El Muelle Histórico Melbourne Clark es hoy nuestra conexión con el pasado y futuro de Antofagasta.

Ubicado en Avenida José Manuel Balmaceda, este Muelle Salitrero, recibe constantemente las visitas de los antofagastinos que ven este destino como un paseo costero obligatorio por la ciudad. Luego de su remodelación muchos detalles que lo hicieron reconocido desde el principio, quedaron plasmados para no restarle la autenticidad que siempre lo definió. Desde los espacios que quedaban entre la madera que dejaban entre ver el mar, hasta las grúas de acero, que en el atardecer generan el contraste con los colores del cielo, generando una especie de imaginario con las piezas de un ajedrez o las ruinas de algún pasado que hoy parece desconocido.

La construcción de este muelle comenzó en 1872, donde los elementos a recalcar como la madera de pino Oregón que fue traída directamente desde Inglaterra, lograron cimentar su estructura de tal forma que hasta hoy mantienen estoico el inmueble. Este muelle se construyó con el fin de ser el primer muelle de carga para el transporte de salitre en la ciudad. Convirtiéndose luego de su inauguración en 1880, en un lugar de encuentro importante en Antofagasta, dado que para ese entonces la Plaza Colón recién estaba en construcción.

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Los barcos y lanchones desembarcaban en el sitio trayendo consigo personas extranjeras, con sus variados cargamentos para emprender los respectivos negocios que comenzarían en la ciudad, o en el caso de sólo estar de paso, de igual forma aprovechar para ofrecer sus productos, que iban desde alimentos a telas, ropa o utensilios de casa, como muebles y otros. La novedad para los antofagastinos de ese entonces era el poder interactuar en este paseo con las diferentes culturas que llegaban al muelle como punto de referencia.

El salitre fue el mineral que impulsó la fundación de esta capital nortina que junto a extranjeros que en su mayoría fueron ingleses, aportaron con el capital suficiente como para poder impulsarla. Llamando por esta razón al muelle como uno de los ingleses fundadores y más influyentes del siglo XX para Antofagasta, quién en compañía de chilenos y otros ingleses construyeron no sólo el muelle, sino que el ferrocarril y casonas importantes, como por ejemplo la casa Gibbs.

Quedando también de ellos, no sólo los patrimonios inmuebles sino el cultural, tales como tradiciones que van desde tomar té por las tardes, los panoramas como ir al cine o al teatro, los juegos de cartas, o los paseos por la ciudad. Igualmente este muelle histórico  ya para esos años era un paseo y espacio de ocio que se disfrutaba por la conexión que significaba esperar en el horizonte lo que el mar traería con las diferentes culturas que llegaban cargadas de anécdotas y colores que maravillaban a la ciudad.

Antofagasta es desde su principio una ciudad abierta a las culturas extranjeras, que hoy sigue en formación con la llegada de extranjeros latinoamericanos.