobernanza que vaya más allá del crecimiento industrial. Los expertos sugieren que para que la capital regional alcance el tramo “Superior” de calidad de vida, es urgente una inversión pública y privada coordinada que priorice la recuperación de espacios públicos y la conectividad. Con 15 años de evidencia sobre la mesa, el desafío para las autoridades locales y regionales es claro: transformar el dinamismo económico minero en una ciudad más amable, segura y accesible para quienes han elegido el desierto para vivir y trabajar.