La Historiografía Mundial y su veracidad en la Información

 

 

El enfoque histórico tradicional está vinculado con algunos autores que han desarrollado críticas a los trabajos de fichajes y a la objetividad en el manejo de la información de las fuentes.

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La historia como disciplina científica ha desarrollado a través del tiempo una serie de métodos y recursos para analizar sus objetos de estudio, en este contexto Enrique Moradiellos nos señala la existencia de tres principios axiomáticos:

 “La historia como disciplina científico humanista es también tributaria de tres principios axiomáticos inexcusables que sólo comenzaron a observarse conjuntamente a partir de finales del siglo XVIII. Estos principios constitutivos de la racionalidad histórica constituyen una trilogía de axiomas que el gremio de historiadores considera desde entonces como esenciales y definitorios de su disciplina, hasta el punto de que la ausencia o negación de alguno de ellos invalida cualquier relato con pretensión histórica:

1.         El principio semántico de naturaleza crítica, que exige que todo relato o narración histórica debe estar apoyado y soportado sobre pruebas y evidencias materiales que sean fisicalistas, verificables y cotejables empíricamente por los diversos investigadores. Dicho principio semántico está en la base de la convención gremial que obliga a dar la referencia precisa para localizar sin duda o ambigüedad todo documento o material citado o utilizado en el relato historiográfico, para posibilitar su consulta y examen por otros investigadores.

2.         El principio determinista genético (o de negación de la magia y exclusión de la generación espontánea) que postula que cualquier acontecimiento humano surge y emerge necesariamente a partir de condiciones previas homogéneas y según un proceso de desarrollo interno e inmanente. Por eso, la interpretación histórica supone que el proceso histórico de las sociedades humanas evoluciona por concatenación interna y descarta la intervención de causas exógenas (como la Providencia divina, los astros o el azar absoluto).

3.         El principio de significación temporal irreversible, que obliga a respetar escrupulosamente la llamada ‘’ flecha del tiempo’’: la naturaleza direccional y acumulativa del paso del tiempo en el sentido obligado de pasado fijo a futuro abierto a través de un presente en construcción y sin círculos ni bucles en su despliegue. En consecuencia, la cronología (la medida humana del paso del tiempo astronómico) se configura como un vector y factor de evolución irreversible exclusión de cualquier anacronismo o ucronía en las interpretaciones y relatos históricos”. 

La ciencia histórica busca determinar la confiabilidad de las fuentes utilizadas, así como explicitar el marco ideológico, bajo el cual se accede  a los hechos y se da cuenta de ello en la construcción de la historiografía, debido a que tal aspecto influye claramente en la visión del proceso histórico que se analiza. En este sentido debemos tomar en cuenta que nuestra investigación se basa en fuentes formales y oficiales; este hecho nos lleva a plantear la necesidad de utilizar un enfoque historiográfico tradicional, que fue planteado por autores como Ranke, de quien Moradiellos comenta:

Ranke practicó y propugnó la búsqueda exhaustiva de documentos archivísticos originales, su verificación, autentificación y cotejo mutuo, y su utilización como base fundamental, y en la medida de lo posible exclusiva, de la narración histórica. Esta metodología empirista, de naturaleza positivista en su apego fidedigno al documento (lo positum: lo dado), era solidaria de una concepción ‘’ descripcionista’’ de la ciencia histórica: el esfuerzo metódico de investigación archivística permitiría establecer los hechos y proceder y reconstruir una imagen real y verdadera, objetiva, del pasado tal y como ‘’ realmente sucedió’’.

Incluso  el desarrollo de la historiografía depende de:

“La construcción de una historia sólo puede basarse en la experiencia investigadora y en la reflexión crítica sobre ella. La respuesta acerca del objeto de la historiografía tiene mucho que ver con el propio tipo de contribución historiográfica que una investigación concreta pretende y representa”.

Asimismo la historia tradicional, nos dice que el estudio mismo de esta ciencia humanística, debe trabajar siempre con rigurosidad en el análisis de su objeto de estudio, es por ello que;

“Ranke identifica la objetividad con la imparcialidad y define a esta última como la elevación por encima de «los puntos de vista partidistas» y la visión de la «peculiaridad» de cada una de las partes en conflicto. La imparcialidad consiste, por tanto, en conocer y no juzgar: alcanzamos «la intuición de la esencialidad de los elementos que se oponen y luchan; no mediamos entre ellos; no tenemos en absoluto que juzgar sobre error y verdad». En suma: «No queremos hacer política, sin ver las cosas tal como han sido». En esta abstención del juicio intervienen dos factores. Por una parte, Ranke considera que con frecuencia los historiadores distorsionan el pasado al juzgarlo a la luz de los conflictos del presente. Por otra parte, Ranke busca «en el error la verdad», ve «toda existencia como penetrada por la vida originaria»: «Podemos ver el error, pero ¿dónde no habría error? No por ello condenamos la existencia. Ciertamente, al lado de lo bueno reconocemos lo malvado, pero se trata también de algo humano”

Además, en el estudio de la historiografía, Burke nos señala que:

“Según el paradigma tradicional la historia debería basarse en documentos. Uno de los mayores logros de Ranke fue su exposición de las limitaciones de las fuentes narrativas –llamémoslas crónicas—y su insistencia en la necesidad de basar la historia escrita en documentos oficiales procedentes de los gobiernos y conservados en archivos. El precio de este logro fue el olvido de otros tipos de prueba… los registros oficiales expresan, por lo general, el punto de vista oficial. Para reconstruir las actitudes de herejes y rebeldes, tales registros requieren el complemento de otras clases de fuentes”.

A su vez, según la Revista Electrónica de Historia de la Universidad de Costa Rica nos dice que:

Ranke denostó la verosimilitud pues estaba en contra de que argumentos basados en la ficción se infiltraran en las historias con el fin de establecer con veracidad lo sucedido en el pasado. Asimismo, condenó el uso que la retórica daba al lenguaje, pues entendía que la retórica era una estrategia del discurso que se caracterizaba por usar la persuasión y por carecer de demandas de veracidad, o bien –como podría pensarse— por usar trucos de lenguaje. La historiografía científica –propuso Ranke–, debía usar el lenguaje únicamente para articular los resultados de la investigación.

Por otra parte, Julio Arostegui nos entrega una concepción interesante de Langlois y Seignobos al respecto:

“No hay que creer que se aplica a una especie de hechos. No hay hechos históricos como los hay químicos. El mismo hecho es o no histórico según la manera como se le conoce. No hay más que procedimientos históricos de conocimiento… el carácter histórico no está, pues, en los hechos, sino tan sólo en el modo de conocerlos” 

El señor Pérez Navarro señala que Ranke:

“En el prólogo a su primer libro, las Historias de los pueblos románico y germánicos entre 1494 y 1514 (de 1824), Ranke explica de la siguiente manera que su objetivo principal es exponer la realidad del pasado y no emitir juicios de valor sobre ella: «Se ha atribuido a la historia la función de juzgar el pasado, de instruir al mundo contemporáneo para beneficio de los años futuros”.

Todo investigador tiene la necesidad de conocer y de saber, esto surge de su curiosidad, Ante la imposibilidad de una certeza absoluta de la verdad histórica que impulsa directamente a los historiadores a cuestionar, a indagar y por ende a adquirir los conocimientos que le permitan evolucionar y trascender. Por lo cual;

Se ha dicho que una originalidad destacada de la historiografía se encuentra exactamente en que su objeto real permanece más oculto que el aparente: “la exploración de los mecanismos temporales” es lo que debe constituir la contribución particular de la historiografía, según se ha señalado. O bien, “el tiempo es quizás el único verdadero objeto de la historia” estas afirmaciones, que compartimos plenamente conceden todo su valor, en efecto a lo que es un elemento  especificador, diferenciador, en toda explicación histórica: la determinación y la explicación del tiempo histórico”.

Entre los argumentos que desarrollo Ranke, según el Señor Jorge Pérez Navarro, se encuentra:

“En contradicción con el punto de vista aquí manifestado, se supusiera que este progreso consiste en que en cada época la vida de la humanidad se potencia con mayor altura, de modo que cada generación supera por completo a la anterior y la última es la preferida, mientras que las anteriores sólo son las portadoras de las siguientes, esto sería una injusticia de la divinidad. En sí y para sí, esta generación mediatizada (por decirlo así) no tendría significado alguno. Sólo significaría algo en la medida en que fuera el escalón de la generación siguiente, y no guardaría una relación inmediata con lo divino.”

Más aun;

“Ranke vuelve a radicalizar la cuestión de la objetividad en pasajes como éste: «Nos dicen que es imposible entregarse por completo al objeto, hacer que sólo él y tal como es opere sobre nosotros, recibirlo en nosotros mismos y reproducirlo, pues cada cual aporta su opinión preconcebida, su manera de interpretar. A ello hay que replicar que no queremos investigar si esto ha sucedido ya en alguna ocasión; pero que como el objeto lo exige, lo trae consigo, no dudamos en que puede suceder». Pues el historiador es «únicamente órgano del espíritu general, que a través de él habla y se hace presente a sí mismo» Que el ideal de objetividad se cumpla en mayor o menor grado depende, en opinión de Ranke, de la «fuerza moral» la cual probablemente está relacionada con lo que Ranke considera el primer requisito de la investigación histórica: el «amor puro a la verdad» Así las cosas, Ranke llega incluso a comparar el oficio del historiador con el «sacerdotal», entre otras razones porque «con toda imparcialidad dirige su atención al objeto mismo, y a nada más»”.

Es por ello que;

“La concepción de Ranke sobre la historia, muy influida por el idealismo y el nacionalismo propios de Alemania, se basa en la idea de que la historia se refiere menos a los “grandes hombres” que a las naciones, las civilizaciones, las épocas del pasado y, sobre todo, los Estados. En su obra histórica, Ranke da prioridad a la historia política y diplomática, analizando los Estados de la Europa moderna como “entidades espirituales” que sólo pueden ser comprendidas a través de sus rasgos característicos propios; sin embargo, advertía que los historiadores no debían equivocarse en considerar la historia como un simple agregado de hechos particulares, sino tener presente el carácter universal de esta disciplina”.

“Es celebre la fórmula del viejo Ranke: el historiador no se propone más que describir las cosas “tal como fueron, wie es eigentlich gewesen”. Herodoto lo había dicho antes “contar lo que fue, ton eonota”. En otros términos, invitar al sabio, al historiador, a desaparecer ante los hechos. Como muchas máximas, tal vez ésta no debe leerse en ella, modestamente, un consejo de probidad; tal era, sin duda, el sentido que le dio Ranke.”

Aunque;

“La Historia debe ser escrita sólo con documentos de primera mano, es decir “los más puros y más inmediatos documentos” —memorias, diarios, informes, relatos, testimonios, etc.— Dando preferencia a los documentos que proporcionan un acceso inmediato a la comprensión de las intenciones y de los motivos de los personajes históricos

El Historiador sin embargo a pesar de las diferentes posturas con que se pueden abordar la historiografía, no debe olvidar lo que Ranke nos deja, como un sabio consejo de honestidad, de no mezclar nuestras opiniones con los acontecimientos porque esto juega en detrimento  y se pierde el objeto de estudio y por ende no podríamos conocer o dar a conocer la verdad objetiva y ésta sólo se debe analizar por un rumbo metódico y es por eso que;

 “En 1862, Ranke dice a sus alumnos de la universidad de Berlín: «La intención de la investigación histórica consiste en conocer la verdad de los hechos por un camino metódico; y el espíritu de la exposición histórica consiste en hacer presente esto como algo objetivo» Unos años antes ya les había explicado que la historiografía aspira a «la intuición [Anschauung] de lo objetivo», a «hacer visible lo pasado como algo presente”

De acuerdo a Karl Popper para alcanzar un nivel de objetividad en la construcción historiográfica se deben de cumplir una serie de requisitos:

“Primero, ha de ser sintético, de suerte que pueda representar un mundo no contradictorio, posible; en segundo lugar, debe satisfacer el criterio de demarcación (cf. los apartados 6 y 21), es decir, no será metafísico, sino representará un mundo de experiencia posible; en tercer término, es menester que sea un sistema que se distinga —de alguna manera— de otros sistemas semejantes por ser el que represente nuestro mundo de experiencia”.

Es decir “la experiencia” resulta ser un método distintivo mediante el cual un sistema teórico puede distinguirse de otros.

“Pero, ciertamente, sólo admitiré un sistema entre científicos o empíricos si es susceptible de ser contrastado por la experiencia.
Estas consideraciones nos sugieren que el criterio de demarcación que hemos de adoptar no es el de verificabilidad, sino el de la falsabilidad de los sistemas. Dicho de otro modo: no exigiré que un sistema científico pueda ser seleccionado, de una vez y para siempre, en un sentido positivo, por medio de contrastes o pruebas empíricas: ha de ser posible refutar por la experiencia  un sistema científico empírico.”

Entonces para Popper sólo forman parte de la ciencia sólo aquellas afirmaciones que puedan ser falseadas o refutadas, por ejemplo la religión y la astrología son aseveraciones que no forman parte de la ciencia, por no tener ninguna experiencia que las pueda hacer falsas.

La experiencia nos permite distinguir la información que el investigador tiene a disposición, pero por medio de contrastes y pruebas prácticas para comprobar su eficacia.

Pero en fin, recordando lo que hemos leído, Leopold Ranke hace referencia a la función del historiador y a su calidad moral para ser objetivo, es por ello que Henry Berr a continuación nos explica la articulación de diversas causalidades para su gran concepto la síntesis histórica;

“A consecuencia de la naturaleza de las cosas, la causalidad se nos presenta aquí con particular complejidad, cuyo estudio sea tal vez provechoso para la inteligencia de la causalidad universal. En eso consiste el carácter propio de la verdadera ciencia, en Historia, es decir, conllevar para la explicación integral la investigación de diversas causalidades y de la relación que mantienen entre esas  causalidades. Del entendimiento de esas diversas causalidades resulta la articulación natural y orgánica de la síntesis histórica. En la relación de esas causalidades consiste el problema capital de la síntesis histórica. Hechos contingentes, leyes, razones; relaciones de contingencia, de la necesidad y de la lógica: estas cuantas palabras reducen la Historia a sus elementos simples e iluminan la actividad del historiador que quiere realizar obra científica”   

A la hora de ‘’historiar’’  la historiografía tradicional nos resalta que un requisito primordial para esta labor vendría siendo ‘’El Amor a la Verdad’’, ampliando más este tema Henry Berr nos dice lo siguiente;

“Lo que denominamos concepción subjetiva de la Historia no se debe confundir con una concepción actualmente periclitada para los espíritus avizores. El tan discutido problema de si la Historia es un arte o una ciencia, ya se ha resuelto de manera definitiva. La Historia es una de las formas de la investigación de la verdad, no es un género literario. De la misma manera que un tratado de Biología o Psicología, tampoco la Historia conlleva preocupaciones estéticas. Si un libro que ha contribuido a establecer la verdad es, además, una obra bien escrita y hermosa, se trata de una circunstancia venturosa y es una especie de lujo, de superfluidad. Un historiador no está obligado a escribir como un Fustel de Coulanges, como tampoco un biólogo de redactar como lo hacía Claudio Bernard; pero, por lo mismo que hay una cierta manera de exponer y de expresar las verdades más positivas –aun las exactas-, manera o forma que revela los méritos del fondo, también la historia puede revestirse de una semejante belleza formal, belleza severa que no es otra que la brillantez, el esplendor de la verdad”.

En la historia, como concepto central de estudio, son variadas las definiciones como también los tipos de contribuciones en la construcción de la historia propiamente tal, que los mismos eruditos nos entregan por medio de sus escritos, dependiendo claramente de la postura, tendencia o corrientes historiográficas que estos pertenezcan o estudien; es por ello que en síntesis decir que la Historia es una ciencia sería descubrir el oro, es por ello que debemos seguir los tres principios axiomáticos que nos mencionó Moradiellos los cuales son irrenunciables para la construcción histórica que realice el historiador estos nos hablan en primer lugar de que toda información este basada en documentos verificables, segundo es la negación de la magia descartando cualquier influencia exógena en los procesos de las sociedades humanas y tercero respetar la naturaleza direccional del paso del tiempo “flecha del tiempo”, es por ello que el realizar y trabajar la Historia consiste en la búsqueda exhaustiva de documentos archivísticos originales y su utilización como base fundamental en toda investigación como bien nos menciona Jorge Pérez Navarro en su trabajo sobre Ranke “no queremos hacer política, sin ver las cosas tal como han sucedido”, es primordial no distorsionar la historia ya que los argumentos basados en la ficción juegan en detrimento de la historia, como también que la retorica es una estrategia de persuasión y es así que el lenguaje solo se debe usar en la historia únicamente para articular los resultados de la investigación. Es por ello que su objetivo principal de estudio es exponer la realidad del pasado y no emitir juicios sobre ella, en definitiva, la intención de la investigación histórica consiste en conocer la verdad de los hechos por medio de un camino metódico para poder realizar un estudio objetivo, lo cual nos explica Karl Popper al precisar la información realizando distinción por medio de la experiencia empírica. Pues bien, la Historia no es una ciencia, aunque también trabaja el dato duro, teniendo en cuenta esto la historia es la investigación de la verdad como nos dice finalmente Henry Berr.


FUENTES:

1) Moradiellos, Enrique, El Oficio del Historiador.

2) Aróstegui, Julio,  La Investigación Histórica:  Teoría y Método.

3) Pérez Navarro, Jorge, Historia magistra politices. Notas sobre la conexión entre teoría de la historia y teoría política en Ranke.

4) Burke Peter, Formas de hacer Historia.

5) Popper Karl La lógica de la investigación científica.

6) Berr Henry, La evolución de la humanidad.

 

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