La invitación a reflexionar que Aysén le hace al resto de Chile

El criterio y función de los medios informativos masivos, específicamente lo que se transmite a través de los noticiarios, está en tela de juicio. ¿Qué es lo que vemos? ¿Están los noticiarios a la altura suficiente, están cumpliendo con su rol formativo de opinión en la sociedad? 

En las últimas semanas hemos sido testigos de un nuevo despertar ciudadano. Esta vez, las movilizaciones y focos de conflictos se localizan en la región de Aysén, presentándose en la agenda como un caso que no estaba dentro de los cálculos de la Moneda, por lo que representan otro dolor de cabeza para la administración Piñera, desde dónde se observa con desdén un nuevo pronunciamiento ciudadano en ese sector tan helado y olvidado como es el Sur de Chile.

Como si se tratase de un germen, propagándose por el país, una especie de epidemia de violencia y desorden  que le hace mal a Chile y al gobierno, y celebrado por algunos, tomando mayor grado de aceptación, con mala intención, maquineado por los sectores ultras, etc. Esa es la línea de pensamiento desde la Moneda y por mucha gente en general. A partir de lo anterior, es bastante razonable preguntarse ¿Por qué sigue habitando en la mente de muchos chilenos esa falacia en relación a la violencia y movilizaciones como si fueran sinónimos?

Muchas explicaciones y argumentos pueden realizarse para responder esta interrogante, pero me gustaría poner el énfasis en una en particular que hace un tiempo me viene dando vueltas. El criterio y función de los medios informativos masivos, específicamente lo que se transmite a través de los noticiarios ¿Qué es lo que vemos? ¿Están los noticiarios a la altura suficiente, están cumpliendo con su rol formativo de opinión en la sociedad? Al parecer están muy al debe, tanto por la limitada y parcelada información que entregan, como por el mensaje que es emitido y los juicios que se emiten dependiendo de la noticia.

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El mejor ejemplo es el siguiente:

Tanto Carabineros, como las autoridades de Gobierno han desplegado una constante campaña -que ya parece marca de fábrica de este gobierno- que es desprestigiar cualquier movimiento social, por la vía del uso reiterado del lenguaje y de imágenes que dejan en claro que la violencia no es el camino para solucionar la cosas, llegando a tal nivel, que el Ministro Mañalich ha llegado a indicar que existe en Chile “una agenda anarquista”[1] Mientras que Carabineros hace lo suyo. El Comandante de la institución en Aysén, Oscar Oettinger aseguró que fueron atacados “con hachas, bengalas y bombas molotov.”[2]

Al escuchar que Carabineros fue atacado con hachas, me imagino una turba enardecida corriendo detrás de ellos empuñando las hachas. Y es aquí, en dónde existe una gravedad evidente, que se refiere a los vicios del lenguaje y de las imágenes vía prensa que se exhiben, cual trofeo de guerra, y la manipulación mediática a favor del gobierno, del orden y la seguridad.

Es por eso que, como ciudadanía cada vez más empoderada debemos detenernos a examinar las noticias que recepcionamos a diario, reflexionar sobre el enfoque de la noticia y atenernos a descifrar los códigos existentes, lenguaje e intención. Junto a esto, debemos criticar la escasa  y parcial cobertura de los hechos en su momento, y cuestionar la masiva cobertura que existe ahora, motivada por un solo factor: la violencia, la cual vende y busca convencer de que en Aysén habita un número de gente movida por la intransigencia y la violencia, utilizando erróneamente ambos términos como sinónimos.

La segunda reflexión que Aysén nos obliga a realizar es una cuestión más de fondo, que es el repudiar el brutal centralismo político, económico que existe en Chile,  a pesar de ser un Estado unitario y fuertemente centralizado, es necesario buscar nuevas fórmulas que permitan obtener una mayor participación ciudadana en la  toma de decisiones, tanto para el ciudadano a pie, como para esa escasa autoridad que es elegida popularmente, como lo es el Concejal.

Sin embargo, más allá de cuestionar las facultades de los Concejales, o la composición y elección de los Gobiernos y Consejos regionales, la gran reflexión que Chile debe sacar de este movimiento es la empoderamiento ciudadano y el protagonismo dentro del quehacer regional.

La toma de conocimiento y control de lo que sucede a tu alrededor, ejerciendo un deber que por muchas décadas pareció olvidarse, el de participar activamente en el desarrollo de tu región, es el primer paso para luego movilizarse, y aún más importante, organizarse, siendo esta la fórmula que nos va a permitir proteger y salvaguardar los intereses de la región.

Este proceso de organización ciudadana, por medio del trabajo en equipo y la composición de mesas transversales compuesta por la misma gente de la región, van a permitir proteger a la ciudadanía a través de sus mismos ciudadanos, además de poner al gobierno en alerta sobre una hipotética expansión o emulación del fenómeno de Aysén, condicionando un contexto propicio para luchar por mejoras como, redistribución económica más equitativa en regiones, reforzamiento de las competencias de autoridades regionales, protección y garantías para los inversores locales y para empresario local sobre las grandes empresas.

Cierro esta columna con una cita de Albert Camus, expuesta por Nibaldo Mosciatti al recibir el premio de periodismo “embotelladora Andina 2010”

“Fue asombroso que muchos hombres que entraron en la resistencia no fueran patriotas de profesión. Pero el patriotismo, en primer lugar, no es una profesión. Es una manera de amar a la patria que consiste en no quererla injusta y en decírselo”[3].

 

“Uno podría cambiar el término patria por humanidad y patriotismo por humanismo. Y uno podría considerar que ese ejercicio de humanismo es el buen periodismo”.- Nibaldo Mosciatti