La necesidad de cuidar las relaciones con los países vecinos

La explosión de una mina antipersonal en la frontera entre Chile y Perú, específicamente, en el paso fronterizo de Chacalluta, que costó la vida de un ciudadano peruano, ha vuelto a abrir el debate respecto al proceso de desminado al cual Chile se suscribió bajo el ingreso de la Convención de Ottawa.

La tarea, iniciada en el año 2002, lleva hasta la fecha alrededor de 50 mil minas anti personales y anti tanques eliminadas. Sin embargo, por más que la tarea diaria y constante del Ministerio de Relaciones Exteriores, Cancillerías y consulados, se desarrolle por los mecanismos institucionales, poco es lo que resalta a la vista. Son hechos como estos, lamentables, dicho sea de paso, los que vuelven a situar en la agenda, por más fugaz que sea, a la cartera de Alfredo Moreno.

Las relaciones entre Chile y Perú, se encuentran en un momento de tensión máxima, producto de la demanda marítima en la Haya interpuesta por el gobierno peruano. Esto además ha significado, la puesta en marcha de una hábil estrategia política por parte del gobierno de Humala en contra de Chile. Casos para citar hay varios, desde el reproche del gobierno peruano a la publicidad en los aeropuertos de dicho país, que recomiendan Chile como destino turístico; o  la imagen que Perú se ha encargado de imponer en el círculo de los jueces que litigian respecto al tema de Chile con Perú, es la imagen de un “mal vecino” en el caso de Chile, y de un Perú disminuido, cual víctima del compañero más rudo del curso.

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Teniendo en consideración el litigio con Perú en la Haya; y la afronta boliviana que pretende Evo Morales materializar en la próxima Asamblea de la OEA, en donde apelaría a que el conflicto con Chile es algo que compete al “hemisferio” y no un problema de índole bilateral. Es sumamente importante para Chile, cuidar las relaciones vecinales, seguir el camino del trabajo diplomático, entendiendo las implicancias que ello conlleva, como es el uso de la maquinaria del lobby.

Pero por sobre todo, es de vital importancia potenciar una imagen de un Chile capaz de hacer frente con altura y madurez política, los conflictos con sus vecinos, por más que se demande al Estado chileno ante un Corte Internacional, o se propicie una política ideológicamente contraria a los intereses de Chile.

Para Chile, lo anterior debe representar una hoja de ruta, considerando que el país, por muchas décadas se ha valido de su “perfecto aislamiento” para legitimar un política exterior netamente económica, con dirección al Asia pacífico, y tratados económicos de carácter bilateral con algunos países de la región, pero en suma, una escasez de proyectos políticos hacía América Latina. Incluso actualmente, Chile mira hacía México, en vez de Brasil, lo cual demuestra lo poco que las autoridades y políticos entienden sobre la importancia estratégica que posee Brasil actualmente en el sistema internacional, y lo interesante que sería contar con su apoyo en diversas materias.

La situación actual, en la cual se circunscribe Chile respecto a Perú y Bolivia, es el resultado de la poca seriedad con que medimos a nuestros vecinos, junto a un exceso de confianza. Esto, debido principalmente a dos hechos puntuales. El primero, como mencionaba anteriormente, es que las autoridades han sido constantemente negligentes en su actuar, puesto que, no se dimensionó la capacidad de respuesta peruana,  respecto a sus demandas marítimas, es decir, se les menospreció.

El segundo elemento, dice relación con la vaga capacidad de negociación que se llevó a cabo. Digo esto, por la sencilla razón de que, se instaló en cada gobierno de la Concertación, una especie de actuar “mecanizado” para enfrentar el tema del Perú. Pareciera ilógico si lo pensamos ahora, una vez que enfrentamos la demanda marítima, que el Perú se iba a contentar con cada gobierno de la Concertación sólo con negociaciones de fantasía y promesas huecas, que se dirigían a un callejón sin salida. Es por ello, que en esta materia, hay una responsabilidad que asumir.

En síntesis, el Estado chileno no puede darse el lujo de mantener una diplomacia pobre con sus vecinos más cercanos, aquellos que pueden determinar notablemente el desarrollo y conducción del gobierno de turno y condicionar tanto el clima interno, como la estructura y división territorial del país. En este sentido, una negociación madura, que implique respeto e igualdad de condición frente a la contraparte; junto a una estrategia que no represente un juego de suma cero para los Estados, sino que, se pueda llegar a un resultado paritario, es lo que se debe comenzar a poner en práctica.

Chile tiene historia en cuanto a litigios internacionales, solo es cuestión de revisar los libros, y observar cómo hemos sucumbido ante la lógica de la repartición justa, como lo sucedido con Laguna del Desierto y la pugna Argentina. Un ejemplo más reciente, campos de Hielo Sur. El tiempo ya pasó, pero es momento de empezar a tomarse las cosas con mayor seriedad.