Nelly Lemus en la intimidad de su hogar: “Nunca retrocedo frente a algo que me puedan decir”

Un símbolo del paisaje de la poesía chilena. Descubrió a través de su padre la política de la vida. Hoy sigue trabajando con las mismas armas que comenzó de niña: la danza, el folklore, la poesía.

Por Giarella Araya Vega, estudiante de Periodismo de la UCN

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Nelly Lemus es conocida por su vasta trayectoria en la poesía, la danza y el folklore en el Norte Grande del país, como también por ser una mujer galardonada por el Ancla de Oro en la ciudad de Antofagasta y la Medalla del Centenario de Pablo Neruda entregada por el Gobierno de Chile. En fin, reconocida por todos sus logros e historias a lo largo de su vida, pero poco conocida en la mujer decidida, guerrera y con convicción.

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“¿Posición frente a la vida? ¿El miedo? son casi nada, jugársela hasta el cogote, por una razón bien dada”. Este es uno de los versos del poema  Coplas de alguna mujer, escrito por Nelly e interpretado por Tito Fernández (más conocido como el Temucano). Verso que define a Nelly completamente de pies a cabeza.

Una mujer compuesta por el paisaje silencioso y místico del Norte, rodeado de desiertos, minerales, salares, y  bellos sectores costeros. Es así como cada palabra que brota de su boca, pareciesen ser versos de un poema, construidos por anécdotas y sentimientos hacia su vida.

Sencillez es su estilo de vestir y complejidad en su forma de relatar. Un tazón de té y tostadas para compartir y comenzar nuestra conversación.

-La danza ha sido una de sus grandes pasiones de niña ¿Cómo comenzó su amor por ella?

-Yo desde que recuerdo amé la danza, más bien la intuía. Estaba yo en un mineral que se llamaba la mina vieja de Potrerillos. Que ya no existe- me comentó firmemente-  Escuchaba vitrolas por supuesto cuando yo era niña, – riéndose – así que tenemos que ver siglo XX año 48’ más o menos. Escuchaba a Strauss que era como el clásico de moda. Que llegaba muy fácil a los oídos de cualquier profano. Y yo me movía. En realidad aleteaba, me daba unas vueltas eternas, eternas al servicio de la danza.

-Y luego surgió la poesía  ¿O fue en conjunto con la danza?

-Mira cuando nos fuimos a Chañaral con mis padres (porque mi papá había sido escogido alcalde), en la escuela las profesoras hacían los actos matinales; se cantaba la canción nacional, se recitaban una que otra  poesía o se hacía un bailecito. Y yo tuve la suerte de ser elegida para bailar con otras compañeras. Esa fue una cosa. Y yo escribía también cositas tontísimas “la tacita está bonita” “cuando sale el sol” y una amiguita le hacía un dibujito. Bueno y allí sufrí mi primer allanamiento por que la profesora vio que estábamos realizando aquello. Y tomó mi cuaderno y nunca más lo vi.

Y por tanto iban juntas la poesía y la danza. Aunque a veces uno le es fiel a una cosa y a veces a la otra.

-¿Cómo jugó con aquello a lo largo de su vida? ¿Priorizo más la danza?

– Sí, una amiga escritora  me decía que yo hacía muy mal, quizás tenía razón,  pero a través del baile empecé  a buscar ¿Como con el baile yo podía hacer protagónico a más niños?, es decir que no estuviesen siempre las cinco niñitas refinadas para un bailecito. Como podían más.

Captura de pantalla 2015-07-27 a las 0.49.05-¿Que ha ido desarrollando en especial en su vida conocer a grandes artistas como Illapu, Andrés Sabella, entre muchos más?

-En tu largo caminar de la vida en el arte vas abriendo surcos y vas mirando, observando , te vas encontrando con una red maravillosa, entre esos los folkloristas, imagínate con Roberto Marques y Juanita su esposa, somos más que una familia, es como una fuerza, una amistad tan inmensa que es indestructible.

Me acuerdo que lo conocí el año 1975, yo estaba acá en Antofagasta, él era jovencito, y  llegué a saludarlo, porque tengo la costumbre de saludar a los creadores y agradecerles los que hacen.

Asi conocí también a Víctor Jara que vino para aquí una, dos o tres veces. Compartimos bastante, conversábamos horas. En Chañaral pude caminar y ayudarle a vender sus libros a Pablo de Roca, Rokha, también conocí a la Violeta Parra, me acuerdo que yo frente a la Violeta Parra le pedí que me firmara una libretita, ¡Que ella no lo hacía! pero no se me habrá visto cara de susto tremendo que lo hizo.

Y esas personas son tan grandes que uno tiene tanto miedo, luego uno se acerca y son más humanos que uno mismo, son tan bellos, son tan importantes. Todo lo que me puedan decir “que son mal genio, que esto, que esto otro”, ¡que si todos lo somos!, solo que en ellos se nota más porque son de todos, la privacidad de ellos no existe, que yo creo que es el precio que paga un creador.

Desde niña enamorada del escenario, imagínate con cuantas personas maravillosas me he encontrado.

-¿Qué ha sacado de cada uno?

-Yo creo que cada uno de ellos ha tenido lo mismo que yo he tenido desde niña, la convicción de que eso era,  no sé no te lo puedo explicar, eso es y ¡Ya! Y en todo vas viendo, mira allá, y acá, y en todo nos vamos juntando, somos como un pañuelo.

-¿Qué piensa de esta tierra? ¿Tiene mucho más que entregar?

-Yo creo que hay que reflexionar más esta tierra, si yo fuese directora de un conjunto joven, a ver que están haciendo en San Pedro, en Caspana o que se está haciendo aquí en la población, lo urbano, y si tu empiezas a reflexionar y conversas con personas de esos entornos, vas descubriendo el mundo que somos, y que es mucho más que cosas así- mueve sus manos-, somos llenos de cosas más misteriosas, más complejas y entretenidas.

Muchos dicen que somos callados, yo le decía pero mira los cerros, quédate a mirar, eso es nuestro entorno, lo más hablantino que tenemos es el mar y los edificios lo están tapando –risa-  entonces la geografía nos hace ser más callados, distinto de las personas del sur, yo he estado con personas del sur, le conversan a uno, “sí que esto, que como vas, que allá” les fluye como fluye sus riachuelos. El paisaje es distinto, nosotros no, somos seres humanos aislados, ese es la otra tremenda enseñanza que dan los pueblos, en el sentido que yo respondo a un clima.

Así que eso es lo maravilloso de estar conectados con el entorno geográfico, porque uno se entiende y entiende, cuando tú piensas que eres aislado porque eres estupendo, no nos estamos entendiendo.

-¿Siempre quiso ser profesora?

-Siempre, nunca pensé en ninguna otra cosa que no fuera ser profesora, ahora en ese entonces habían muchas cosas que estaban a nuestro favor. En esos años en los hogares pobres, hogares populares, como era mi casa. El sueño, la belleza más grande era ser profesor.

Estaban las escuelas normales, entonces yo fui una privilegiada de los dioses – entusiasmada- como todos los profesores normalistas, estuve  interna los seis años –con nostalgia- fue una maravilla, ahí la danza me habló se quedó en mi cuerpo. La poesía la entendí gracias  a las maestras que teníamos, entonces con todo ese bagaje yo iba caminando y por eso el que me hayan exonerado lo único que hizo fue plantearme “Nelly arregla el surco para otro lado y sigue sembrando” y así ha sido.

-¿Sintió miedo en algún momento cuando la exoneraron?

-Resulta que al momento de exonerarme no sentí ni horror ni pánico, porque sentía que en cualquier momento me iban a exonerar por ser contraria a la dictadura. Lo que si al momento que me exoneran pienso que lo único que yo sé hacer es enseñar, y a niños, y en una sala de clases.  Pero de Andrés Sabella yo aprendí que cualquier esquina de una ciudad es una sala de clases, cualquier pasadizo en una universidad deteniéndose a conversar es una sala de clases.

– ¿No le dio temor en tiempos de dictadura ser militante del partido Comunista?

No, ya que, hay que tener la certeza de tomar una decisión, y eso es lo importante.

Cuando dicen no me meto en política, es como decir que no te metas en la vida, porque la militancia es una cosa, pero tu forma de mirar el mundo es una actitud política.

Todo esto se lo agradezco al hogar donde viví, porque esas decisiones estaban claras. Nunca retrocedo frente algo que me puedan decir, son mis decisiones y eso es importante en un ser humano. Este discurso de “yo no estoy ni ahí”, no, yo tengo que arriesgarme sino para que vivo, imagínate vivir sin riesgo, debe de ser una lata.

-¿Fue en dictadura donde se acercó a la política?

-No, también de niña, porque mi padre fue dirigente sindical, fue lo primero que conocí. Él era dirigente sindical pero primero que todo militante comunista.  Entonces por supuesto yo  como niña mirando a mi padre milité, era mi decisión de niña. Recuerdo como una ironía, estaban las elecciones de Gabriel González Videla, llegamos a Chañaral porque mi padre fue elegido alcalde, vivimos en Chañaral, y alcanza a estar medio año y se lo llevan relegado a Pisagua por la Ley Maldita, el traidor se le llama a González Videla. Mi papá estuvo un año relegado en Pisagua. Entonces yo ya pasaba por el embate de una persecución ya a los nueve o  diez años.

-¿Cómo vivió ese episodio tan pequeña?

-El gran espejo, el gran anclaje que tuve fue mi madre, una mujer fundamental, nunca, nunca se echó a morir, nunca le bajaron la cabeza. Y no teníamos que comer y todas las cosas que te puedes imaginar en un pueblo chico, la señora de un relegado en esos años era casi como tener peste. Esa mamita de las 24 horas tuvo que salir a buscar trabajo. Y consiguió trabajo de boletera en un cine en Chañaral, eso fue duro porque fue la primera vez que siento la congoja de mi madre, entonces tu entenderás que esa mujer que siempre estuvo, porque era de las 24 horas en la casa, uno entraba y ¡mamá! era lo primero que uno decía, esa mamá angustiada que ¡llora!, si esa Super Woman tú la vez llorar, el mundo se te cae, y tu sientes que estás en peligro, ese es el problema.

-¿Cómo fue después de esto ser madre?

-Mira, no voy a caer en el mito de “ay lo más grandioso”, yo la verdad que como hice un pésimo matrimonio, no era la mujer más alegre, era una ¡joven!, no sentía un estallido de alegría, estaba muy conflictuada, porque yo misma me daba cuenta que estaba bien tontita en casarme con quien me casé pues, porque cuatro años mal, separación y chao, pero porque tuve a mi padre al lado, sino hubiera estado sumergida no se en que.

Pero también por el hecho que yo amaba todo lo que tenía que ver con la escena, si tú te fijas, todo va dado fijo hacia un escenario, la prueba está que en este taller hay un escenario aquí, es como que yo viviera en un camarín y yo amo eso, que vengan a ensayar, sentir la música. Es como vivir dos veces.

-¿No se volvió a enamorar?

-Mira tuve por ahí un intento de convivencia, que no fue corta pero fue pésima también porque me di cuenta que las personas que nacimos para estar creando o para volar de otra manera, necesitamos mucho ser libres. Tiene costos el vivir hacia el mundo de la creación,  así estar curioseando desentrañando misterios, ya resueltos pero uno los vuelve a desentrañar, te pide cosas, y para mí la decisiones fue seguir sola, era la única manera. Pero mis hijas son mis grandes compañeras.