La reciente, bullada y rechazada acusación constitucional en contra de la ministra de educación Marcela Cubillos, deja algo, en un primer momento, de incomprensible, y esto bajo diferentes aspectos. La acusación en cuestión y como todas las otras acusaciones del mismo índole, tienen que poseer un fondo jurídico pues la falta reprochada tiene que desencajar con una figura constitucional para que esta pueda hacerse efectiva. Si bien la “acusación constitucional” tiene envoltura de juicio político, eso es debido esencialmente a la palabra “acusación”, pero el denominativo “constitucional” subraya también la importancia del aspecto formal y solemne. Quizás es este aspecto (jurídico) más fundamental que no pudo demostrar la oposición y que valió que algunos diputados, unos famosos oportunistas, quienes se reconocen en los partidos que la conforman, no votaron por la dicha iniciativa, haciendo fracasar, de esta manera, la jugada política que había urdido este conglomerado en tan difícil gestación.

Los diputados de oposición que sostuvieron la acusación delante de sus pares acentuaron, casi exclusivamente y en exceso, el aspecto político de esta, ciertamente con una argumentación de peso en relación a lo “político” y una destreza en la elocuencia, pero a pesar de eso no lograron la tan “deseada” victoria, la que podría haber sido el inicio de una alianza más solida o de varias en vista de las próximas elecciones municipales y de gobernadores regionales. Una votación como una salvación. Una acusación constitucional exitosa que lavaría de sus pecados y primeros pasos en falsos a la oposición.  Una victoria que se iba inscribir en una secuencia perfecta con una acusación fructífera concomitante a la salida del subsecretario Salaberry, fruto de sus polémicas de estas ultimas semanas; todo habiendo comenzado con esta misma oposición que había logrado una buena apreciación y sintonía con el mundo de los trabajadores a través del proyecto de la diputada comunista Camila Vallejo, la famosa reducción de las horas laborales a 40 horas por semana.

Comprendiendo que esto no era suficiente, la oposición necesitaba obtener otro triunfo de peso que le permitiera seriamente proyectarse como alternativa al actual oficialismo, y es aquí donde reside el verdadero fracaso de la acusación constitucional. La precipitación, la ausencia de unidad, la falta de elaboración política de un proyecto que esté en sintonía con la necesidades de los chilenos, la carencia flagrante de liderazgos, nuevos o antiguos, no permite aún a la oposición de construirse como tal y aún menos de configurarse como una alternativa de gobierno. Matar al mensajero puede, en muchas oportunidades, matar el mensaje, pero en ningún caso lo reemplaza, solo podría apagar una dinámica pero no la invierte, porque básicamente no hay sustancia, solo “balazos”. Por otro lado, el rechazo a la acusación no quiere decir que la ministra Cubillos y el gobierno sean los grandes triunfadores de este pugilato. Las dificultades en la educación pública, de los profesores, de los medios a disposición, de las infraestructuras, son aún bien reales, y si la oposición no logró probar que la ministra había cometido una falta al orden constitucional vigente, el oficialismo tampoco ha obtenido una aprobación a su política educacional, esa espina dorsal de cualquier pretensión de crecimiento y desarrollo. Hoy, en relación con esta problemática, lo que ocupa esencialmente nuestras portadas de diarios y titulares noticieros son jugadas políticas, exitosas o no. Una telenovela más dentro de la parilla del entretenimiento. Otro síntoma de la vacuidad, superficialidad y personalización de los acontecimientos políticos de nuestra época. Pero la realidad siempre termina por alcanzarnos.

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Es muy llamativo observar el desfase que existe entre las cifras de desempleo, que orgullosamente exhibe el gobierno regional y la percepción de la gente común y corriente de la región. Es llamativo, y a veces exasperante, ver tantas sonrisas de autoridades en cada foto de twitter, instagram, Facebook, cuando en realidad el optimismo no está tan presente en la sociedad civil antofagastina. En tema educacionales, estamos analizando una acusación constitucional cuando acá, en la región, la educación publica y sus resultados están en los últimos puestos de los rankings nacionales. Es como cuando se avecina la automatización masiva, se nos sigue hablando de las bondades y del futuro auspicioso de la minería en la región…. Como lo concerniente la acusación constitucional, acá no se está hablando de lo fundamental, de lo que urge intervenir, proyectar, y en relación con el ámbito educacional, se entierran junto con las esperanzas de crear una “Concertación” versión remasterizada “65 pulgadas, pantalla curve, full opción”, toda posibilidad de hablar de temáticas de fondos. 

El inmenso escritor argentino José Luis Borges escribía que “el presente es incierto; el futuro no tiene realidad sino como esperanza presente; el pasado no tiene realidad sino como recuerdo presente”. En nuestra cotidianidad, donde claramente están fallando las nuevas generaciones políticas en renovar la manera de cómo hacer política sino profundizando, agudizando, poniendo a la orden del día lo que ya se venia haciendo antes, se corre el riesgo que el pasado se haga cada vez más presente. No es por nada que Joaquín Lavín lidera las encuestas de los presidenciables, al igual que no seria sorprendente ver reaparecer, después de la salida anunciada del actual intendente/futuro candidato, una vieja figura política regional en la intendencia. Unas respuestas lógicas a los resultados de una política del vacío. Pero eso, ¿equivale a un futuro como reflejo de una esperanza presente?