¿Pase Escolar o Pase al infierno?

Un verdadero calvario es el que sufren estudiantes que a diario circulan en la locomoción colectiva, debido a que algunos conductores se niegan a respetar el pase escolar. Así le sucedió a la protagonista de esta historia.

El reloj marcaba las 2.30 de la tarde, y mi pololo y yo figurábamos esperando una micro, frente al edificio en el cual vivo de manera temporal, mientras curso mis estudios universitarios. Él portaba una maleta, pues tras almorzar se dirigiría hacia el bus que lo llevaría de vuelta a Calama; yo sólo contaba con mi cartera, como mi única pertenencia.

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 Al divisar una micro del recorrido 112, nos dispusimos a hacerla detener, con algo de temor, pues como es habitual en ese recorrido, existen una serie de choferes algo reticentes a recibir el valor de un boleto estudiantil.

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 Como era de esperar, el conductor de la máquina nos increpó. Al subir, Sebastián se adelantó y apresuró con su maleta hasta llegar al fondo de la micro, mientras yo cancelaba nuestros pasajes, con la TNE en mano. Cuando me disponía a hacer entrega del dinero, el señor me hace la famosa pregunta “¿Hacia dónde va?” a la cual rápidamente respondo “no tengo porqué entregarle esa información”, extiendo mi mano para que reciba mis monedas, él las toma y yo rápidamente me dirijo al encuentro de mi pareja. Es en ese andar, en que el piloto grita a viva voz ante el resto los pasajeros, que tenemos que descender del bus, porque no nos llevará.

 Por supuesto nosotros no accedimos ante tal amedrentamiento, pues sabíamos que se estaba incurriendo en una falta grave al decreto que nos permite circular libremente durante todo el año, en cualquier horario y por sobre todo en cualquier dirección. Conminamos al caballero a que llamara a carabineros, para así poder aclarar la situación, él decidió hacer caso omiso de lo dicho, y procedió a pagar el motor y a ofrecer devolver el dinero a aquellos pasajero que circulaban en el recorrido, pues el abandonaría su jornada de trabajo. Quienes se vieron aludidas por lo dicho, dos mujeres más que estaban sentadas, se negaron a recibir sus dineros de vuelta, pues encararon al conductor y le exigieron continuar, pues ellas también coincidían con que a todas luces, lo que allí estaba ocurriendo no era para nada legal.

 Finalmente y tras esperar un par de minutos la llegada de carabineros, a quienes yo mismas terminé llamando, la micro comenzó a andar nuevamente, y tras unos kilómetros de recorrido, nos dimos cuenta que sólo restaba bajarnos en cualquier lugar, pues esta no continuaría su recorrido habitual. Me acerqué hasta el hombre, y le pedí que por favor me devolviera mi dinero, y que me dejara bajar en la cuadra siguiente.

 Lamentablemente no es primera vez que me ocurre algún altercado de esta índole, pues cada vez que voy a tomar la micro en otra dirección que no sea hacia la universidad, ruego por que algún chofer no me insulte gratuitamente o como en este caso, me haga bajar de la micro. Y para qué hablar de aquellos recorridos que simplemente ni siquiera se detienen, cuando divisan la tarjeta en la mano.

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¿Será que debemos encomendarnos, cada vez que decidimos usar el transporte público?