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Sábado 20 de Julio del 2024 02:15

El arte de la calle: La historia del Museo Arte Público y la población Pablo Krügger de Antofagasta

Este proyecto artístico busca devolver la identidad a distintos barrios de la ciudad de Antofagasta, a través de murales que reflejan las historias de los mismos pobladores. En esta cuarta y última edición, conoceremos el vínculo del MAP con la población Pablo Krügger y los murales que los artistas y la comunidad pintaron en el sector.

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El Museo Arte Público (MAP), es un programa sociocultural que tiene como objetivo el resignificar el valor de la identidad y el patrimonio en distintos territorios, a través de intervenciones artísticas en los muros de la ciudad de Antofagasta. 

Este equipo multidisciplinario está integrado por Juan Miranda, encargado de la vinculación entre el programa y las Juntas Vecinales (JJVV); Conie Dubó, quien cumple funciones en el área de diseño y gráficas, como también Francisco Tapia, co creador del MAP a cargo de las cubicaciones de los muros a pintar, además de coordinar la conexión con los artistas invitados y de la edición audiovisual de este proyecto. 

Sin embargo, el trabajo colaborativo entre el grupo que lidera el MAP se refleja al momento de la ejecución de las pinturas, para así garantizar a los vecinos productos artísticos de calidad. Entre pasajes y casas, estos variados murales con vivos colores narran las historias que los propios vecinos del sector protagonizaron, como una instancia para reforzar la identidad de cada barrio y motivar el trabajo colaborativo entre los habitantes de los cuatro sectores en donde el MAP ha intervenido. La población Coviefi,  Bonilla Bajo, Oasis Los Arenales y Pablo Krügger.

Pablo Krügger 

Llamada así en memoria de Pablo F. Krügger, constructor de las oficinas salitreras Maria Elena y Pedro de Valdivia, quien además plantó, a mediados de los 40, más de 400 olivos que repartió en hileras, fue el encargado también de instalar una red de cañerías y mangueras para su riego, sistema que los vecinos reconocieron que cumplía perfectamente su función para que los árboles dieran buenas aceitunas.

La población partió siendo utilizada como albergue para los pampinos que migraron hacia la urbanización de la ciudad de Antofagasta, durante la década de los 50 y al llegar la construcción del barrio, factores como la voluntad de algunos albañiles, la coincidencia de los planos terrenales y por qué no decirlo, la misma fortuna, permitieron que muchos olivos sobrevivieran y continuaran dando buenos frutos. En la actualidad aún perduran algunos olivos que se niegan a desaparecer y que aportan al paisaje de la población Pablo Krügger, ubicada en el sector centro norte de la ciudad. 

La relación del Museo Arte Público con la población Pablo Krügger, nace desde mucho antes de que se organizaran para este programa. Hace años atrás, Francisco Tapia trabajó en la Municipalidad, en un programa de la Dirección de Desarrollo Comunitario, llamado Arte y Cultura. Tapia entró con la propuesta de crear murales de alta calidad en Juntas de Vecinos, oferta que fue aceptada, por lo que partió a cargo de un subprograma de murales en sedes sociales.

El fuerte de esta iniciativa eran los talleres de mosaicos y la primera obra ejecutada fue en la sede vecinal El Salar, trabajo que los vecinos de Pablo Krügger notaron y solicitaron al municipio que se replique esta intervención artística en sus pasajes. Si bien el sector ya mantenía murales antiguos, éstos eran enfocados al sector El Salar y sus bailes religiosos. No se hablaba de la pampa y el salitre. 

Es por esto que gracias a la participación de Francisco en un programa de emprendimiento social, como también por la motivación de la JJVV para la ejecución de esta actividad, comenzaron las conversaciones entre ambos actores logrando así identificar el trasfondo de las intervenciones y el objetivo que representa al MAP en la actualidad, que es perpetuar la identidad de cada barrio a través de la aplicación de diversas técnicas de artes urbanas. 

Así fue como la población Pablo Krügger, se convirtió en el primer barrio en el que el MAP intervino, pues esta propuesta de plasmar la historia del barrio a través de murales, abrió la posibilidad de que los vecinos engancharan con la idea y cedieran los muros de sus casas para convertirlos en lienzos.

No obstante, la tarea no estuvo exenta de obstáculos. “Don Mayo fue el más ferviente opositor del proyecto, pero insistiendo y demostrándole que lo que hacíamos en barrio era con respeto y Amor, terminó cediendo su muro al proyecto”, recordó el director del museo.

Durante seis meses, el equipo del MAP inició la vinculación con los habitantes del barrio y ejecutó los siete murales que ahora embellecen el sector. El visualizar el trabajo de los primeros murales dio pie a que el resto de los pobladores confiara en la calidad de las obras y prestaran sus paredes para continuar con este programa. 

En esta primera oportunidad, participaron artistas locales y nacionales, quienes recibieron una remuneración para profesionalizar el oficio, pues por cada mural creado los autores dictaban talleres de arte urbano para los jóvenes del barrio. A su vez, el accionar de la JJVV fue de gran importancia, pues fue la precursora en depositar la confianza en este proyecto. 

José Ulloa, presidente de la Junta Vecinal, se refirió a la intervención artística. “Es bonito porque da a conocer a la juventud lo que significó la historia de los antepasados, de donde vienen. Los vecinos consideraron que es algo maravilloso que ojalá los murales se mantenga en el tiempo”, indicó.

Los murales

La herencia de las plantaciones de olivos, más la huella que dejaron las salitreras en Antofagasta, son las temáticas que utilizaron los artistas para inspirarse y crear estas bellas obras urbanas. 

La casa que luce con este colorido mural denominado “Espíritu de la Pampa”, pertenece a Don Manyo, dueño de almacén de barrio que en los inicios del proyecto, se negaba rotundamente a ser partícipe.

Sin embargo, la vinculación que el equipo del MAP consiguió con Don Mayo favoreció a que el vecino cambiara su percepción del arte urbano, cediendo su muro y abriendo las puertas de su casa para darse a conocer ante la agrupación.

Una mesa repleta de pinceles y óleo eran los vestigios de lo que alguna vez fue un joven artista con sueños de estudiar arte en la capital. La falta de dinero hizo que Don Mayo retornara hacia el norte, aunque sus ganas de dibujar nunca cesaron. “Comenzó a mostrarme sus crockeras y pinturas. Era un tesoro saber esto, después de todo lo negativo que fue con el proyecto“, comentó Tapia, quien recordó la experiencia de colaborar con Don Mayo, antes de su fallecimiento.

Reflexiones finales

“El MAP es infinito”, comentó el creador del programa, quien también hizo hincapié en que están dispuestos a seguir trabajando con otros sectores de la ciudad. Sin embargo, la capacidad de gestión más el financiamiento son uno de los factores que demoran la realización de otras intervenciones, pues algunas JJVV no pueden postular a fondos concursables por deudas que mantienen las directivas anteriores. A pesar de esto, el MAP pretende seguir ayudando a reflejar la identidad de los barrios de Antofagasta, que aún esperan ser descubiertos entre esos pequeños rincones y pasajes de la ciudad.

El trabajo en conjunto y la necesidad de acercar el arte a la comunidad, es uno de los pilares fundamentales para la creación de este proyecto. Por este motivo, es que el Museo Arte Público lanzará en diciembre el libro “Memoria Museo Arte Público”, el cual expondrá en 200 páginas las intervenciones artísticas de los cuatro barrios que son parte del programa.

Desde el equipo del MAP, indicaron que se quedan con las buenas personas, llenas de sueños por querer un barrio mejor, aunque se refirieron a las carencias que existen en Antofagasta frente en cuanto a la mantención de las calles, infraestructura, espacios públicos y diseños de las viviendas. “Los vecinos invierten la energía y atención en sus familias y en convivir bien con otros pobladores, en vez de exigir sus derechos. ¿Qué más pueden hacer? Simplemente improvisar para mejorar los espacios comunes”, señaló Tapia.

Es por esto que Francisco insistió que lo que nunca debería faltar es el fomento al arte y la cultura, que es lo que mantiene a las personas llenas de humanidad, con criterio y con un sentido sobre la vida.