Primero de mayo: ¿Fiesta? Sí, pero obrera

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“El poeta cubano José Martí, por entonces corresponsal del diario La Nación de Buenos Aires, presente en el momento en que la sentencia se lleva a cabo escribe: ‘salen de sus celdas. Se dan la mano, sonríen. Les leen la sentencia. Les sujetan las manos por la espalda con esposas, les ciñen los brazos al cuerpo con una faja de cuero y les ponen una mortaja blanca como la túnica de los catecúmenos cristianos. Abajo, está la concurrencia, sentada en hileras de sillas delante del cadalso como en un teatro. Firmeza en el rostro de Fischer, plegaria en el de Spiers, orgullo en el de Parsons, Engel hace un chiste a propósito de su capucha. Spiers grita: ‘la voz que vas a sofocar, será más poderosa en el futuro que cuantas palabras pudiera yo decir ahora’. Les bajan las capuchas, luego una seña, un ruido, la trampa cede, los cuerpos caen y se balancean en una danza espantable.”

Primera “Tentación”

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Volaban los días de Febrero de 1894 cuando la revolucionaria alemana Rosa Luxemburgo, principal dirigente -en conjunto  Karl liebknecht– de la revolución Alemana de 1923, decide escribir sobre el origen de esta conmemorativa fecha. En sus escritos menciona diferentes hitos que marcaron un precedente de “autoconfianza” obrera, es decir, de un avance de la subjetividad a unas cuantas décadas del nacimiento de los trabajadores como clase.

La idea surgió como una medida de celebrar o manifestarse por las jornadas de ocho horas de trabajo. Los trabajadores Australianos habían acordado ya en 1856 realizar un día –tan solo uno-  completo de huelga, con encuentros y entretenimiento en variados puntos del País/continente pero la masividad fue tal que no pudieron decir que no a la moción de repetirlo cada año. El 21 de abril fue la fecha elegida para la eventualidad de gran importancia para todos los trabajadores, no solo de Australia, sino, de parte importante de obreros Estadounidenses que habían adherido al llamado.

“¿Qué podría proporcionarles más valor a los eternos esclavos de las fábricas y de los talleres que el reconocimiento de su propia gente?” -R.L-

La idea condenada.

1886; Se fija el primero de mayo como día internacional de la huelga universal apoyado por entonces la II internacional en Europa. No fue un delirio: 200.000 trabajadores dejan sus puestos de trabajo y alzan importantes jornadas de manifestaciones por la jornada laboral de 8 horas, a consecuencia, el hostigamiento y represión policial coarto esta  combativa festividad por unos cuantos años.

Luego de un par de años, en 1888 se ratifica la idea de mantener el primero de mayo como la fecha para tomar la jornada de ocho horas como primera reivindicación del proletariado mundial. La fuerza de que esta idea se propagara en todo el mundo se la debemos a Lavigne de Burdeos, delegado francés que en el Congreso internacional Obrero de 1889 propuso ocupar la huelga general como método de expandir este se sentimiento de organizarse –y por primera vez- conscientes de su condición de clase.

“Ocho horas: Para trabajar, para descansar, para disfrutar”, esta fue la consigna que motivo la denominada “revuelta de Haymarket”: la extrema explotación, la violencia policial que dejo muertos y heridos a mansalva, la impunidad con que se despidió a más de 1000 obreros fueron solo parte de lo que inicio una serie de revueltas en apoyo a los trabajadores de Chicago.

Spiers, trabajador y dirigente anarquista  convoca a una manifestación en repudio a esta explotación desmesurada -12 horas hasta 13 horas de trabajo-, se agolpan las sucias caras frente a las fabrica “Mccormick” donde  se impide la organización con despidos a destajo, violencia de “carneros” o esquiroles que interrumpieron el acto y disparos de la policía  que dejo varios heridos. El enfrentamiento no se hizo esperar. Si bien la manifestación fue pacífica, la violencia con que se hostigaba a los trabajadores día a día colmo los límites de cada uno. Una bomba aparece entre la nada durante un discurso de Fielden-uno de los dirigentes anarquista- la cual dejo a más de 60 policías heridos, esto dio paso a la detención de los 8 principales dirigentes anarquistas de las movilizaciones de Chicago, hasta entonces la segunda ciudad más grande de estados Unidos. No existía conexión alguna entre el sujeto que lanzo la bomba con estos agitadores.

La prensa también hizo lo suyo, un escrito de un diario de la época demuestra su “imparcialidad” tan característica de un medio de comunicación:

Qué mejores sospechosos que la plana mayor de los anarquistas. ¡A la horca los brutos asesinos, rufianes rojos comunistas, monstruos sanguinarios, fabricantes de bombas, gentuza que no son otra cosa que el rezago de Europa que buscó nuestras costas para abusar de nuestra hospitalidad y desafiar a la autoridad de nuestra nación, y que en todos estos años no han hecho otra cosa que proclamar doctrinas sediciosas y peligrosas!.”

De los 8 detenidos, 3 quedaron en prisión, 5 condenados a la horca y uno de ellos se suicidó antes del juicio.

La farsa comienza a rodar, se les acusa de pertenecer a una organización secreta que a través de la dinamita pretender destruir el orden establecido, se elijes proclives jueces que se jactan de su moralidad intachable: Testigos falsos, todos desprecian la causa del proletariado, el fiscal dictamina: “ellos no son más culpables que los que los siguen, condénenlos como lección a los demás, ahórquenlos para salvaguardar nuestra sociedad”. Nada pudo ser probado.

“El plomo es el mejor alimento para los huelguistas, la prisión y los trabajos forzados son la única solución posible a la cuestión social, es de esperar que su uso se extienda” –Periódico “Chicago Trivium”-

El 11 de Noviembre de 1887, Spiers, Parsons, Fischer, y Engel fueron llevados a la horca mientras cantaban “La Marsellesa”, en ese entonces el himno del movimiento revolucionario, hoy actual himno de Francia.

¿Y Chile?

“El primero de Mayo dejó de ser, al menos aquí en Chile, un día de protesta por los Mártires de Chicago… Desde que el gobierno de este país a raíz y posteriormente a las mal llamadas revoluciones militares de Septiembre y Enero (1924-1925), decretó feriado legal el primero de Mayo, éste perdió en mucho su poder emotivo y revolucionario; y, sobretodo, ese carácter anti-estatal de resistencia que adquiría un paro de protesta en ese día frente al gobierno y a los capitalistas. (…)De ese modo, el primero de Mayo, pasará a ser como un 18 de Septiembre, como un 21 de Mayo o como una semana santa…”

(El Surco, Iquique, 1º Mayo de 1926)

Hay variados escritos sobre el primero de mayo de en Chile, el primero de ellos llamado  “Los sucesos de Chicago y el primero de Mayo en Chile” de Mario Garcés y Pedro Milos; y otro, debido a Osvaldo Arias, titulado El 1° de Mayo en América Latina: historia de las primeras celebraciones.

En 1931 el Ex Presidente Carlos Ibáñez del Campo firmó un decreto que se declaró feriado el día primero de mayo, como homenaje a la fiesta del trabajo ¿y por qué no del trabajador?

Los historiadores del Partido Comunista Hernán Ramírez y Fernando Ortiz, así como el socialista Osvaldo Arias señalaron que Luís Peña y Lara –“un socialista” que actuaba en el interior del PD- escribió en 1893 “un manifiesto que parece ser el más antiguo hecho en Chile con motivo del primero de mayo”. Dicho manifiesto es en realidad un extenso artículo escrito en El Obrero de La Serena el 29 de abril de ese año. En él se indica que “Hoy (1º de mayo) es el día en que el pueblo hambriento y desnudo formula enérgica protesta contra el orden de cosas existente, contra la organización actual de la sociedad burguesa… Ese grito de protesta lanzado por el oprimido que trabaja y nada tiene, es universal: no reconoce ni fronteras, ni razas, ni nacionalidades[1]

Hay variadas versiones y hechos puntuales que fueron marcando el camino del primero de mayo en Chile, algunos indican que fue por iniciativa de los anarquistas chilenos quienes difundieron las ideas de la lucha en Chicago, mientras otros periódicos de la época daban pinceladas de una lucha lejana que no dejaba ajeno a ningún obrero en Chile, lo que sí, es que es una fecha desviada, una fecha malinterpretada. Debido a la naturaleza altamente emocional, ideológica y rebelde,  el 1 de mayo, más que cualquier otro evento por separado, inculcaba un sentimiento de identidad de clase en los trabajadores urbanos”[2] Cosa que hoy en día existe como un vago recuerdo del pasado.

Pero “siempre hay espacio”, como diría Antonio Gramsci, Revolucionario Italiano de principios del silgo XX. Hoy en día vemos como los trabajadores incipientemente han salido en noticieros, en conversaciones, en discusiones y en las calles: Portuarios, Mineros, Trabajadores del Retail, Correos de Chile e innumerables empresas contratistas han sido protagonistas del acontecer nacional el pasado 2013 ¿Qué pasará este año? No sabemos, pero lo de lo que si podemos tener certeza es de que una vez más y luego de 40 años los trabajadores están tomando conciencia de su rol en la sociedad, de su condición en la vida y de su tarea histórica: Romper contra toda explotación, mejorar sus vidas en pos de barrer con todo un sistema de expoliación y opresión, así mismo como los trabajadores de Chicago, quienes expusieron sus vidas por tal causa y que lograron que hoy en día se mantenga una conquista histórica para todos los trabajadores en el mundo.

 


[1] Fernando Ortiz, op. cit., p. 144; Hernán Ramírez, “Origen y Formación del Partido Comunista de Chile”, en Obras Completas V. II, LOM, Santiago, 2007, p. 188

[2] Peter DeShazo, “Trabajadores urbanos y sindicatos en Chile: 1902-1927”, Centro de Investigaciones Diego Barros Arana, Santiago, 2007, p. 231.