El Cantar de Violeta emocionó a los antofagastinos

Pablo Guerra Castro

Fue una noche conmovedora, de esas que se recuerdan por la entrega y carga emocional que los artistas dejan en el escenario. Y es que “El Cantar de Violeta” tuvo un misticismo único, una conjugación de emociones que el público pudo capitalizar a través del aplauso a estas tres cantantes junto con el conjunto de cuerdas “Ckoik Tur” que se tomaron el escenario del Teatro Municipal.

Un montaje simple y lleno de colores, a través de un bombo, guitarras, clarinetes, violines y las tres voces de Magdalena Matthey, Elizabeth Morris y la notable interpretación de Francisca Gavilán, donde su parecido físico y vocal con Violeta resultó ser la unión perfecta de una noche inolvidable, enmarcada en el ciclo “Al Teatro con Gabriela”.

Canciones como “Qué he sacado con quererte”, “La Barca de Amores”, “Arriba quemando el sol”, “Corazón maldito”, “La jardinera”, “Que pena siente el alma”, “Casamiento de negros”, “Gracias a la vida” y “Volver a los 17”, entre otros, construyeron un trabajo musical que el público pudo disfrutar de principio a fin.

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Además cada canción iba acompañada con poesía de Pablo Neruda y Nicanor Parra, que daba una especie de introducción a cada tema con un telón de fondo lleno de imágenes de la cantautora y de la película “Violeta se fue a los cielos”, facilitadas especialmente por el director Andrés Wood.

Fueron 19 canciones, donde las tres voces se fueron combinando en cada canción de Violeta cuidadosamente elegida para formar un hilo conductor que era conectado con los relatos de Francisca Gavilán.

Luego del concierto, la Corporación Cultural de Antofagasta, a través de su política de expansión y vinculación de las artes, les hizo entrega de ejemplares de una recopilación inédita de Mario Bahamonde denominada “Camanchaca con espuma”, como parte de la conexión con esta tierra nortina.

Para Carla Corrales, Secretaria General Ejecutiva de la Corporación Cultural, fue una instancia especial la vivida en el Teatro Municipal, “ya que no se trató de un simple homenaje, se conectaron diversos artes como la poesía, música, canto y fotografía, entre otros que hicieron conectar al público con el mundo de Violeta, una de las mujeres más importantes en la historia de Chile”.