El 2 de marzo de 2012 se apagó la vida de Daniel Zamudio Vera, quien fue brutalmente golpeado y torturado hasta morir por cuatro individuos vinculados a una agrupación neonazi. Se trata de un crimen que causó conmoción en la sociedad chilena y abrió el debate sobre la homofobia en el país, y la falta de una ley antidiscriminación relacionada con este tipo de crímenes. Tras su muerte y un fuerte debate, la Ley Zamudio finalmente fue aprobada luego de años de tramitación parlamentaria.

La sangre de Daniel Zamudio, brotó de las heridas y golpes que le propinaron conservadores homofóbicos producto de la intolerancia a su preferencia sexual. Se trata de los mismos conservadores y homofóbicos que ahora se victimizan y piden ‘libertad de expresión’ para promover su mensaje de odio y discriminación en un bus. Para seguir cargando con odio las armas que luego se dispararán contra inocentes.

Las opiniones se respetan, cuando son solamente eso, opiniones. Los actos discriminatorios y los actos publicitarios a favor de los atentados a la dignidad y los derechos de las personas no son opiniones, son delitos contra la humanidad, son una apología a la discriminación que debe ser castigada con el máximo rigor.

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No se puede ir por la vida golpeando, matando y discriminando gente o haciendo propaganda a favor del asesinato o la discriminación y luego pedir impunidad en nombre de la libertad de expresión, porque es precisamente la libertad de expresión, la libertad de vivir y tener su identidad sexual, lo que estos grupos fundamentalistas pretenden negar a las minorías sexuales, étnicas y políticas.

El famoso ‘bus de la libertad’ nunca tuvo que ser autorizado para circular por las calles de Chile, más encima con protección policial. Por el contrario, sus promotores debieran estar detenidos y respondiendo ante la justicia por alterar el orden público y atentar contra la sana convivencia en nuestro país, además de llamar abiertamente a vulnerar la ley antidiscriminación, la misma que inspiró la muerte de Daniel, porque sus verdugos fueron los que ejecutaron la violencia, pero son los que hoy promueven y defienden este bus, quienes lo condenaron y siguen condenando a morir.

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