Estadía en la Clínica Oriente

A las nueve de la noche llega una enfermera con cuatro pastillas y un vaso de agua, me lo entrega, lo tomo y luego de beber toda el agua me hace abrir la boca y revisa minuciosamente que no queden rastros de pastillas, luego se marcha pero no sin antes dejar la condena puesta, asegura volver.

Al cabo de algunos minutos vuelve con una bandeja metálica llena de especies quirúrgicas y una estructura metálica, alta y con ruedas, que tiene dos ganchitos en la parte superior, la mujer saca una mariposita, que es una aguja con dos plásticos azules pequeños en la parte superior, y una manguera fina, me agujerea el brazo, al no encontrar vena, agujerea la mano, al no encontrar vena, agujerea la otra mano, al fin logra su objetivo, rápidamente pone instala una manguera y sube la bolsa, exactamente igual a la de los sueros pero en este caso son antidepresivos y otras drogas utilizadas para tranquilizar, luego se marcha, nuevamente asegura que volverá, e igual que la vez anterior demora unos segundos y vuelve, trae una máquina para tomar la presión, lo deja instalado en el otro brazo, apaga las luces y me dice: “buenas noches, que duermas bien”, yo pienso en el fondo de mi cabeza metralleta  <<¡que duermas bien!, claro seguramente con todo esto dormiré bien…>>

Las mañanas son hermosas, Antofagasta es el vapor de un baño de agua caliente en la mañana, es el esfínter de un gato a poco recorrer en la madrugada de él obrar, es una burla amarilla completamente salida de tono, con fáciles serenidades marina, aroma a sable y quebraduras tornasoles completamente hermosas. Los arboles del recinto esperan medios escarchados la salida del sol, y el sol que no es malo apresura su llegada y se entrega completo, hermosamente completo, con su linaje misterioso lleno de historias del infierno, el fuego asegura cualquier comunicación extraoficial, o mirada irreverente, el sol es fuego, tal como las fogatas infantes en una caleta de pescadores, la gente empieza a moverse, se descongelan sus carnes y sacuden sus pies.

Publicidad

Vuelve la enfermera risueña con cara aliviadora y per turbante, con la expresión de felicidad, feliz porque esta mejorándole la cabeza a unos cuantos tipos perturbados, oh feliz porque en treinta minutos termina su turno y puede volver a su casa y dormir la tarde completa en fin, la enfermera llega nuevamente con una cajita de pastillas y un enorme vaso de agua, vuelve a proporcionar las pastillas en la boca y un vaso de agua al seco, se marcha y deja un registro de silueta carmesí etéreamente arrebatadora.

Siento un ruido como de piedra, un ruido frágil, una mordaza de dinosaurio empastando el ocaso, siento juicio de domos polarizados, un esqueleto mayoritariamente Calipso, siento un gato subiendo por mis piernas, dejando frescamente un ronroneo, asegurando una mirada clave, una sacudida de ultimato, mátame, mátame, mátame>>>.

En el patio esperan los chicos, todos con sus propias historias, el frio me carcomía las carnes, entré a la habitación y empecé a teclear en la máquina un poema:

PAJAROS

La pajarita despertó insana,

Insana de pájaro por roer.

Sube a la pájara madre

Intenta rociarla con miel.

 

Me preguntas fresca meláncola

el viento sabiendo que de sangre,

respuesta alguna, podría dar.

 

Me cantas de los pescadores de puerto metralleta,

tiranía cristiana en los cerros de la luz,

pero te mueves debajo de la cama y llegas caracha

a sobreponerte en la ciudad.

Donde a tu niño extrañas más herida, madre que jamás parió.

 

Armas un colach de vino

pronunciando el Busdismo

en ataduras emplumadas.

Alejándote del karma me confiesas en silencio

-“no estoy loco”-

 

 

 

Vamos a la rama frágil,

sustancia del limbo.

Vuelas hacia donde estoy sin provocar los fines…

 

Miro el mioporo armando máscaras

Y lo he oído desatar plegarias para el invierno próximo.

He dejado piedras para armar un nido de sangre.

 

Estoy solo y limpio …¿desde dónde empiezo? ¿hacia dónde estás?

Bajo la luna libre de trópico y pampa,

En la habitación incoherente del  aymara-zen…