Memorias de Chacabuco: La transición de Oficina Salitrera a campo de concentración

En noviembre de 1973, el sector se convirtió en un campo de concentración para los presos políticos que desobedecían la dictadura de Pinochet. Paradójicamente, años antes, el 26 de julio de 1971, Allende declaró Monumento Nacional a la Oficina Salitrera, lugar exacto donde se instaló el campo.

Créditos: Todoantofagasta.cl

Las memorias que traspasan a las tierras de Chacabuco van más allá de las historias sobre un pueblo salitrero. En ellas se reúne todo lo sucedido después del Golpe de estado, donde luego de albergar a los mineros que salían de sus trabajos, pasó a ser un campo de concentración que aprisionaba a quienes desafiaban la autoridad de Augusto Pinochet.

La historia de Chacabuco comienza en 1924, en el se alojaban los trabajadores del salitre, de la compañía Sociedad Química y Minera de Chile (SOQUIMICH), cuando después de largas jornadas de arduo trabajo llegaban ahí para descansar. Para ellos, fueron construidas casas, iglesias, lugares de entretención, como cines o bares. Hoy, a excepción del restaurado teatro, solo quedan los escombros que recuerdan, a sus visitantes, lo que un día fue este pueblo.

Iglesia tallada en Chacabuco – Caminantes del Desierto

En 1938, las infraestructuras y calles del pueblo fueron abandonadas por sus locatarios, de ahí en más, la zona, fue utilizada como un lugar donde los militares hacían sus practicas del ejército. Tiempo después su destino cambió y se convirtió en uno de los campos de concentración más grande en la historia del país. Lamentablemente, este hecho lo caracterizó como un lugar de sufrimiento.

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El 11 de septiembre de 1973, las fuerzas armadas, por ordenes directas del dictador Augusto Pinochet, llegaron a La Moneda, donde se hallaba el presidente socialista Salvador Allende, los 16 soldados que lo acompañaban no pudieron evitar los sucesos que se aproximaban. De un momento a otro, el lugar fue bombardeado y así se inició la dictadura militar, la cual perduró por 17 años.

Este hecho es de suma importancia para Chacabuco, pues después de este suceso, en noviembre de 1973, el pueblo se convirtió en un campo de concentración para los presos políticos que desobedecían la dictadura de Pinochet. Paradójicamente, años antes, el 26 de julio de 1971, Allende declaró Monumento Nacional a la Oficina Salitrera, lugar exacto donde se instaló el campo.

Teatro restaurado – Portal del Patrimonio

El sector habilitado para los prisioneros políticos funcionó durante dos años aproximadamente y estuvo destinado solo para albergar a hombres, principalmente del norte de Chile, sin embargo, también llegaban algunos desde Valparaíso, Santiago y Concepción.

Algunas de las características que tenían estas instalaciones, aún perduran en el lugar, de hecho, los alambres de púa, que rodeaban el sector, aún se encuentran enterradas.

De acuerdo con los registros administrativos de la Corporación Memoria Chacabuco, en un comienzo llegaron, desde el estadio nacional, 450 prisioneros políticos, después aumentaron, hasta llegar a la cifra de 1.284 personas prisioneras en el campo. Según los testimonios, de todas estas víctimas, el lugar era sobrevolado por aviones de la Fuerza Aérea.

Muchos testimonios, y denuncias en la Comisión Valech, coinciden en que los torturaban con más frecuencia de lo que se podría imaginar, incluso antes de llegar al campamento, cuando eran trasladados desde las distintas divisiones militares en las regiones del norte, los golpeaban duramente, eran amenazados y maltratados con contundentes objetos y esto continuaba durante todo el tiempo en el que se encontraban en el lugar.

Algunos de los casos recopilados por Memoria Viva, testifican que “en el campo de concentración de Chacabuco, a cargo del ejército, fuimos nuevamente victimas de trato inhumano, degradante y humillante, además de constantes amenazas y amedrentamiento psicológico y físico”, “en Chacabuco fui obligado a recoger los excrementos con las manos, además fui golpeado en las plantas de los pies descalzos con un palo solamente porque mi nombre es Augusto”.

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Estas son algunas de las experiencias que tuvieron aquellas personas que vivieron en ese campamento. Dicho esto, muchos autores, historiadores e incluso algunos directores han utilizado estos testimonios para reflejar la cruda realidad que atormentó a Chile durante 17 años.

En la actualidad, el sector es protegido por una fundación, la cual permite que todas las personas que quieran visitar la zona y viajar al pasado, lo puedan hacer libremente, sin embargo, quienes quieran recorrerlo mediante guías, pueden realizarlo a través de los tours que ofrecen algunas agencias, donde cuyos precios varían entre 20.000 a 40.000 pesos, dependiendo de la cantidad de personas en el grupo.