El día en que la sangre de 300 trabajadores regó el centro de Antofagasta

La Plaza Colón de Antofagasta en la época de la masacre.

Cada primero de mayo, se conmemora en todo el mundo el Día del Trabajador. Un día de descanso, donde se recuerda a “Los Mártires de Chicago”, sindicalistas que fueron ejecutados en Estados Unidos por su participación en las jornadas de lucha por la consecución de la jornada laboral de ocho horas.

Una realidad que también se reprodujo en Chile y Antofagasta no quedó exenta de ver manchada su historia con uno de los actos más brutales y cobardes que se recuerden, pero que irónicamente, es poco mencionado por la prensa e incluso la conservadora historiografía oficial.

Se trata de la matanza de la Plaza Colón de Antofagasta, donde 300 obreros (como en el caso de la Escuela Santa María de Iquique, hay versiones encontradas, por parte de las autoridades de la época se dijo que eran menos, testigos aseguran que fueron más) perdieron la vida el 6 de Febrero de 1906, masacrados por las balas de personeros pudientes y comerciantes, además de la armada, con complicidad del gobierno.

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Media hora para almorzar

En ese entonces, obreros del Ferrocarril de Antofagasta a Bolivia realizaron un petitorio para pedir la extensión de la hora de almuerzo, pero la empresa denegó dicho planteamiento. La negativa de la empresa provocó la natural reacción de las mancomunales obreras, que iniciaron una huelga a la que se sumaron también los lancheros –que eran muchos- junto a los marítimos, estibadores y carretoneros. Obreros todos, que alzaron sus voces para solicitar lo que les parecía justo: un tiempo prudente para compartir el almuerzo con su familia. Treinta minutos más para almorzar.

Las cosas tomaron otro cariz cuando los miles de obreros organizaron un mítin en la Plaza Colón. Ante tan delicada situación, el Intendente de la época recurrió al comandante del Batallón “Esmeralda”, Sinforoso Ledesma, quien facilitó fusiles para armar a la llamada “Guardia Blanca”, que fue liderada por Adolfo Miranda, la que estaba integrada por personeros pudientes y comerciantes de la naciente ciudad de Antofagasta. A su vez, desembarcó un piquete de la marinería del crucero “Blanco Encalada”, fondeado en la bahía desde el día anterior.

Los caldereros y los huelguistas, subieron por calle Prat a eso del mediodía, gritando consignas contra sus empleadores, alzando los puños y dejando en claro que “Obreros somos trabajadores, no esclavos…” Los manifestantes quedaron entre dos fuegos: la “Guardia Blanca” y la marinería del “Blanco Encalada”.

Bastaría un tiro para que se desencadenaran los cruentos sucesos. La balacera cegaría vidas por cientos, la mayoría obreros, caldereros, gente de mar… Una vez más el plomo y la metralla mordían la carne obrera, silenciando las voces de trabajadores que solo pedían media hora más para ir a almorzar a sus casas.

El dirigente sindical herido en Mejillones.

Una historia actual

Lo acontecido ese cruento día del año 1906 parece increíblemente similar a hechos acontecidos el pasado 19 de marzo, cuando se desató una violenta represión en contra de los trabajadores portuarios de Mejillones, que se encontraban en paro y que realizando una manifestación exigiendo un trato digno, mejoras en el contrato y un bono de colación.

A petición de la empresa Ultraport y bajo el amparo de las autoridades, actuó personal de las Fuerzas Especiales de Carabineros para silenciar las demandas de los trabajadores mediante el uso de la fuerza, bombas lacrimógenas y carros lanza agua enviados directamente desde Antofagasta, resultando varios portuarios con heridas de diversa consideración, al punto que uno de ellos, el dirigente Enrique Solar Lagos debió ser trasladado de urgencia hasta el Hospital Regional.

El conflicto fue escalando a medida que pasaban los días, a la par que la empresa iniciaba una dura batalla legal contra los trabajadores, acciones que contaron con el patrocinio del abogado Víctor Hugo Toloza, quien es padre del actual intendente de Antofagasta, el abogado UDI Pablo Toloza.

No obstante las presiones, los trabajadores no se rindieron y por el contrario, se sumaron a las movilizaciones trabajadores de otros puntos del país. Finalmente, la unidad sindical permitió que los trabajadores llegara a un acuerdo con la empresa del grupo von Appen Ultraport, logrando la aprobación de todas sus demandas, anotándose uno de los triunfos más importantes del movimiento obrero en los últimos años.