Los niños encapuchados de Chile

Una brumosa madrugada de invierno hacía tanto frío que todos los niños de Chile se pusieron pasamontañas. Iban a la escuela, con sus manitas heladas y el sueño desbordante que entornaba sus miradas infantiles. La escarcha  dibujaba   sus zapatos con pequeñas estalactitas que parecían brillar en medio de la niebla. Y caminaban los niños y niñas de Chile, en un misterioso silencio, como lo hacen cuando van al colegio en aquellas gélidas mañanas. Ateridos iban, serios iban, sin entender la obligación de levantarse tan temprano día tras día. Su desconcierto fue mayor cuando agazapados en una esquina creyeron vislumbrar un par de sombras, oscuras como la más oscura de las noches de lluvia. Sombras espesas de terciopelo, de espanto, que les observaban desde las profundidades de quien sabe dónde.

Fue tal la turbación, que miraron por encima del hombro porque creyeron sentir el hedor a la muerte resoplándoles en la nuca, aunque nada sabían de muertes. Hundieron las caritas en sus  capuchas para protegerse aún más del frío, pero, por sobre todo, de aquellas sombras que no lograban descifrar. De pronto los policías, armados hasta los dientes, asaltaron los paraderos, se subieron a las micros para detener a los niños y niñas de Chile por el delito de usar pasamontañas. Y los niños arrancando por entre la niebla, y las madres llorando entre forcejeos y golpes, y los padres acezando en su desazón. Los carros lanzaguas rodearon los furgones escolares, los policías lanzaron bombas lacrimógenas al interior de los vehículos y los jardines infantiles y los colegios. Los niños lloraban sin entender lo que sucedía mientras los subían a golpes para llevarlos a lugares desconocidos.

Pensaron que era un sueño, que luego les despertarían para ir a la escuela, pero algo era distinto de otros sueños de otras tantas noches. Los olores lacerantes, los ruidos cavernosos, las lágrimas como océanos perdidos. Algo era distinto, murmuraban sin sus capuchas que se las  arrebataron con furia y sin conmiseración. Y ellos desnudos ante lo desconocido susurraban sus angustias de niños, porque nada sabían de aquel Sr. Hinzpeter que parece quiso aprobar una ley que prohibía las capuchas en las marchas so pena de ser detenidos y encarcelados los manifestantes. Al menos así les contó alguien desde un rincón de las celdas donde lloraban los niños y niñas de Chile. Y ellos desnudos sin entender un país donde el presidente ofrece bonos para premiar a las mujeres que tienen más de dos hijos, hijos como ellos que no pueden usar pasamontañas en una glacial mañana de invierno. Entonces, cavilaban, ¿Para qué más hijos si no pueden protegerse del frío? ¿Para qué más hijos si no pueden estudiar? 100 mil pesos les gritó alguien, 100 mil pesos es el bono que les darán por aquel gesto glorioso de ofrendarle un niño a la Patria.

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En la lobreguez de sus calabozos los niños y niñas de Chile se preguntaban desde su  inconmensurable ternura si es que a ese retoño patriota le darían bonos toda la vida para que tuviera acceso gratis a la educación, a la salud, al deporte, al arte; si es que podría casarse con quien quisiera sin importar su sexo, y tener anticonceptivos gratis o la píldora del día después también gratis; divorciarse sin pedirle permiso a nadie o cultivar marihuana sin molestar a nadie tampoco. Y ¿Podrá tener educación, salud, casarse, divorciarse, cultivar marihuana, aunque use capucha hasta en verano si lo desea? Alguien dijo: parece que no, que no se puede en este país y que no se les ocurra protestar en la calle, y si lo hacen, cuidarse de no insultar a un carabinero, aunque te golpee e insulte a tí, porque es un delito muy grave.

 

Así, cuando muchas horas después fueron liberados, caminaron lentamente con sus capuchas en las manos sin atreverse a cubrir sus caritas azuladas de frío por temor, por rabia. Después de un rato simplemente dijeron: ¡Qué se creen, este es mi país también y yo hago lo que quiero! y se pusieron a jugar los niños y niñas de Chile.

Dr. Tito Tricot

Sociólogo

Director del Centro de Estudios de América Latina y el Caribe-CEALC

Chile