Ni autócratas ni zanjas en la construcción del nuevo Chile

Si el empresariado cree que apoyando al autócrata van a lograr volver a dormir con tranquilidad; será necesario advertir que con el autócrata su sueño será una quimera; la crisis y la mala gestión seguirá el legado de corrupción, la cleptocracia y la delincuencia presidencial que sobrepasará, valga la redundancia; la que actualmente tenemos. Por Vianney Sierralta, Profesora y Abogada.

Si el empresariado cree que apoyando al autócrata van a lograr volver a dormir con tranquilidad; será necesario advertir que con el autócrata su sueño será una quimera; la crisis y la mala gestión seguirá el legado de corrupción, la cleptocracia y la delincuencia presidencial que sobrepasará, valga la redundancia; la que actualmente tenemos. 

Por Vianney Sierralta, Profesora y Abogada.
Vianney Sierralta Aracena; Profesora y Abogada, Candidata a Diputada por el Distrito 3; Región de Antofagasta

Ad portas de las próximas elecciones de noviembre el panorama adquiere tintes de Deja Vu con reminiscencias trumpistas; el incomprensible ascenso del autócrata como opción.

 En el libro de los politólogos Ziblatt y Levitsky; “Cómo mueren las democracias” se ahonda sucintamente en las características del comportamiento autócrata, de quiénes hacen caso omiso del Estado de Derecho y de quiénes rechazan las reglas del juego demócratico, que alardean de la prescindencia de los Tratados Internacionales de Derechos Humanos y aprueban medidas extra constitucionales o medidas extra convencionales; manipulando la frustración popular con el contrato masivo de bots y de  recursos digitales que contribuyen a la polarización y al odio exacerbado.

 Si nos preguntamos alguna vez cómo fue posible que un individuo despreciable e insulso como Hitler llegó al poder; solo es cosa de observar el camino que está llevando la carrera presidencial en el Chile del 2021 y su incierta segunda vuelta.         

Publicidad

Que no nos engañen los discursos risibles de las candidaturas del partido de los autócratas; ya la escritora Ece Temelkuran, en “Como perder un país” nos advierte que la payasada y la aparente estupidez del autócrata solo es parte del plan; es así como Erdogan se ha convertido en el todopoderoso y risible líder turco por casi dos décadas.

Si el empresariado cree que apoyando al autócrata van a lograr volver a dormir con tranquilidad; será necesario advertir que con el autócrata su sueño será una quimera; la crisis y la mala gestión seguirá el legado de corrupción, la cleptocracia y la delincuencia presidencial que sobrepasará, valga la redundancia; la que actualmente tenemos. Estarán supeditados a los caprichos del autócrata, esto no es mera especulación, examínese los precedentes históricos en las condiciones que impuso Putin a los 21 empresarios más ricos de Rusia o al exilio obligado de Uzan y a la pérdida de su imperio económico por desafiar al citado Erdogan. 

 La negación de la legitimidad de los adversarios políticos es una práctica habitual del autócrata; descalificar a los candidatos opositores, desafiando el derecho a su privacidad en torno a temas de salud o cargar en los hombros de sus contendientes que aún siquiera son gobierno, las aberraciones y desaciertos del presidente de turno, son signos de un profundo sentimiento antidemocrático.

 Los y las autócratas fomentan la violencia, glorifican el odio e instalan en su programa su desprecio por todas las vidas; por los derechos de la diversidad humana y por la vida que emerge en los ecosistemas de nuestro ambiente.

  Utilizar mecanismos de control como zanjas y muros; son sólo ecos de los campos de concentración que nada tienen de “social cristianos”; la imagen del Jesús que expulsó del templo a los mercaderes y usureros (los pandora guys de la antigüedad) hace transición hacia otra imagen: La de María junto a José, huyendo desplazados por el gobierno de Herodes como inmigrantes y cayendo en las zanjas de la frontera de un país que no los quiere.

Para Ziblatt y Levitsky los partidos políticos y sus líderes debieran ser las salvaguardas de la democracia y mantener alejados a estos líderes potencialmente autoritarios y dejarlos fuera de las papeletas electorales porque con su discurso no solo promueven el odio sino derechamente la vulneración de los derechos humanos, en estos tiempos en que Chile requiere reunir todas las fuerzas para recuperarse, debe ser imposible que se consideren a estas figuras extremistas para ocupar los escaños en el Congreso.

 Uno de los principales factores que destacan los autores, que se fueron perfilando a lo largo del tiempo es la desigualdad económica; las políticas económicas tal como ha ocurrido en Estados Unidos (y también en Chile) han concentrado las prestaciones sociales en su mayor parte sólo en las personas que son evaluadas, calificadas y beneficiadas por debajo de un determinado umbral de ingresos o que cumplen otra serie de requisitos para calificar a proyectos y programas, condicionando los beneficios sólo para un determinado sector de la población. Esto tanto en Chile como en Estados Unidos ha creado la percepción entre muchos ciudadanos de clase media que sólo los pobres o los grupos más vulnerables, se benefician de la política social y esto genera una actitud de rechazo generalizado a los grupos que se benefician de ello.

Es por ello que la Nueva Constitución tendrá un rol relevante en establecer preceptos que instalen programas sociales UNIVERSALES que permitan garantizar los derechos como la salud, la educación o para obtener pensiones dignas, que dejen de lado la evaluación rígida de los recursos económicos en pro de modelos como los de Europa nórdica. Es deber de nosotras, las personas que votaremos en noviembre recordar que no necesitamos un nuevo autócrata en el gobierno y debemos comprender que el nuevo Presidente tendrá la tarea titánica de volver a levantar un país entero, y que esa reconstrucción requiere de la templanza que todos debemos aportar, para gradualmente instalar políticas sociales que benefician a todo el mundo; tales como la seguridad social podrían ayudar a rebajar el resentimiento y tender puentes entre la diversidad de ideas multipartidistas que de buena fe se comprometan con la reconstrucción de este Chile que siempre se levanta.