En la mitología griega, Hebe es la representación de la eterna juventud. Ella tenía el poder de rejuvenecer a los ancianos o de envejecer a los niños. Dionisio o Baco también era el símbolo de la eterna juventud. La juventud, ‘divino tesoro’, no es algo nuevo en la historia, la literatura ni menos en la política. Entre las promesas presentadas por el presidente electo Sebastián Piñera para la conformación de los equipos políticos nacionales y regionales estuvo la de traslapar juventud con experiencia. Este último compromiso dio como apuesta en la Segunda Región al joven militante de Renovación Nacional, Marco Antonio Díaz, la carta maestra de la diputada del mismo partido Paulina Núñez.

Este fenómeno ya lo venía desarrollando la Presidenta Michelle Bachelet con sus hijos/as pródigos, la G90 del PPD. A diferencia de liderazgos juveniles de antaño, esta generación había sido capaz de ocupar rápidamente cargos de poder dentro de los gobiernos de centroizquierda, inclusive el Ministerio del Interior en manos del ‘regalón’ de la primera mandataria, Rodrigo Peñailillo. Sin embargo, no tenían experiencia en liderazgos estudiantiles en universidades de Santiago más bien venían con el hambre de ser alguien de provincia en la ‘capitale’. Su consigna fue moverse rápido, pero en manada y con lealtad a prueba de fuego hacia ellos/as y hacia una candidatura presidencial más bien maternal. En un primer momento tenían conciencia de clase, a Peñailillo se le tildaba peyorativamente de ‘caudillo rural’, y sus prácticas daban a conocer la necesidad de renovar la política desde regiones y de clases sociales menos favorecidas, como el ‘sueño americano’

El caso de la centro derecha es distinto. La ‘diestra’ siempre se ha caracterizado por desarrollar conductas depredadoras individualistas y sólo la ‘unión hace la fuerza´ para alcanzar el poder. Ellos/as también tienen conciencia de clase, claro en regiones estamos hablando más bien de una clase aburguesada, media – media, media – alta, llenos/as de deudas como todos/as los/as chilenos/as, pero que hicieron sus redes en colegios particulares y estudiaron en universidades regionales más bien privadas.

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Desde este punto de vista comparativo de la generación ‘Y’, la centro izquierda venía del sur del país, la derecha podría aportar nuevos liderazgos desde el norte para contribuir al tan codiciado proyecto de descentralización. Sin embargo, mi preocupación es que los/as jóvenes que acceden al poder muchas veces son más conservadores que los políticos de carrera y se terminan vistiendo con los mismos sayos de la vieja política. Me preocupa que el nuevo intendente desde una visión normativa y pragmática ‘gerencial’ del gobierno regional sólo termine siendo la fachada de un poder centralista, o peor aun pagando favores de la parlamentaria que lo llevó al poder.