“Un pequeño Accidente”

Tanto amo a mi mujer… con ella vaciamos toneladas de cajetillas de cigarro al ritmo del té, en un piso alto con vista a la calle.

El reloj está detenido hace muchos años y los días son casi eternos. Tomamos el té desde la distancia en una tetera eterna que da giros desde la cocina, gritando ser apagada, casi rompiéndose las cuerdas bocales, luego se funde, porque fue más hermoso derretirnos en el sillón con los labios dulces de clonazepam, en esas románticas meditaciones.

Un tipo lleva el pan en una de esas camionetas blancas con cubierta, va veloz y nada le impedía hacerlo, mi mujer aprieta mi mano y me señaliza, pensando tal vez en esos enormes días que pasamos llenándonos los estómagos con agua y harina, tal vez tenía hambre, no lo sé. Una ambulancia derrite el pavimento en la calle que cruza a la del panadero y sin señal ni alarma deja estallar ese vehículo debajo de nuestra vista, con la quietud de lo prohibido.

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Mi mujer se pone de pie y camina a la cocina, tiene una figura hermosa, me gustan sus besosen la complicidad de la habitación, cuando las paredes dejan caer un frio fluido que es para mítodo, o casi todo lo que deseo en esta vida.
Ella me reclama:

-Hey, pipi, ¿Por qué no empiezas un nuevo libro, no te desespera esta quietud?
-Amor, estoy tan bien en este lugar, debajo del sillón ahí dos mil pesos, anda y ve por un vino.
-¿¡Y las palabras mágicas!?
– Por favor amor, por favor.

Quedé solo unos segundos y la gente se empieza a apelotonar sobre los autos. Veo el movimiento, tarda bastante en llegar la policía en fin, un caos.

Los primeros “civiles rescatistas” sacan un pequeño bulto ensangrentado, supe después por los diarios que se trataba de una pequeña niña de 6 años, sufrió las torturas pertinentes de esta vida y dios o el diablo la privilegió en un momento irrespirable.

Veo a mi mujer pasar a media cuadra del suceso, la ví no inmutarse por nada. Miró un par de veces ligeramente y continuó la caminata, no saben lo bella que es. A veces llora con un tono de complicidad después de que estalla mi oleaje en su vientre, llora por los atormentados de este mundo, por los condenados y esos sucesos irrecuperables que ablandan el alma de algunos. Luego aleja mi mano pesada de su pecho y me besa, manchándome de lágrimas,¡alma querida!, oh, apresados corazones y la condena.

La veo luego pasar de vuelta con una bolsita negra, se detiene tiernamente sobre los cuerpos que esperan aún por mejor auxilio y vuelve a nuestro hogar.

Se me ha sentado en las piernas y me ha prendido un cigarro, también me da de beber, me besa y al oído murmura:

-Amor he visto el desparramo de albóndigas, esa cabecita estaba completamente reventada.
-¿Qué harás ahora para olvidarlo? (dije entristeciendo mi voz)
-Yo ya no lo sé, (echa un profundo trago de la botella de vino), ¿Qué harías tú?
-No lo sé amor, beber supongo.
-Beber, cariño.

Al cabo de cuarenta o tal vez cincuenta minutos llegó una ambulancia, tal vez a prestar ayuda. Supe luego por la prensa, que ya era muy tarde, de seguro esperaba una órden, o habían cosas con mas importancia que rescatar a alguien que no impone, porque es una niña que no paga impuestos, no lo sé. En fín, este mundo condenado ha perdido algo, esta medio loco.

Vaciamos una nueva tira de clonazepan, mi mujer vuelve a encender la tetera y le adelanta una hora al reloj que no tiene pilas, bebemos un poco más…

Amo tanto a mi mujer que aún a veces siento estar dormido, calor, frío, ciudades del mundo…

-¿Un poco de tv?, ¿está bien?…
-No, no querido, mira que el canosito revuelve su gabinete.
-Mira amor, has visto lo de abajo. Ese es un gran accidente, que tengamos el gobierno que tenemos es un pequeño accidente.
-¿Por qué?
-Porque aún se pueden revertir las cosas.

Me besa tiernamente y nos derretimos en el delirio de esperar enajenados a que otro suceso sobre las narices nos deslumbre…