Desde el desierto de Atacama al planeta rojo

Expertos de diferentes países llegaron a Antofagasta para obtener muestras y hacer sondajes. Actividad cuenta con la colaboración de la Universidad Católica del Norte.

Temperaturas extremas y un intenso programa de trabajo desde que sale hasta que se pone el sol, soporta en el desierto del norte chileno el robot Zoe, prototipo de la NASA que recorre los áridos paisajes donde desarrolla pruebas científicas y tecnológicas. Las primeras apuntan a la búsqueda de vida microbiana en sus diferentes hábitats, mientras que la tecnológica consiste en controlar y perfeccionar el funcionamiento de todos los equipos incluidos en el rover.

En sus primeros desplazamientos en la inmensidad del desierto, no tuvo dificultades para sortear sectores inhóspitos cerca de la cordillera de Domeyko, a unos a 210 kilómetros al sureste de la capital regional y a una altitud de 2.800 metros, recorrido conducido remotamente desde Estados Unidos y que se estima alcanzará un total de 45 kilómetros.

El Dr. David Wettergreen, director del Instituto de Robótica de la Carnegie Mellon University, quien lidera el equipo de científicos de diferentes países en el programa de la NASA, explicó que en estos momentos el grupo junto al Zoe tiene como misión ver y entender cómo funcionan los microorganismos en el desierto de Atacama. Para ello, junto al equipo extranjero trabajan en colaboración con investigadores de la Universidad Católica del Norte (UCN) en Antofagasta.

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Agregó que la iniciativa, inserta en el proyecto “Vida en Atacama” (“Life in Atacama”), busca en primer lugar “estudiar aquí en la Tierra todo lo relacionado a ambientes desérticos e hiperáridos y ver cómo funcionan los microorganismos, para trasladar ese modelo a Marte, porque se considera que este territorio es análogo al planeta rojo por el paisaje, las condiciones de la radiación ultravioleta, los cambios diarios de temperatura y otros factores.

Además, están desarrollando mapas en los cuales se interpretan una serie de componentes derivados de las observaciones, resultados que posteriormente se irán analizando y  aplicando.

TECNOLOGÍA SOFISTICADA

Asimismo, la misión considera comprender cómo se pueden mover estos equipos robóticos en nuestro planeta y, posteriormente, en Marte. Para esto se diseñó el prototipo que puede parecer muy simple, pero su equipamiento es de tecnología de punta, incluyendo sistemas de computación, máquinas fotográficas y filmadoras de alta resolución, software que registra e interpreta todas las medidas realizadas, y un taladro para sondajes diseñado por la empresa Honeybee, exclusivo para este robot y capaz de perforar hasta un metro de profundidad y recolectar muestras que son analizadas in situ.

En su interior tiene equipamientos de análisis y registro, mientras que en la parte externa hay cámaras para fotografías de nivel macro y microscópico. Estas cámaras fotografían el paisaje y registran imágenes a la distancia, detectando puntos de interés remotamente para orientar los recorridos.

Se incluyen registros con rayos ultravioleta para detectar vida y un espectroscopio Raman para clasificar minerales. Se espera que equipos similares estén instalados en el robot que se enviará a la exploración de Marte en 2020.

Todo el equipo está asociado a softwares específicos y el robot tiene un peso superior a los 700 kilos.

La energía para su desplazamiento es obtenida mediante paneles solares ubicados en la parte superior de la estructura.

COLABORACIÓN DE LA UCN

El robot llegó a Antofagasta desde Estados Unidos y fue ensamblado en el Laboratorio de Robótica de la Universidad Católica del Norte, la que, junto a la NASA, SETI CSC, JPL (Jet Propulsion Laboratory) y Carnegie Mellon University, entre otras entidades internacionales, participan en la iniciativa.

En esa casa de estudios superiores cuentan con la colaboración del geólogo Dr. Guillermo Chong; y la directora del Centro de Biotecnología, Dra Cecilia Demergasso. Asimismo, se han asociado como observadores el Dr. José Gallardo, el profesor Ricardo Pérez y alumnos del área de robótica.

El Dr. Chong Díaz resalta que “este robot es la continuidad de los proyectos que partieron en 1997 y que consideraron otros prototipos como el Nomad, el Hyperion y la primera versión del Zoe, los que también fueron probados en el norte de Chile”. Agregó que existe una importante vinculación científica que incluye publicaciones conjuntas y charlas en Estados Unidos sobre las características generales y geología del norte de Chile.

Al respecto, David Wettergreen señala que son 17 años de trabajo conjunto con la UCN, de lo cual ha resultado una muy buena experiencia para ellos, la que esperan continúe. Asimismo, están gestionando la obtención de recursos que serán destinados a las investigaciones asociadas de la parte chilena.