Los pescadores artesanales de Mejillones presentaron este miércoles una demanda de indemnización de perjuicios, por el vertimiento de ácido sulfúrico ocurrido en septiembre del año pasado en el Muelle Michilla, ubicado al norte del balneario Hornitos, en la Región de Antofagasta.

La acción judicial fue interpuesta a través del abogado Cesar Antonio Barra en representación de 219 pescadores artsenales, recolectores de orilla y buzos mariscadores, quienes exigen el pago 13.140 millones de pesos ante la Corte de Apelaciones de Antofagasta, debido a que vieron gravemente afectada su fuente laboral por este derrame, según informó Bío Bío.

En la oportunidad Antofagasta Minerals, perteneciente al Grupo Luksic, publicó una declaración de prensa firmada por Michilla Costa SpA, empresa propietaria del terminal marítimo, en la cual admitió la situación, donde se derramaron 2.400 litros de ácido sulfúrico, indicando que “Un minuto después de detectado el evento, se produjo la detención inmediata de la descarga de ácido, lo que permitió controlar los posibles efectos de este incidente”, indicando además que “la compañía ha realizado monitoreos en la zona cuyos resultados no evidencian alteraciones en las aguas del sector“.

Publicidad

Sin embargo, los pescadores artesanales y grupos ambientalistas dudan esa versión y aseguran que la emergencia se extendió mucho más de lo admitido por la compañía y que el daño hoy se traduce en la muerte de aves, animales y pérdida de recursos marinos.

Perdimos nuestra fuente laboral. Están todos los peces muertos, no hay nada para pescar. Ninguna autoridad se ha acercado a entregarnos explicaciones sobre lo ocurrido, las medidas que se están tomando ni desde la empresa han mencionado la posibilidad de compensar el daño causado“, indicó una fuente del Sindicato de Pescadores Artesanales de Mejillones.

El ácido sulfúrico se ocupa en minería para llevar a cabo el proceso de lixiviación, proceso hidrometalúrgico que permite obtener el cobre de los minerales oxidados que lo contienen, aplicando una disolución de ácido sulfúrico y agua. Este proceso se basa en que los minerales oxidados son sensibles al ataque de soluciones ácidas.

“Es una sustancia química corrosiva, que produce vapores altamente tóxicos para el ambiente y la salud de las personas. De hecho, produce quemaduras graves, además de irritar vías respiratorias, oculares y mucosas”, explica en un reportaje Victoria Caroca, Química y Coordinadora del Equipo Científico de Fundación Relaves.