El reciente informe “Radiografía Convivencia Escolar”, elaborado por Acción Educar, expuso un diagnóstico crítico sobre la realidad de las comunidades educativas chilenas. El estudio revela que las denuncias por convivencia ingresadas a la Superintendencia de Educación aumentaron un 122% en la última década (pasando de 7.705 en 2015 a 17.076 en 2025), representando además el 75% del total de denuncias del sistema en el último año. En paralelo, los casos policiales por amenazas, agresiones, armas y drogas dentro de colegios crecieron un 74% entre 2017 y 2025.
El reporte advierte que la crisis no solo se expresa en hechos graves o policiales, sino en la pérdida cotidiana de las condiciones para enseñar y aprender en educación básica. Solo un 48% de los docentes considera que existe respeto a la autoridad pedagógica, mientras que a nivel de estudiantes, apenas un 29% declara que se mantiene el silencio necesario para trabajar en clase y un 37% percibe un ambiente tranquilo. Además, el análisis estima que la mala convivencia no solo perjudica la asistencia, sino que resta entre 7 y 14 puntos en las evaluaciones SIMCE.
Ante esta evidencia, Roberto Bravo, director de la red Líderes Escolares y rector de Trewhela’s School, señaló que estos datos ratifican que los problemas de la sala de clases son el síntoma de dinámicas sociales más complejas. “Es clave comprender que la escuela no está produciendo la violencia, es más, está recibiendo las tensiones de una sociedad que ha ido cambiando aceleradamente. Cuando en 4° o 6° básico menos de la mitad de los profesores siente que se respetan las normas o la autoridad pedagógica, nos encontramos ante una alerta que compromete directamente el futuro del aprendizaje”, afirmó Roberto Bravo.
Prevención integral frente al control físico
Respecto del debate en torno a la implementación de Escuelas Protegidas y la Ley N°21.809 de Convivencia Escolar, el rector de Trewhela’s School coincidió con los hallazgos del informe sobre la necesidad de herramientas institucionales, pero advirtió sobre el peligro de enfocar la respuesta únicamente en medidas de control físico como detectores de armas o revisiones de pertenencias.
“Chile necesita escuelas protegidas, pero por sobre todas las cosas necesita una infancia y juventud protegidas. Cuando un conflicto escala a un hecho violento o al uso de un arma, ese fue el último eslabón de una cadena de señales que como sociedad no supimos leer a tiempo. La seguridad real no depende únicamente del control o la sospecha, sino de la prevención, la detección temprana y la convivencia diaria”, enfatizó el vocero de Líderes Escolares.
En esa línea, Bravo destacó que para enfrentar la disrupción y los conflictos se requiere respaldar concretamente a los profesores, quienes evalúan de manera mucho más crítica el ambiente que apoderados y estudiantes, dotando a los colegios de duplas psicosociales, equipos de convivencia con recursos y formación, y estrategias de resolución pacífica de diferencias que no queden solo en el papel.