“Pasajeros: Perdidos en el espacio”: Una historia fallida que pudo ser un estupendo estudio del comportamiento humano

Una historia fallida que pudo ser un estupendo estudio del comportamiento humano perdido en los confines del espacio pero que, Hollywood de por medio, termina siendo solamente una receta para destacar la química de sus protagonistas y la majestuosidad de su puesta en escena. Y nada más.

estrenos-semana-trailer-passengers-2016-1482956401009Este filme dirigido por Morten Tyldum (responsable antes de ‘El código enigma’) es una pieza cinematográfica cuya historia parte fascinante, pero se torna monótona y bastante fría, a pesar de sus notables efectos especiales que destaca por su brillante ambientación que asume lo mejor de películas clásicas como ‘2001, odisea del espacio’ y algo de ‘Alien, el octavo pasajero’ en su concepción de la nave como un protagonista más.

‘Pasajeros’ es película de fórmula, cierto, pero tiene el encanto de sus protagonistas –la ya famosa Jeniffer Lawrence y el magnético Chris Pratt- y sabe sacar partido del prodigioso trabajo fotográfico del mexicano Rodrigo Prieto, que imagina la vastedad del universo de manera notable.

Pero como se trata de un filme hecho a la medida de la receta hollywoodense, debe cumplir con algunos requisitos previos que le restan calidad a la propuesta, donde lo que más molesta es la concesión en el segmento final a la típica fórmula que debilita el conjunto de una historia que de verdad tenía aliento poético y que podría haberse transformado en una destacada radiografía del comportamiento humano en situaciones extremas.

A pesar de todo, ‘Pasajeros’, sabe sacar provecho en sus 116 minutos y se convierte en un claro ejemplo de cómo Hollywood elabora productos sabiendo de antemano cómo opera la conducta del público.

El filme está inspirado en un guión de Jon Spaiths (Dr. Strange, Prometeo), y el realizador noruego se las arregla para volver a lo grande al cine estadounidense, con un modelo perfecto para acaparar la atención del público consumidor de cine comercial con una película de ciencia ficción.

Estamos en una época indeterminada del futuro y una nave majestuosa viaja por el espacio. En ella van más de cinco mil pasajeros con destino a un planeta paradisíaco que desean poblarlo. Durante ese viaje, una falla inexplicable despierta a Jim Preston (Chris Pratt) quien es uno de esos pasajeros que deben permanecer en estado de hibernación al menos 120 años. El drama es que él lleva solo treinta años del trayecto y eso significa que, de no encontrar una solución, está condenado a morir antes de alcanzar su destino, debiendo vivir el resto de su existencia en una nave llena de comodidades pero en la más completa soledad.

Hasta aquí llega el interesante planteamiento inicial, con cuestionamientos tan interesantes como si debe permanecer solitario en la nave o si debe responder a sus naturales deseos de compañía, despertando a la bella durmiente que ha conmovido su corazón para que lo acompañe en los casi 90 años que restan de viaje.

Para nadie es un misterio qué decisión toma el protagonista. El problema es que a partir de ese instante el filme decae en interés, sobre todo porque se aleja del tono solemne y poético con que se inicia para convertirse en un drama romántico harto predecible, ambientado en una nave que es un alarde de tecnología.

En pocas palabras, el interés inicial deviene en una banal historia donde todo lo que sucede es lo esperable, a pesar de los excelentes efectos especiales y la muy interesante ambientación en que se mueven los personajes.

Lástima porque el filme tenía una historia llena de potencia y de posibilidades, pero el director y su guionista dejan de lado las preguntas esenciales  y escogen el peor camino, la salida típica y nunca logran transmitir el inquietante conflicto que pudo –pero no fue- material de gran valor para imaginar qué sucedería si nos despertamos varados en medio de la inmensidad cósmica.

Por ahí el director Tyldum  se las arregla para poner en pantalla a Michael Sheen y a Laurence Fishburne, pero ello no logra levantar a la película que solamente destaca en su brillante trabajo de efectos visuales y la notable fotografía del mexicano Rodrigo Prieto, que solo aumentan la deficiencia de un guión flojo y una dirección estándar.

De este modo ‘Pasajeros’ es una película entretenida, pero fallida. Pudo ser una reflexión más que noble acerca del comportamiento humano, aunque solamente se quedó en la superficie. El espectador crítica deberá soportar así un tedioso viaje por el espacio que de verdad daba para un itinerario majestuoso pero que, gracias a Hollywood, solo termina siendo un lujoso tour espacial y nada más.