Gobierno de “nuevo tipo” con los defensores del viejo régimen

En Magallanes, Aysén, Freirina y Quellón trabajadores y pobladores se organizan y controlan ciudades al luchar por demandas democráticas -contra la carestía de la vida, una mejor salud, etc.-; En 2006, 2011 y 2012 los estudiantes secundarios y universitarios nos movilizamos a nivel nacional enfrentando la educación de mercado y exigiendo la educación gratuita; este año los trabajadores portuarios paralizaron el 80% de los puertos a nivel nacional causando el terror de los empresarios, enfrentando la precarización laboral y logrando triunfar, trabajadores mineros y forestales se movilización por la renacionalización de los recursos naturales y contra la subcontratación. La crisis contenida del régimen heredado de la dictadura continua, su impugnación se observó en  últimas elecciones municipales en las cuales un 60% se abstuvo de votar a los políticos de la derecha y la Concertación.

Todo nos muestra que estamos viviendo un nuevo ciclo de ascenso de la lucha de clases en Chile, con movilizaciones que cada paso chocan con el régimen autoritario, represivo y privatizador heredado de la dictadura militar, un régimen que frente a cada choque muestra su crisis y también la crisis de los partidos que defendieron y profundizaron la herencia de la dictadura militar, es decir, la derecha y la Concertación. Pero la posibilidad de nuevos saltos  en la situación política nacional, se tiene que medir tomando el pulso de la entrada de los trabajadores y sus métodos históricos, que van desde la movilización en las calles a la paralización de la producción, así como por la lucha del movimiento estudiantil que nuevamente se dinamiza y vuelve a mostrar que aún no se ha logrado nada en la lucha por la educación.

En todo este marco se desarrollan las elecciones presidenciales y parlamentarias. Los partidos suben y bajan candidatos, los aliados se pegan puñaladas por la espalda, crispaciones internas, promesas más, promesas menos, pero todos sabemos que de estas elecciones no podemos esperar nada. ¿Quién cree que algo positivo para los trabajadores, pobladores y estudiantes puede venir de la derecha o la Concertación? Nadie, ellos son los políticos de los otros, de los empresarios, los responsables de los accidentes laborales, del sueldo mínimo que no alcanza para nada, de los que mandan la represión, de los que lucran con la educación, los que balean en las comunidades mapuches.

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Con esos políticos, específicamente con la Concertación, el Partido Comunista  decidió -nuevamente- aliarse, levantar un “gobierno de nuevo tipo” con los que sostienen el viejo régimen, hablan de neutralizar el centro político, de la vocación por las mayorías, forjar una nueva fuerza política, etc. Su giro a derecha lo buscan encubrir hablando de movilizaciones, revolución, marxismo, etc. pero son palabras vacías frente a los “porfiados hechos”

Una estrategia de históricas derrotas

En la columna “La acertada estrategia política del Partido Comunista”, su autor busca justificar esta claudicación frente a la burguesía basándose en distintos hechos históricos, claro que obviando muchos antecedentes, pero si podemos concordar en algo, es que esta no es una política coyuntural del Partido Comunista, sino que históricamente han defendido la subordinación del movimiento obrero a distintas variantes burguesas, lo que ha significado grandes derrotas para el movimiento obrero y popular, pero también revelando su confianza en que los sectores de la burguesía –como la Concertación- puedan ser progresistas, cuando todo análisis de los hechos de los últimos años de democracia pactada, dice lo contrario, que la concertación es totalmente conservadora y profundizadora del orden de la dictadura.

Se menciona de forma muy superficial -no casualmente- al POS (Partido Obrero Socialista) formado por Luis Emilio Recabarren. Hay que recordar que Recabarren fue militante del Partido Demócrata siendo un  miembro del “ala izquierda” del partido que criticaba constantemente la alianza con coaliciones burgueses como la Alianza Liberal. Luego de más de una década de lucha por darle un rumbo independiente de los partidos burgueses, Recabarren levanta el periódico  “El Grito Popular” (1911) en Iquique, el que sería uno de los primeros núcleos del POS. “… su política obrera es en oposición a la política patronal, que por cierto ningún obrero que sepa razonar, habrá de preferir la política de los patrones esclavizadores, despreciando la política de combate de la clase obrera que lucha por su emancipación”, “Votar por un candidato burgués, equivale a votar por un enemigo. Todo burgués es necesariamente conservador; y todo burgués investido de una representación o de un poder, es necesariamente reaccionario; sufragar, pues, por un candidato burgués, sólo sirve para ayudar a la reacción” En esos duros términos políticos se planteaba Recabarren frente a la colaboración de clases.

También se menciona a la Revolución Rusa de 1917, pero ¿Cuál fue la clave de su triunfo? Uno de los factores claves fue la independencia política de los trabajadores expresada en el Partido Bolchevique y los Soviet, la lucha sin cuartel que dieron contra la burguesía rusa y todas las tendencias que se subordinaban a ella. Lenin, uno de los principales dirigentes de la revolución lo planteaba así: “En Rusia, la separación completa de los elementos proletarios socialdemócratas revolucionarios respecto de los elementos pequeñoburgueses oportunistas ha sido preparada por toda la historia del movimiento obrero. Y prestan a éste el peor de los servicios quienes vuelven la espalda a esta historia y declaman contra el ‘divisionismo’, con lo cual se privan de la posibilidad de comprender el verdadero proceso de formación del partido proletario en Rusia, que se fue creando en una lucha de largos años contra las distintas variedades del oportunismo”. También Trotsky otro importante dirigente bolchevique concluye : “Lealtad al programa revolucionario, hostilidad irreconciliable con la burguesía, ruptura decisiva con los social patriotas, profunda confianza en la fuerza revolucionaria de las masas: éstas son las principales lecciones de Octubre”, en este sentido un cambio reformista o no reformista en el régimen político, se puede distinguir, porque en el cambio reformista el poder queda en manos de la clase dominante y los cambios no reformistas se basan en que el poder queda en las manos de los explotados y oprimidos, todo paso táctico de lucha por reformas o demandas democráticas tiene que estar subordinada a la lucha por la revolución.

Las revoluciones y el marxismo han sido dirigidas por los intereses históricos del movimiento obrero para lo que es necesario la independencia política del movimiento. Pero en 1929 la III Internacional bajo la dirección de Stalin levanta la política de los Frente Populares que consistían en la alianza del proletariado con sectores de la burguesía para enfrentar al fascismo, pero esta política no significó más que profundas derrotas para el movimiento revolucionario como en la revolución española de 1936, para Trotsky el frente popular “significa en el fondo la nostalgia impotente de una coalición con una burguesía liberal inexistente” además que “la política conciliadora de los “Frentes Populares” conduce a la clase obrera a la impotencia y abre el camino al fascismo. Los “Frentes Populares” por una parte, el fascismo por otra, son los últimos recursos del imperialismo en la lucha contra la revolución proletaria”, y así lo demostró España y Francia.

En Chile esta política tuvo los mismo resultados como lo demostró la Alianza Democrática que llevo a Gonzales Videla al poder y que termino con la aplicación de la “Ley Maldita” o la misma experiencia de la Unidad Popular donde se subordino al movimiento obrero para buscar acuerdos con la Democracia Cristiana como lo fueron las garantías constitucionales, el permiso para que las fuerzas armadas allanaran fábricas y sindicatos en busca de armas, frenar los procesos de expropiación que se estaban llevando adelante, atacar a los Cordones Industriales, formar  los gabinetes cívico-militares y una serie de políticas que desarmaron y desorientaron al movimiento obrero y prepararon el camino para el golpe militar orquestado por la derecha y el imperialismo.

Y esto no es por “traición y los intereses mezquinos”, es porque son clases antagónicas con interés irreconciliables.

¿Y si triunfa Bachelet?

Un eventual triunfo de la Concertación no significaría ninguna victoria los sectores explotados y oprimidos o un “paso táctico” como quiere hacer pasar el PC. Por más que recoja partes del programa del ex candidato del Juntos Podemos Mas, está frente a nosotros una representante de quienes profundizaron las privatizaciones de los recursos naturales en los 90´, de quienes aplicaron la Ley Antiterrorista a comuneros mapuches, de quienes luego de la movilización del 2006 aprobó la ley de responsabilidad penal juvenil, que aprobó la LGE, que asesino al obrero forestal Rodrigo Cisternas, a los compañeros Matias Catrileo y Alex Lemun.

Pero tampoco es el salvavidas del régimen, el proceso de crisis y las posibilidades que se agrave son más profundas, que las reformas solo podrán enfriar pero no apagar. No podemos lavarle la cara a los políticos de los empresarios.

El nuevo ciclo y la lucha estratégica

En este contexto de crisis del régimen pinochetista y un nuevo ascenso en la lucha de clases, se actualiza el debate de que estrategia y tácticas necesitamos para vencer. Mientras el PC quiere llevar las movilizaciones hacia el callejón del frente popular dándole oxígeno a la Concertación y al régimen pinochetista, con su estrategia de colaboración de clases. Hay quienes sostenemos que la única forma de acabar íntegramente con este régimen es mediante la total independencia política del movimiento obrero en alianza con los pobladores y estudiantes, basado en sus propios organismos y movilización. La derecha y la Concertación, junto al PC, defienden cada uno a su modo la herencia pinochetista. Tenemos que prepararnos para terminar con  toda esta herencia de la dictadura. En este camino, llamamos a no votar o anular por un candidato de la clase trabajadora. Pero pasadas las elecciones, la lucha sigue.

La resolución  efectiva de las demandas democráticas sólo podrá venir de la lucha por una República de Trabajadores basada en sus organismos de democracia directa, que conquistaremos con una revolución obrera y socialista. En este camino, hoy, debemos luchar por una Asamblea Constituyente Libre y Soberana basada en la movilización en las calles.