Lo guachaca ha muerto, que vivan los atorrantes

Dióscoro Rojas es ese viejito con pinta de guachaca que aparece normalmente en la tele, rodeado de gente linda, hablando de los pobres, de las tradiciones de la República, del pueblo y las tradiciones populares. Es como comer pernil con kétchup. Nadie tiene menos República que los pobres, creer que las tradiciones de la elite tienen algún punto de convergencia con las tradiciones de lo popular es creer precisamente que el pernil puede quedar más rico si lo riega con kétchup.

Dióscoro Rojas ha transformado la cultura de lo guacacha en un lucrativo negocio personal, casi como una marca registrada. Reivindica la pobreza y las costumbres del bajo pueblo pero en la más completa ausencia del pueblo que reivindica por la tele, tanto, que no habría sido demasiado difícil imaginarlo lanzando el recetario de Lavín, total, plata es plata.

Hace años que la “Cumbre Guachaca” viene saqueando el patrimonio cultural de los pobres. El costo de la entrada, el precio del primer y único terremoto, el pernil, la sopaipilla o el valor del mote con huesillo son una seguidilla de palos en pleno hocico para el obrero o para los hijos del obrero. ¿Cuánto gana Usted como para comerse un huevo duro por $500?. La Cumbre Guachaca es entonces un evento carito, pa que los cuicos que hacen pebre con la cebolla remojada vayan a sentirse un rato como rotos pero en ausencia absoluta de rotos de verdad, porque a la cumbre no van los cargadores de la vega, ni los cuidadores de auto, ni los vendedores de abarrotes, ni los de fruna, ni los viejos que andan todo el día profundamente hediondos a pescado y marisco.

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La elección del último Rey Guachaca, el conductor de televisión Polo Ramirez, ha sido la gota que terminó de rebalsar el vaso. Autodefinido como “malazo para el trago”, es de los cuicos que le da “puros sorbos cortos” al terremoto como dice él mismo y que no come pebre en las mañanas “porque es muy fuerte”. ¿Qué cresta es todo eso?. Puede los organizadores excusarse en el hecho de que ha sido la gente la que votó por el conductor de televisión, pero la gente, así como con el binominal, vota por los candidatos que le ponen pa votar.

La verdad es que han terminado por privatizar lo guachaca, le robaron todo lo que parecía pueblo y lo transformaron en una carta de restaurant con precios del barrio alto. Se trata básicamente de un proceso comercial de despojo, un ultraje cultural  obsceno y cara dura. Un oportunismo que le arranca unos minutos a la tele pa tener una buena vitrina que garantice el éxito también comercial de la “cumbre”.

Que venga lo atorrante, eso que huele a pueblo bajo, a comida en la calle, a pescado frito y aliento de cebolla crudita. Que venga todo eso que no es lujo de vitrina, que es vida con olores, lugares y sabores que nacieron por condición, no por opción para adornar el rostro farandulero de los que la peinan de guachacas rodeados de tetas con silicona y sonrisas de blancura costosa.

Atorrantes del mundo, UNIOS!