Los resultados de la Encuesta de Caracterización Socioeconómica Nacional (Casen) 2024 han puesto sobre la mesa una realidad incómoda para la capital regional. Antofagasta, a pesar de su liderazgo en la industria minera, muestra un estancamiento en la reducción de la pobreza por ingresos en comparación con el avance registrado en otras zonas del país. Los datos indican que la brecha de desigualdad sigue siendo una de las más pronunciadas, donde el alto costo de los servicios y productos básicos neutraliza el mayor nivel de ingresos promedio que perciben las familias de la zona en relación al resto de Chile.
En términos de pobreza multidimensional, el diagnóstico es aún más severo. Esta medición, que observa la calidad de vida más allá del dinero, resalta que Antofagasta enfrenta carencias críticas en la dimensión de Vivienda y Entorno. El informe de 2024 confirma que el hacinamiento y el acceso deficitario a servicios básicos siguen siendo problemas crónicos en la región. El crecimiento de los campamentos y la crisis habitacional se ven reflejados en un puntaje que sitúa a la región por sobre la media nacional en vulnerabilidad residencial, afectando directamente la cohesión social de los barrios.
La salud y la seguridad social también figuran como puntos de alerta. Según la presentación de resultados, un porcentaje significativo de la población antofagastina reporta esperas prolongadas y falta de especialistas, factores que engrosan las cifras de pobreza multidimensional. Aunque los ingresos del trabajo son superiores en el norte debido a la actividad extractiva, la Casen 2024 demuestra que estos no alcanzan a cubrir las deficiencias de un sistema público tensionado por el aumento demográfico y la falta de infraestructura acorde al crecimiento de la ciudad.
Por otro lado, la encuesta revela un dato preocupante sobre la pobreza extrema. Mientras que en algunas regiones del sur se observa una retirada de este indicador, en Antofagasta la cifra se mantiene resiliente, afectando principalmente a grupos vulnerables como personas en situación de calle y familias migrantes con situación irregular. Esta “pobreza dura” es el mayor desafío para las políticas públicas regionales, que hasta ahora no han logrado que la riqueza del cobre permee hacia los estratos más bajos de la pirámide socioeconómica local de manera efectiva.
Finalmente, el informe Casen 2024 sirve como una hoja de ruta urgente para las autoridades regionales y el sector privado. La conclusión es clara: el crecimiento económico por sí solo no está garantizando el bienestar social en la Perla del Norte. Se requiere una inversión focalizada en reducir la segregación urbana y mejorar la calidad de los servicios públicos para que Antofagasta deje de ser una región de “paso” y se convierta en un territorio donde la calidad de vida sea tan alta como su aporte al PIB nacional. Con estos datos, la discusión sobre la distribución de la riqueza y el royalty minero cobra un sentido de urgencia vital para el futuro cercano.